El Numancia, un equipo acostumbrado a estar en tierra de nadie

«Si me tuviera que jugar 1000€ al principio de cada temporada a un equipo de Segunda que no vaya a subir ni a bajar me los jugaría al Numancia». Esta frase que hace un par de años me dijo un amigo me resultó graciosa pero año tras año es más certera. El CD Numancia suma ya seis temporadas consecutivas en la Liga Adelante, de hecho todas menos la primera bajo esta nomenclatura, y el año que viene sumará la séptima. Todas ellas sin opciones reales en ningún momento de ascender ni posteriormente clasificarse para la promoción, pero tampoco sin tener que jugarse el descenso en las últimas jornadas.

Esta situación del equipo soriano tiene dos vertientes. La positiva, el aficionado numantino no está teniendo que sufrir lo que otras aficiones históricas, como por ejemplo esta temporada la de Osasuna, ya que gracias a la fuerza de lo que es ejemplo el Numancia año tras año consigue al menos formar un equipo consistente, tener un grupo contento y no pasar apuros. La negativa es que por estos mismos valores por los que el Numancia es ejemplo de limpieza, de religiosidad en el pago y deuda cero, hacen que no se produzcan locuras y no se traiga a ningún fichaje que podría hacer soñar con el ascenso.

El CD Numancia, como decía, tiene la parte positiva de que es un equipo ejemplar en muchos ámbitos del fútbol moderno. Un equipo sin deudas, un equipo sin denuncias por impagos, un equipo con superávit año tras año, un equipo asentado en el fútbol profesional. Todas estas descripciones tan positivas se le pueden aplicar al club soriano, pero también la de un equipo sin alma, un equipo sin ambición, un equipo sin proyectos estables, un equipo que no engancha a su afición…

Me replanteo el por qué mi amigo me dijo esa frase tan cierta como triste para el aficionado rojillo. Y lo primero que pienso es  que es perfecto no sufrir por el descenso, no hacer locuras económicas y tener una política salarial coherente, ya lo quisieran otros. Pero también me viene a la cabeza la idea de que no sería mejor aún un proyecto a largo plazo, con un entrenador con una idea clara que se impusiera en el filial, con unos jugadores fichados para ello, confiando en la cantera de verdad y no sólo en nombres concretos. Es decir, un proyecto que enganche a la afición y haga que Los Pajaritos vibren.

Poco a poco esta seguridad de que no va a pasar nada sorprendente cada temporada ha ido haciendo que la ilusión por el equipo rojillo fuera cayendo en la ciudad de Soria. Sin esfuerzos económicos por algún jugador que transmita y llegue, con sólo dos entrenadores que hayan durado dos temporadas seguidas desde el ascenso rojillo al fútbol profesional, con unos horarios más que deleznables temporada tras temporada, la afición rojilla no se engancha. Ya sólo los fieles socios acuden al campo, pero en ocasiones y en finales de temporada como éste, ni eso. Los dos mil o tres mil aficionados son la nota habitual en unas desangeladas gradas de Los Pajaritos.

Viendo que el entrenador más estable, el soriano Pablo Machín, se fue porque la grada no le quería ya que supuestamente no valía y ahora anda rumbo a primera con el Girona, me replanteo también la idea de que quizá el banquillo que devora entrenadores no sea el culpable y sí lo sea una dirección deportiva que renueva cada año al completo la plantilla y que ficha jugadores sin seguir un criterio apropiado para el entrenador escogido.

El Numancia tuvo un intento con Unzué de hacer un proyecto basado en el fútbol de control y de toque que estaba triunfando a nivel mundial. Pero, claro, sin una plantilla con esa calidad y con unos centrales más que limitados en su técnica, la temporada fue un despropósito. Varios fallos garrafales en la salida del balón provocaron las iras de la grada en más de una ocasión y el fin de esta etapa. Aunque, eso sí, cuando se jugaba bien arrasábamos. Sin tiempo para consolidar la idea de Unzué llegó Pablo Machín, que como demuestra en el Girona, quiere basar sus equipos en la cohesión y seguridad para con rápidas transiciones y pólvora arriba para rematar al rival. La seguridad defensiva fue llegando. Pero sin calidad ni refuerzos ilusionantes en la zona de la magia y el gol, el equipo no pasó de ser una medianía y la afición también se cansó de Machín y de no luchar por nada. Tras él, llegó el actual entrenador y el que se irá tras esta temporada, un Juan Antonio Anquela, que a base de portería a cero y de aprovechar como nadie las jugadas de estrategia iba sumando puntos. El convertirnos en los reyes del empate y la estrategia hizo que en las dos temporadas en la que ha estado sucediera el mismo final de temporada tranquilo. Con la situación de aún más enfado en esta última temporada porque la plantilla ha demostrado que si quiere, puede competir contra cualquiera y ganar. El problema ha sido que en los partidos clave el equipo no ha tenido la ambición de ir a toda costa a por el triunfo, se ha conformado con empates aburridos o tristes, ha merecido perder jugando más de 70 minutos con un futbolista más, se ha dejado empatar partidos que tenía controlados y donde era mejor. En definitiva, parecía que no quería jugar la promoción y se conformaban con la medianía de la tierra de nadie.

Esta situación ha cabreado y mucho a una afición que explotó el otro día. Frente al Racing, la hinchada terminó dedicando una sonora pitada a su equipo. En la grada se pidió la cabeza del director deportivo. Y lo más triste fue que sin la ilusión de ver ganar a los suyos, la parroquía numantina terminó alegrándose por los goles y la victoria de un Racing querido en Soria y que además perjudicaba a un Osasuna que, por afinidad con la parroquía maña, no cae del todo bien en ciertos sectores de la afición.

La solución para cambiar esta situación, para enganchar a la afición, para convertir Los Pajaritos en la caldera que fue no es regalar entradas para lucir unas despobladas pero sobre todo desangeladas gradas. El mejor método para cambiar esta situación es crear un proyecto coherente e ilusionante con el que se pueda enganchar a la afición, aunque esta situación sea a base de pequeños esfuerzos siempre sin locuras y con el sello del club. Si todo ello se hace bajo una dirección deportiva responsable y que no sea, simplemente, el jugador que ha dejado su vida en sus últimos años por el club que pase a formar parte del staff, si no alguien que mire, que rastree, que busque gangas y sobre todo que arme un equipo cohesionado para el próximo entrenador que venga y sobre todo para su idea de fútbol.

Porque por mucho que entrenadores, directivos y demás gente afín a la cúpula numantina digan que para la ciudad de Soria, de 40.000 habitantes, es un logro estar tantos años en el fútbol profesional y seguir año tras año en la Liga Adelante, el equipo y la afición han demostrado que esto es ya casi una rutina y se necesita algo más para no ser simplemente el equipo al que cualquier seguidor del fútbol español apostaría a que no baje ni suba la temporada que viene.

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