El Nàstic fulmina a Nano y fía la permanencia a Gordillo

Gordillo, nuevo entrenador del Nàstic

Y llegó el cuarto entrenador de la temporada del Nàstic. La frase habla por sí sola. Esperpéntico es un adjetivo que se queda corto ante el despropósito del Nàstic tanto en el césped como en los despachos.

El ridículo que hizo el Nàstic en Sevilla ante el ya descendido filial hispalense -para colmo, plagado de juveniles y de jugadores del Sevilla C- fue la gota que colmó el vaso. Nano Rivas ya llegaba a ese partido con un ultimátum y, tras el esperpento vivido en tierras andaluzas, el cese no se hizo esperar y se anunció ayer a última hora, dejando para el día de hoy el anuncio del nuevo técnico.

Tampoco se hizo de rogar el anuncio del nuevo entrenador. Gordillo, mítico ex futbolista grana hasta ahora en el cuerpo técnico del Levante, llevaba días contactado para una probable contratación, de modo que la mañana de hoy sirvió para cerrar los últimos flecos. A media mañana se hizo pública la última decisión del presidente Josep Maria Andreu.

Una apuesta kamikaze

No hay manera de que llegue a Tarragona un técnico contrastado en la categoría y con experiencia. Se siguen con experimentos kamikazes con entrenadores amigos de la dirección deportiva.

Se fichó Lluís Carreras, contra el criterio de Emilio Viqueira, y éste duró cuatro partidos, muy lejos del margen que se le dio a Rodri y a Nano. El catalán llegaba con una idea de juego novedosa e ilusionante y, tras una gran pretemporada, se decidió fulminarle cuando apenas llevaba un mes de competición.

Rodri se hizo cargo del equipo de manera interina y, con un par de resultados positivos, logró hacerse con el banquillo hasta final de temporada. Pero el tiempo mostró a un Rodri todavía muy verde para el fútbol profesional.

Bandazo tras bandazo en sus alineaciones, el técnico barcelonés no logró nunca encontrar el fútbol del Nàstic. Ni a mantener el balón, ni al contrataque… El Nàstic de Rodri no jugaba a nada y ese fue el detonante para su cese, a pesar de haber logrado sacar al equipo del descenso gracias a la fortuna en los partidos a domicilio.

En pleno mercado invernal llegó Nano Rivas, el técnico que obró el milagro el año pasado logrando un pleno de victorias que dio la salvación llegando a tan sólo tres jornadas del final de Liga. Consiguió motivar a un equipo hundido psicológicamente y salvó la categoría en un dramático último partido.

Así pues, Nano Rivas, que deshechó continuar en el Nàstic por motivos familiares, recibió la llamada del Nàstic y acabó regresando a la que fue su casa años atrás, como ayudante de Vicente Moreno. El equipo reaccionó con la llegada del técnico de Ciudad Real, en gran parte gracias al salto de calidad que dio la plantilla con los refuerzos invernales.

Pero el Nàstic de Nano Rivas tampoco sabía a qué jugaba. Se encontraba cómodo jugando con dos puntas, buscando la cabeza de Manu Barreiro como único recurso ofensivo y defendiendo con diez hombres por detrás del balón. El catenaccio de toda la vida, vamos.

Fuera de casa, donde el equipo se sentía menos presionado, los resultados llegaban. Unas veces con más mérito que otras, pero llegaban. Pero en el Nou Estadi la afición no toleraba encerrarse en casa ante equipos más pequeños y exigía más. Resultado: el equipo ni atacaba ni defendía y perdía partidos de la forma más absurda imaginable.

Pero el equipo seguía fuera del descenso y en ocasiones hasta gozó de un colchón considerable, con varias ocasiones de oro para sentenciar la salvación. Pero su equipo nunca rindió y se empeñó en buscar el enemigo en la prensa en lugar de hacer una más que necesaria autocrítica.

Ese fue el gran error de Nano: vino creyéndose Marcello Lippi y se fue siendo lo que es: un entrenador con escasa experiencia en Segunda B y nula en el fútbol profesional. Le tocará aprender mucho y darse un buen baño de humildad, si quiere triunfar en esto de los banquillos.

Gordillo, a la hoguera

Con el equipo fuera del descenso, con tan sólo un punto de margen a falta de tres jornadas, el Nàstic tiene todo a perder y nada que ganar. La tendencia es bochornosa, el estado anímico lamentable y la afición está encendida. Es lógico que ahora ningún entrenador con dos dedos de frente, con un minúsculo caché, acepte meterse en este fregado.

¿Así que cuál ha sido la solución del Consejo de Administración? Tirar de populismo y fichar a Gordillo, un ídolo de la afición grana pero sin experiencia en los banquillos. Apenas sin tiempo de trabajar ni de imponer su filosofía, el Nàstic busca en Gordillo el “efecto Nano Rivas” para levantar la hundidísima moral de la plantilla y salvar los muebles a última hora. Papelón tremendo.

Viqueira, un pie y medio fuera del Nàstic

Mención aparte tiene las últimas dos temporadas de Emilio Viqueira en la dirección deportiva del Nàstic. Dos temporadas plagadas de fichajes mediocres, apuestas exóticas estravagantes y cero autocrítica.

El director deportivo del Nàstic, a quien el Nou Estadi le pidió su dimisión en el partido contra Osasuna, tiene un pie y medio fuera del conjunto tarraconense. Por no decir los dos. Viqueira no acudió a la presentación de Gordillo esta tarde -muy significativo- y se rumorea que la decisión de su fichaje se tomó sin su aprobación.

Podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que pase lo que pase a final de temporada, se salve o no el Nàstic, Emilio Viqueira cesará en su cargo de manera inmediata. De momento seguirá, por no echar más leña al fuego, que bastante hay ya, a no ser que dimita, que sería lo más honesto que podría hacer.

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