Un proyecto que nunca existió y vuelta a empezar

Por segundo año consecutivo, el Real Oviedo ha fracasado en su objetivo de alcanzar, al menos, el playoff de ascenso a Primera División. El pasado sábado en Elche, a pesar de la victoria, se oficializó un nuevo batacazo para el conjunto azul que, por increíble que parezca y pese al precedente de la temporada anterior, ha vuelto a repetir los errores del pasado, dejándose ir en el tramo decisivo de la temporada cuando en el mes de abril parecía que tenía encarrilado el objetivo. La confirmación de que Fernando Hierro no seguirá en el banquillo azul deja a las claras la temporada perdida para un Real Oviedo que, de nuevo, empezará de cero después de la marcha del eje del ‘proyecto’.

La única diferencia respecto a la temporada pasada es que no medió un cambio de entrenador meses antes del final de la competición. Fernando Hierro ha sido el capitán de un ‘proyecto’ desde el principio de la temporada, y entrecomillo la palabra proyecto porque lo único que tiene la etapa de Hierro de ‘proyecto’ es la denominación enunciada por Joaquín del Olmo a la hora de anticipar la llegada de un técnico de “primer nivel”, que sería el encargado de imponer “mano dura” sobre un vestuario al que se responsabilizó del fracaso de la temporada anterior. “Nos han fallado”, señaló el asesor deportivo del Real Oviedo en alusión a la plantilla en una rueda de prensa apagafuegos tras la goleada ante el Osasuna en el Tartiere que echaba el cierre definitivo a la temporada 2015/2016. Un año después, varios de esos jugadores a los que señaló Del Olmo tienen contrato en vigor para la próxima campaña, a pesar de un nuevo tropiezo, y la persona que llegó para poner orden en el vestuario -sin éxito- abandona el club.

Hace prácticamente un año, la rueda de prensa de Del Olmo no podía causar otra cosa en la afición azul que expectación e ilusión. La realidad que llegó después fue bien distinta. Tras aparecer varios nombres en prensa de entrenadores contrastados con experiencia dilatada en Primera División, el Real Oviedo anunció la contratación como eje del “proyecto” de Fernando Hierro. Nadie duda de la trayectoria deportiva de Fernando Hierro como jugador, pero la del Real Oviedo iba a ser la primera experiencia del malagueño como primer entrenador, tras compartir, eso sí, banquillo con Carlo Ancelotti en el Real Madrid. En todo caso, no se puede calificar como entrenador de “primer nivel” a un exjugador -por mucho prestigio que tuviera- en su primera experiencia al frente de un banquillo. Queda la duda de si cuando Del Olmo anunciaba el perfil del nuevo entrenador, Fernando Hierro estaba en la terna de deseados, o si la posibilidad de su llegada apareció después, buscando un efecto más mediático. Al fin y al cabo la última decisión siempre se toma desde México.

El propio Hierro en una entrevista al diario Marca concedida al inicio de la temporada señaló que el Real Oviedo iba a ser “su universidad”. Dejando a las claras que venía a aprender, algo lógico en una primera experiencia en un banquillo que, finalmente, ha terminado siendo más bien un año de Séneca que una carrera.

En todo caso, el club ya tenía entrenador y quedaba por saber con qué mimbres iba a contar el técnico andaluz que, todo hay que decirlo, se rodeó de colaboradores con buen currículum, lo que sirvió para atenuar las dudas sobre la experiencia de un cuerpo técnico que tenía como principal reto lidiar con un vestuario señalado por la afición y, también, por el máximo responsable de la dirección deportiva, Joaquín del Olmo.

La planificación deportiva había estado trabajándose desde antes de finalizar la temporada por el propio Joaquín del Olmo y César Villar, que de forma interina se encargaron de las altas y las bajas tras la destitución antes de finalizar la temporada de Carmelo del Pozo, señalado como responsable del mal ambiente que se vivió en el vestuario y que acabó incorporándose al recién ascendido Levante como secretario técnico.

Antes de anunciar las bajas, el club hizo oficial la llegada de Martín González como nuevo secretario técnico. El objetivo, perfilar una nueva estructura organizativa en la parcela deportiva. Aunque, lógicamente, su trabajo comenzaría dar frutos más adelante, ya que sus antecesores ya tenían decisiones avanzadas.

El club anunció el 30 de junio junto a los jugadores que acababan contrato, el final de la vinculación con Diego Cervero y Esteban, aunque este último finalmente acabaría renovando, siendo el único jugador de los que acababan contrato al que se le ofreció la renovación, por un año. Hasta doce jugadores de la temporada anterior iban a continuar, todos ellos menos Diegui Johannesson, Fernández, Héctor –que subió del filial- y Edu Bedia –que se iría en el mercado invernal- superan los 30 años de edad, siendo, además, gran parte de la columna vertebral del equipo (Esteban, Verdés, David Fernández, Peña –que también se iría en invierno- Susaeta, Erice, Linares y Toché).

En la primera semana de julio llegaron los primeros fichajes. Christian, Juan Carlos y Jonathan Pereira y Rocha, fueron los primeros en llegar, todos ellos rondan o superan los 30 años. Más tarde llegaron Ortiz y Varela, que rejuvenecieron algo la plantilla. Ambos llegaron libres y firmaron por dos años. Para completar la plantilla, además de Michu, llegaron cedidos; Lucas Torró, Nando y Martín Alaniz.

El “proyecto” anunciado por Joaquín del Olmo se compone -hasta el mercado invernal- de 14 jugadores que superan o superarán los 30 años a lo largo del curso y tres jugadores cedidos, de un total de 24 integrantes en el equipo. En invierno, Martín González, tomando ya las riendas de la planificación deportiva, abre la puerta a Edu Bedia, Alaniz y Peña  y rejuvenece la plantilla con la llegada, además de Saúl Berjón (31 años), de Borja Domínguez (25 años), David Costas (22 años) y Carlitos (25 años). Los tres últimos, cedidos. En el balance final, 14 jugadores que superan los 30 años de edad y 6 cedidos de los 25 integrantes de una plantilla con la que, finalmente, el Real Oviedo volvió a ser incapaz de alcanzar el objetivo, dilapidando una ventaja de 6 puntos sobre el séptimo con una racha, en el momento más importante de la temporada, de siete partidos sin ganar.

Tras pasar la página de la temporada ya finalizada, desde el 30 de junio son también 14 los jugadores que tienen contrato en vigor (Juan Carlos, Alfonso Herrero, Diegui Johannesson, Fernández, Christian, Varela, Erice, Rocha, Saúl Berjón, Susaeta, Ortíz, Michu, Linares y Toché). Aunque el club tiene intención de rescindir varios de ellos, con la consiguiente indemnización que afectará al tope salarial.

Cabe preguntarse: ¿qué inicio de proyecto puede suponer una planificación deportiva en la que se encomienda a un entrenador sin experiencia capitanear una plantilla veterana que es completada con jugadores cedidos por otros equipos a los que volverán al acabar la temporada? Para más inri, una plantilla larga, en la que se quedan sin convocar cada semana siete jugadores y que cierra el paso a cualquier incorporación procedente del filial.

La confirmación de la salida de Fernando Hierro deja a las claras un planteamiento erróneo de base para una temporada que tenía que ser la de la redención del fracaso anterior. El técnico malagueño, que al llegar a Oviedo destacó la “ilusión” que le hacía el proyecto en el que se embarcaba, afirmaba la semana pasada -en su ocaso como entrenador azul- que el Oviedo “necesita un proyecto, saber a dónde quiere ir y cómo lo quiere conseguir”. Además de manifestar que en el club azul había tenido que realizar labores que no le correspondían, también se mostró sorprendido por el tráfico de información entre el vestuario y el entorno del club. Acrecentando la sensación de que desconocía realmente el nivel de exigencia que se iba a encontrar en Oviedo, pese a que siempre aseguró estar preparado para el reto que tenía entre manos. Quizá, aunque estaba puesto al corriente, nunca se llegó a imaginar la dimensión de un club que durante los últimos 14 años ha forjado un ambiente muy favorable cuando las cosas van bien, pero muy complicado de capear cuando no vienen bien dadas.

Hierro ya es historia en el Real Oviedo. Es posible que su paso por el club deje una impronta mayor a nivel organizativo que su mera aportación como entrenador del primer equipo que, al fin y al cabo, es lo que se ha podido ver de puertas para fuera. Su otra labor, esa que va más allá del banquillo, quizá no ha sido comunicada correctamente por el club. Poco o nada se sabe de qué ha cambiado en el Real Oviedo tras el paso del técnico malagueño por El Requexón, aunque el propio Hierro afirmó en su despedida que él y su cuerpo técnico dejan “una estructura más profesional”.

De sus errores también deberán aprender, esta vez sí, los encargados de la planificación deportiva, que esta vez contarán con un secretario técnico, Martín González, desde el principio. Su trabajo en el mercado invernal le avala, con la incorporación de varios jugadores que, en general, dieron buen rendimiento.

Varios son los retos que se les presentan. En primer lugar, la búsqueda de un entrenador contrastado en la categoría, de esos que ya van quedando pocos sin ser dueños de un banquillo.

En segundo lugar, afrontar una renovación de una plantilla en la que la mayoría de sus jugadores están ya amortizados, pero que forman parte de la historia del club y que, además, muchos de ellos tienen contrato en vigor. Está claro que la base de dos años de fracaso en la categoría no se puede volver a mantener, más teniendo en cuenta que el “asunto Erice” ha terminado por hacer estallar como una bomba la relación entre la grada y sus capitanes, señalados como responsables de haber sido partícipes en la salida del club de Sergio Egea el año pasado y de volver a ser incapaces de mantener al vestuario unido por segundo año consecutivo. Puede que no todos sobren, ni sea posible darle salida a todos ellos. Pero el bloque se debe romper, para evitar un tercer disgusto.

En tercer lugar, y no por eso menos importante, los responsables de la planificación deportiva deberán cumplir su promesa de mirar hacia abajo, hacia las categorías inferiores, tan importantes y necesarias para consolidar un proyecto a largo plazo. El Requexón debe nutrir al primer equipo, algo que no ha sucedido en los últimos años. La fórmula de una plantilla larga, en la que muchos de sus jugadores permanecen casi inéditos a lo largo de la temporada, se tiene que acabar, en favor de una mayor participación de jugadores del filial. Que, por otro lado, también se debe reforzar como es debido para jugar, al menos, el playoff en una Tercera División que ya ha demostrado que no es de las más competitivas de los últimos años.

El éxito en Segunda División no es fácil de asegurar, la línea entre el triunfo y el fracaso es directamente proporcional a la distancia en puntos que hay cada año entre la zona de ascenso y la de descenso. Cada año que pase será más exigente, con el descenso de equipos que bajan de Primera División con presupuestos cada vez más altos gracias reparto de los derechos televisivos. El Oviedo debe aprovechar su momento porque, a pesar de los errores que se hayan podido cometer, la línea de prosperidad que garantiza el grupo Carso genera las condiciones óptimas para alcanzar el objetivo. Cada año no debe ser un borrón y cuenta nueva, sino la construcción de un edificio sólido planta a planta. La suma de Carso y la afición azul proporcionan los cimientos necesarios para lograrlo, no importa tanto cuándo se va a culminar la construcción -quien espera 14 años puede esperar alguno más- como que el inicio de la obra no se demore por más tiempo.

También te podría gustar...