Real Zaragoza: lo que mal empieza, puede acabar bien

Ser aficionado del Real Zaragoza en estos último años, hace tiempo que son demasiados, se ha convertido en una especie de deporte de riesgo o profesión donde te pagan un suculento extra por peligrosidad. Pero hoy me centraré sólo en el último año. Como cada verano, la directiva maña pasa sus horas lejos de playas paradisíacas y se centra en la nueva composición de la plantilla. Y es que el once del conjunto blanquillo cambia de año en año lo suficiente como para que lo fieles seguidores no conozcan el once de carrerilla.

Primeros meses

Julio vino con un Popovic más confiado en si mismo y en sus posibilidades. Incluso se trajo al exótico Aria, mitad iraní mitad japonés. Desde el inicio el club fomentó la idea del ascenso, más que por un pensamiento racional, por ilusión. La que da el nombre del club y su historia. Pero el aficionado de la Romareda ya esta curtida en mil batallas, y no se creyó mucho aquello de la lucha por el ascenso. Y así fue, que las jornadas pasaban y el juego y los resultados eran de un equipo que como mucho optaría a play off. Ya en Octubre, mientras la ciudad celebraba las fiestas de su patrona, el público empezó a murmurar en contra de Popovic. El serbio no se comió los turrones, y antes de final de año la junta contrataba a Carreras y Narciso Julia. Este último como director técnico.

La llegada de un nuevo técnico

Carreras no logró mejorar los resultados ni el juego de Popovic, creo que incluso la media era peor. Lo que dio, por un tiempo, razón a los defensores del serbio. Yo mismo, en unas de las crónicas predije un corto paso del catalán en la capital del Ebro. Me equivoqué, y me alegro. La llegada de nuevos refuerzos han dado una nueva cara a este equipo. Quizá no se juegue un fútbol vistoso, pero se ha convertido en un rival difícil de batir. Más oficio, más intensidad y más actitud. Suficientes para una segunda división larga y complicada. Nadie sube a primera jugando como el Bayern. Se sube sufriendo, luchando y compitiendo, y un poco de talento también hace falta.

El real Zaragoza afronta el último tercio de la competición con moral. Creyendo que el ascenso no es una quimera. Además el resto de rivales parecen flaquear, y ya se sabe que las últimas diez jornadas muchas veces marcan el objetivo final. Hay que añadir que la comunión con la afición es fuerte. El seguidor blanquillo también cree en el ascenso. Confía en el equipo y está a su lado. Quizá los únicos aspectos negativos, o mejorables, serían los desplazamientos y el ataque. El equipo de Carreras no está ni entre los diez mejores de la competición a domicilio ni en goles a favor. Le salva ser el tercer mejor equipo en la faceta defensiva. Yo, que suelo ser realista, pesimista dicen algunos, me he reconvertido en optimista para este final de viaje. Y en algunos momento me sorprendo a mi mismo coqueteando con el ascenso directo, que ahora sólo está a cuatro puntos.

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