Nàstic de Tarragona 2 – 1 Real Oviedo: La épica se viste de grana

Enrique Martín celebra con sus jugadores el gol de la victoria

El efecto Enrique Martín ha calado en Tarragona. El Nou Estadi ha visto esta mañana la versión más combativa de un equipo que parecía deshauciado y que ha conseguido vencer a un equipo candidato al ascenso como el Real Oviedo. Los granas fueron superiores en la primera parte, pero acusaron el cansancio en el último tercio de partido. Aún así, Albentosa se encontró con un gol en la última jugada del partido que permite al Nàstic abandonar el farolillo rojo de la clasificación y engancharse a la carrera por la salvación.

Los primeros minutos del partido fueron más bien feos; ninguno de los dos equipos parecía muy dispuesto a mantener la posesión del balón. Parecía más bien un partido de fútbol americano, con ambos equipos obsesionados por ganar yardas a balonazo limpio. En una de esas, el Oviedo estuvo a punto de adelantarse en el marcador por medio de Joselu, que, absolutamente solo dentro del área, se precipitó y remató fuera en forma de chilena un balón interior que bien pudo bajar al suelo para fusilar a Becerra.

Los locales neutralizaron la superioridad técnica de su rival con la brega habitual en los equipos de Enrique Martín, cosa que agradeció la grada, harta ya de ver a sus jugadores pasearse por el césped. El técnico navarro se hartó de llamar individualmente a sus jugadores a la banda para echarles la bronca -alguno, hasta se llevó una colleja-.

El Nàstic se adelantó en el marcador en el minuto 20, en un fallo en cadena de los defensas y el portero del Oviedo que terminó con el balón en el fondo de las mallas. Luis Suárez recibió un balón dentro del área, recortó con clase y disparó hacia el centro de la portería, con la fortuna de pasar entre los defensas visitantes y entre las piernas del portero. Lo celebró con rabia el colombiano mientras el Nou Estadi se venía abajo y Enrique Martín apretaba los puños desde la banda.

El gol dio alas a los locales, que avasallarían a los asturianos en lo que quedaba de primera parte. Ocho minutos después el árbitro le anuló de forma acertada un gol a Manu Barreiro por fuera de juego, mientras que cinco minutos después, en el 35′, Coris -que realizó su mejor partido con la camiseta del Nàstic- llegaba hasta la línea de fondo y su centro encontraría un forzado remate de Suárez que no encontraría portería.

Se llegó al descanso con una ovación cerrada del Nou Estadi a su equipo, que estaba peleando como nunca y que estaba ganando el partido de forma merecida. Los granas no practicaron un fútbol demasiado vistoso, más allá de alguna combinación entre Suárez y Barreiro, pero presionaron, mordieron y corrieron más que en cualquier otro partido de la temporada.

Cansancio, empate y épica

El Nàstic iría de más a menos en el segundo tiempo. A los tres minutos los de Enrique Martín pudieron sentenciar el partido en un mano a mano de Luis Suárez que el palo escupió hacia afuera, tras una genial combinación entre el colombiano y Manu Barreiro.

El paso de los minutos fue haciendo mella en los locales, que dieron un paso atrás y otorgaron el dominio del encuentro a los visitantes. En el 55′ Anquela introdujo a Javi Muñoz e Ibra -por Mossa y Johannsen-, un doble cambio que le sentó muy bien a su equipo, que vivió desde entonces sus mejores minutos. Los visitantes, capitaneados por Ramón Folch en el centro del campo y por Saúl Berjón en la mediapunta, tomaron el control del encuentro y encerraron al Nàstic en su campo.

El gol del empate no tardaría en llegar. En una de las múltiples faltas que forzaron en tres cuartos de campo, los asturianos perforaron la red local tras una jugada de estrategia que acabó con el balón en el travesaño e Ibra empujando el rechace a puerta vacía. 1-1 y los viejos fantasmas volvían a aparecer por el Nou Estadi.

El Oviedo siguió dominando el encuentro tras el empate, dispuesto a marcar el segundo gol y llevarse los tres puntos a Asturias. Pero el Nàstic sacó fuerzas de donde no había y buscó con más fe que otra cosa un necesario gol para llevarse una ansiada victoria. Del Moral pudo marcar en el 77′, en un gran desmarque que le dejó solo delante del portero, pero envió el remate muy alto.

El partido se le complicaría al Oviedo tres minutos después con la absurda expulsión de Folch, que vio la segunda amarilla por protestar, tras un calentón de amonestaciones del árbitro. A pesar de quedarse con uno menos, ni el Oviedo se echó para atrás ni el Nàstic dio un paso firme hacia adelante. Los visitantes siguieron moviendo el balón sin demasiado éxito en sus combinaciones y el Nàstic buscaba cazar alguna contra sin demasiada esperanza.

Pero el fútbol fue justo con el Nàstic. Nunca antes en esta temporada los granas habían merecido tanto una victoria, no tanto por su juego sino por su esfuerzo. Los visitantes, que fueron superiores en el segundo tiempo, tampoco gozaron de demasiadas ocasiones claras de gol. Es más, las más claras las tuvieron los locales, que pudieron sentenciar mucho antes. Y cuando el partido parecía condenado al reparto de puntos, un balón a la olla de Javi Márquez en la última jugada del partido la cazó Albentosa dentro del área y fusiló a Herrero, que salió a la desesperada a tratar, sin éxito, de tapar el remate del central valenciano del Nàstic.

La locura volvió a apoderarse del Nou Estadi, que hacía mucho tiempo que no veía a su equipo ganar en los últimos instantes del partido -hubo una época que fueron todo unos especialistas-. Enrique Martín salió corriendo hacia el banderín de córner, donde sus jugadores celebraban el gol de la victoria, y se abalanzó sobre la melé grana, mostrando una imagen de compromiso y de unidad que rindió al Nou Estadi a sus pies.

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