Nàstic 1 – 0 Albacete: Victoria en el último suspiro

Sadik celebra su primer tanto vestido de grana.

El Nàstic ganó, siete partidos después, gracias a un penalti en el descuento que convirtió Sadik, que anota así su primer gol con la camiseta del Nàstic. Los granas, que fueron ligeramente superiores al Albacete en un igualado partido, se quedan virtualmente a nueve puntos de la permanencia -ya que el Rayo Majadahonda, equipo que marca en estos momentos la salvación, juega mañana y aún restan por sumar los tres puntos del partido del Reus-. Los manchegos, por su parte, vuelven a tropezar -suman ya cuatro partidos sin conocer la victoria-, pero se mantienen momentáneamente en tercera posición y en plena pelea por el ascenso directo.

El Nàstic saltó al césped del Nou Estadi dispuesto a morir matando. La salvación es una quimera, pero el futuro de muchos de los futbolistas -y de Enrique Martín- depende de la imagen que de el equipo hasta final de temporada. El técnico navarro sacó una defensa de cinco para neutralizar el poderío ofensivo del Albacete. Y le funcionó. Pero el problema es que el Nàstic necesita sumar de tres en tres. Ya da igual quien sea el rival o el estadio. Todo lo que no sea ganar, aleja a los tarraconenses de la Segunda División.

Los locales dominaron los primeros instantes del juego, encerrando al Albacete en su área, pero con la habitual falta de creatividad en zona de tres cuartos. Los manchegos, conscientes de su poderío, esperaron tranquilos su oportunidad defendiendo con solvencia y saliendo rápidamente al contragolpe mediante Bela y Susaeta, dos puñales de mucho nivel. Arriba, Manaj y Zozulia aguardaban su oportunidad para fusilar.

El paso de los minutos igualó el partido. El Nàstic apretaba, pero no dañaba, y eso fue frustrando a la grada, que lo contagió rápidamente a sus jugadores. Los visitantes, impasibles, ganaron metros y tomaron el control del juego. El 5-3-2 de Martín puso en muchos aprietos al Albacete del centro del campo en adelante.

El atasco que proponía el entrenador del Nàstic daba sus frutos. Únicamente llegaban ocasiones en jugadas a balón parado o mediante disparos lejanos. Zozulia, en el 18′, dispuso de la primera ocasión del encuentro mediante un brutal cabezazo que se marchó lamiendo el palo derecho de la portería de Barragán.

La réplica la dio Luis Suárez en el 34′, con un violento zambombazo desde fuera del área que Tomeu Nadal -ex portero del Nàstic- desvió magistralmente a córner. Ni antes ni después de esta jugada ninguno de los dos equipos fue capaz de trenzar una jugada en ataque. El partido se parecía más a la Superbowl que a un partido de soccer. Esta situación beneficiaba al Nàstic, más acostumbrado a estos partidos en los que no se juega a nada que al Albacete, uno de los equipos que mejor juega al fútbol de la categoría.

 

Y Sadik rompió las tablas

La segunda parte fue un calco de la primera. El Nàstic alternaba minutos de posesión y dominio con minutos defensivos y con afán destructivo. Martín no quería, bajo ningún concepto, dejar al Albacete desplegar su juego.

La primera de la segunda parte fue para el Nàstic, que tuvo una ocasión clarísima para adelantarse en el marcador. En segunda jugada, Pipa colgó un balón al segundo palo y Noguera, absolutamente solo en la frontal del área pequeña, remató inexplicablemente al muñeco, con toda la portería para él. El Nàstic perdonaba el primero y Enrique Martín se tiraba de los pelos desde la banda.

El grave error defensivo del Albacete en esa jugada previno a los manchegos, que retrasaron líneas, para alivio del Nàstic. Fue entonces cuando el partido se volvió a embarrar, para gusto de Enrique Martín. Tampoco ayudó el carrusel de cambios habitual entre los minutos 60 y 75. El Nàstic llegó a los minutos finales demasiado cansado. Luis Suárez, el mejor del partido, se tuvo que retirar del partido antes de tiempo por molestias físicas.

Con el partido agonizando y los aficionados del Nàstic desfilando resignados, un balón colgado a la desesperada con el tiempo cumplido dio en la mano de Gentiletti y el árbitro no dudó: pena máxima. Mientras los jugadores del Albacete se comían al árbitro, Sadik se adueñaba del balón y la grada se echaba las manos a la cabeza. Algunos, preferían incluso darse la vuelta. Nadie quería mirar. Hasta el momento, Sadik había demostrado una inoperancia técnica impropia de un jugador profesional.

Pero Sadik no falló. A pesar de no ejecutar el penalti demasiado bien, engañó por completo a Tomeu Nadal, que se lanzó hacia el lado contrario, y le dio los tres puntos a su equipo, que llevaba siete jornadas sin vencer -sin contar los tres puntos del partido no disputado frente al Reus-.

Con esta victoria, el Nàstic se sitúa virtualmente, al menos, a nueve puntos de la salvación -hay que tener en cuenta a quienes no han “jugado” todavía contra el Reus-. Misión casi imposible, pero dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Y, en efecto, eso es lo último que queda en Tarragona: fe, esperanza… llámenlo como quieran.

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