Bolsillos llenos en corazones vacíos

Foto vía Twitter

Era sábado, y como cada día al despertarme, abrí la prensa, más que nada, por curiosidad, por estar al tanto, por enterarme un poco de los diferentes sucesos a nivel nacional e internacional… Que quieras o no, te acaban tocando, más cerca, más lejos… Alguna relación siempre hay.

Me disponía a girar el diario, ya que desde hace ya bastante tiempo, una vieja y rara costumbre, más bien manía, me invade: empiezo mi lectura por la contra. Sí, esa silenciosa y olvidada página que tantas verdades esconde (a veces, claro).

Sin embargo, esta vez noté que sería distinto, que no era un día más. Algo frenaba el avance y solicitaba mi atención. Yo, obedeciendo, contemplé la llamada. Y ¡vaya llamada! Una fotografía desoladora, de esas que te quitan el sueño y te hacen replantearte si estás haciendo algo bueno por la humanidad o realmente solo estás de paso por el mundo. Las lágrimas de una pobre anciana inundaban el arranque, no me dejaban continuar. Una vallecana de 85 años había perdido su casa. Sí, ¡a los 85 años se quedaba en la calle!

Incrédula por tal acontecimiento, me dispuse a leer la noticia completa, que poblaba las siguientes páginas. En ellas se narraba el suceso, las causas del desahucio, el día del desalojo, las reacciones de algunos vecinos… Sin saber muy bien qué decir o hacer, me dirigí a clase, sin más, como cada día.

De camino a la universidad no pude evitar sacar el móvil e indagar más sobre el tema. Abrí el tan de moda Twitter y ahí estaba. Miles de publicaciones se hacían eco del suceso, diversas fotos de la pobre señora ponían los corazones en un puño. Pude comprobar que aquel malestar no me invadía solo a mí, que a esa hora eran ya miles las personas que criticaban el caso.

Mientras me replanteaba muchas cosas, un rayo de esperanza me asaltó. Un periodista, de esos que dignifican la profesión, alertaba de una posible ayuda por parte de Paco Jémez. Yo, enamorada del fútbol del canario por su pasado deportivista y su buen hacer en el equipo madrileño, no era consciente de que su mejor acto aún estaba por llegar. Supuse que aquella publicación sería una broma fea o una invención en las redes sociales de esas que tantos disgustos dan…

Pero es que, al mismo tiempo, me parecía imposible que alguien pudiese inventar tal noticia. Con el reclamo de otras obligaciones, preferí dejar el tema por un rato y volver a mirar a lo largo del día. Y así fue, escasas horas más tarde e intentando saber algo nuevo del suceso, me encontré ya con la confirmación oficial por parte de aquel loco bajito de corazón tan grande. Era verdad, Paco la volvía a liar, y de qué manera…

Con su sonrisa habitual y su ‘cariña’ de bueno anunciaba en nombre de su club y sus jugadores que Carmen no estaba sola, que le iban a ayudar. Y no solo eso, sino que afirmaba que él mismo se encargaría de buscarle un hogar en condiciones, “no cualquier cuchitril”.

En un acto de grandeza que lo elevaba al más alto de los niveles de bondad, el técnico de la franja, ataviado aún con la ropa del entreno, volvía a demostrar que ni vestir traje implica tener clase ni andar en chándal significaba ausencia de ello.

Ahora, con el paso de las semanas, llegarán los premios y las insignias (merecidas), pero no hay mayor reconocimiento que ver la felicidad de Carmen y los aplausos de todo un país, independientemente de colores, ideologías o pensamientos.

Una vez más Vallecas lo volvió a hacer, y ya van…

Rocío Candal

Juntando letras sin que suenen mal. Gallega, coruñesa y amante (sin remedio) del fútbol. ¿Para qué más?

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