Los 2000, o el renacer del ‘EuroOsasuna’

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El equipo se consolidó con rapidez en Primera. El buen hacer de Lotina (primero) y Javier Aguirre en el banquillo asentaron al equipo y ya en la temporada 2003/2004 los rojillos lucharon por un puesto con billete para Europa hasta la última jornada.

Ésta etapa el dominio del duopolio no era tal, sino que Valencia y Deportivo también se repartieron algunos títulos. Además, la Real Sociedad, el Betis, o el Celta completaban grandes temporadas para colarse en puestos Champions e incluso llegar a disputar casi hasta el final la Liga. Por lo tanto, estábamos en los últimos estertores de un campeonato español a la antigua.

Dentro de estos equipos revelación se coló Osasuna, un equipo basado en la garra y en la calidad técnica de Lotina, Aguirre y Ziganda, con el notable talento que surgía en estos momentos de Tajonar.

La final de Copa

El primer hito rojillo en el siglo XXI fue la llegada a la final de copa en la temporada 2004/2005, en la que se enfrentaron al Betis. Una ocasión que ningún navarro quiso perderse y fueron 20.000 los aficionados que se desplazaron a Madrid (sede de la final) para alentar a su equipo.

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Unos aficionados que se quedaron con la miel en los labios, ya que tras un resultado final de 1-1 (Oliveira y Aloisi), Dani metiera el 2-1 definitivo para los verdiblancos, truncando el sueño de los rojillos.

La UEFA como premio

Sin embargo, pese a perder la final y como el Betis se clasificó 4o en la Liga, Osasuna tuvo derecho a disputar la UEFA. Un premio que permitió al club invertir de forma en una plantilla que ya tenía mimbres para asaltar cualquier campo de Primera.

Este primer paso por competición europea, como sucedió en la década de los 80, fue efímero. En la ronda previa a la liguilla, Osasuna se enfrenta al Stade Rennais francés, perdiendo 3-1 allá y no pudiendo pasar del empate en casa.

Una eliminatoria que sirvió de aprendizaje y como acicate para equipo y aficionados. Y así, con la ambición de volver a disputar un encuentro en Europa, hacer una gran temporada.

Un liga casi perfecta

La temporada 2005/2006 viene marcada en un inicio por esa eliminación europea, pero el equipo no lo afecta en liga, donde marcha a velocidad de crucero.

Este se convirtió en el mejor año para los rojillos, en puestos de privilegio durante toda la temporada, con el subcampeonato de invierno y dificultando mucho al duopolio (cuando este no estaba tan favorecido).

Una gran temporada que tuvo su broche de oro con el partido en la última jornada ante el Valencia. Un encuentro en el que Osasuna necesitaba ganar para asegurarse la cuarta plaza, y el conjunto ché podía optar al subcampeonato. El partido fue tenso, pero en ese aspecto el conjunto rojillo dirigido por el “vasco” Aguirre se manejaba de maravilla. De este modo se adelantó con un gol de Milosevic a la vuelta del descanso, y que luego sentenció David López a los pocos minutos. El Sadar era una fiesta, y el postrero gol de Villa no arruinó la noche pamplonesa.

Osasuna quedaba cuarto en la Liga por segunda vez en su historia y por primera vez jugaría la fase previa de la Champions.

Decepción en Copa de Europa

El club se enfrentaba a un nuevo reto, la Copa de Europa. Un reto mayor para el que la afición confiaba plenamente en su equipo.  Llegó Ziganda al banquillo y Soldado, Juanfran y Nekounam, entre otros, al equipo, además de la incorporación desde la cantera de Monreal, Azpilicueta u Oier.

No obstante, estos cambios no dan sus frutos. El equipo cae eliminado en esta fase sin poder llegar a disputar la fase de grupos.

El rival fue el Hamburgo, un grande alemán. El empate en Alemania hacía soñar a los aficionados rojillos que el 22 de agosto se enfundaron la zamarra rojilla y engalanaron El Sadar (por entonces Reyno de Navarra). La ocasión lo merecía. Osasuna se adelantó rápido. Un gol de Cuellar de cabeza en un saque de esquina adelantó a los rojillos. Los minutos pasaron y no llegó la sentencia, y eso que los rojillos dispusieron de ocasiones de sobra. Con estas, y con las máximas del fútbol en su contra (quien perdona la paga, o el fútbol es un deporte de once contra once donde siempre ganan los alemanes), los pamploneses empezaban a ver claro su futuro. El gol de De Jong en el 74 hizo añicos el sueño navarro.

vía: osasuna.es

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Los jugadores siguieron corriendo y buscando sin fruto el gol del triunfo, y la grada siguió alentando. Pero no hubo suerte, Osasuna quedaba eliminado. Los rojillos tendrían que “conformarse” con disputar la UEFA.

Gloria en la UEFA

Los rojillos llegan de rebote a esta competición, pero a diferencia del año anterior entrar directamente en la fase de grupos. El sorteo les depara un grupo difícil: Parma, Heerenveen, Lens y Odense. Un grupo en el que ninguno es un claro dominador y donde Osasuna sabe sumar y navegar en aguas revueltas para clasificarse como segundo.

El Girondins de Bordeaux fue el rival en dieciseisavos de final. La mala situación en liga (sin llegar a ser preocupante), hizo que todas las esperanzas de la temporada se centraran en esta competición, por lo que con el empate a cero de la ida, el público estaba extramotivado para el encuentro en casa. Un partido que se jugó a no perder, conscientes de que un gol tiraba por tierra todo el trabajo. De ahí que el partido se fuera a la prórroga y todo apuntara a una tanda de penaltis agónica hasta que Nekounam marcó el gol de todos los navarros.  Un gol que volvía locos a todos los navarros y que les daba motivos para  seguir sufriendo por su equipo.

En octavos de final llegó el Glasgow Rangers, Osasuna volvía al Ibrox Stadium con sed de venganza por aquel estreno en competición europea. El gol de Raúl García fue contrarrestado por el de Hemdani en el 92, dejando con un sabor amargo a los rojillos. Este resultado fue refrendado en el Sadar con una victoria, gol de Webó, que sellaba el pase histórico a cuartos.

vía: navarradeportiva.com

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El cuadro emparejó a los rojillos con el Bayer Leverkusen, un rival temible. La ida en Alemania se antojaba como una escabechina, un escenario en el que sufrir para poder dejar algo de emoción para la vuelta. No fue así. Osasuna sorprendió a todos. Seguramente espoleado por no repetir una eliminación contra un equipo alemán, los rojillos salieron a comerse el verde. Un tempranero gol de Cuéllar alisó el camino para que en la segunda parte, y aprovechando el desgaste al que habían sometido al rival, los de pamplona sentenciaran la eliminatoria con los goles de David López y Webó. En el partido de vuelta los rojillos aseguraron el pase con una nueva victoria por 1-0 con el gol de Juanlu.

Osasuna se plantaba en una semifinal europea por primera vez en su historia, un territorio desconocido desde hacía varias fases, pero la solidez y efectividad que el equipo mostraba en esta competición le hacían temible ante sus rivales.

El Sevilla era el rival. Un Sevilla que buscaba volver a alzar el trofeo por segundo año consecutivo y que para ello tenía que eliminar a un inspirado equipo pamplonés.

El primer partido se cerró con ventaja rojilla. Un 1-0 en El Reyno de Navarra, gol de Soldado, daba aire a los del norte para visitar la capital hispalense. Pero el Sevilla era un equipo campeón y no se arredraba ante nada ni ante nadie. El Sánchez Pizjuán entraba en acción, y ya en la primera parte, los locales tenían igualada la eliminatoria con gol de Luis Fabiano. Para el segundo acto, los de Nervión se tenían guardada una carta bajo la manga, sólo regaron el campo donde atacaría su equipo, utilizando así las tretas que permitía el reglamento.

vía: diariodenavarra.es

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Osasuna, abajo en el marcador, no se rendía, lo intentaba una y otra vez, consciente de que un gol suyo obligaba al Sevilla a marcar tres, por eso del valor doble de los goles fuera en caso de empate. Sin embargo, y pese al ímpetu rojillo, los hispalenses marcaron el segundo, obra de Renato, y con mucho sufrimiento, llegaron a la final.

Los rojillos habían hecho historia pero no había sido suficiente para levantar un trofeo o llegar a una final europea. También consiguieron conquistar los corazones de muchos aficionados al fútbol, y pese a la discriminación que sufrieron en la retrasmisión en el partido de vuelta de la semifinal, desbordaron ríos de tinta con esa historia tan agradable de narrar como la del pequeño David venciendo al gran Golliat, aunque aquí, Osasuna después de vencer a varios gigantes por el camino, no pudo derrotar al dominador de la UEFA.

Caída a los infiernos

Con la eliminación en Sevilla y la finalización del equipo lejos de plaza europea el equipo fue bajando de nivel. Cada año se hacía más complicada la salvación, Tajonar ya no surtía de talentos al primer equipo y la deriva institucional iba haciéndose evidente.

Camacho, Mendilibar o Javi Gracia no fueron capaces de enderezar el destino del club, y Osasuna terminó descendiendo y casi desapareció. Un año penoso en segunda donde casi volvemos a descender, esta vez a Segunda B, y después el milagro de Martín. Pero esto, ya lo sabemos.

Fueron años dorados en la historia de Osasuna. Unos años que dejaron innumerables recuerdos en la mente de los aficionados. Recuerdos que pervivirán de generación en generación como lo hacen las grandes hazañas bélicas, los grandes libros, las mejores recetas de “la abuela”, o ese amor a lo imposible no correspondido. Lamentablemente, también dejó en Osasuna un gran vacío en las arcas y un destrozo en el ámbito institucional, que tras años de ceguera por los éxitos y tapados por los amplios presupuestos en primera, quedaron a la vista con el reciente descenso.

Parece que el barco ha salido a flote, pero conviene tener claro cuáles han sido los errores para no volver a cometerlos. “Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Vemos cómo tras estos éxitos se escondieron las bases para una desaparición de Osasuna. Así, nos tocará rememorar todos estos éxitos pero con una mirada amplia viendo que detrás de ellos estaban los causantes de que Osasuna casi desapareciera. Todo el éxito que se consiguió en el césped, fue destrozado en los despachos.

David Soria

Graduado en Historia y con un Máster en Historia del Arte. Gran aficionado del futbol en general y de los otros 18 en particular. "El balón es mi despacho. Me siento en él y veo cómo trabaja el equipo".

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