Arnal Llibert, un fracaso previsible

El director deportivo del Nàstic, Arnal Llibert, es el gran señalado en Tarragona

Primero se fue Viqueira, después fue Promoesport… Con estas dos necesarias salidas el Nàstic buscaba enmendar las paupérrimas confecciones de plantillas de los últimos años. Para ello se contrató a Arnal Llibert, un joven sin experiencia como director deportivo que hasta este verano trabajó en la secretaría técnica del Levante a las órdenes de Carmelo Del Pozo.

El fracaso de Llibert estaba cantado desde el momento en que se anunció su fichaje, aunque se le concediera el beneficio de la duda. El puesto de director deportivo de un club es el más importante, quizá más que el del propio presidente. De él depende el porvenir del club a nivel deportivo.

Con la llegada de Llibert se esperaba nueva savia que borrase las espantosas plantillas que había confeccionado Viqueira en los últimos años. Pero su inexperiencia le ha pasado factura, tanto a él como al Nàstic. Se ha vuelto a confeccionar una pésima plantilla, que cojea por todos lados, que habrá que tratar de enmendar a la desesperada en el mercado invernal.

Se dejó ir a pilares trascendentales como Dimitrievski o Kakabadze sin cerrar sustitutos de garantías; se ficharon jugadores llamados a ser importantes lesionados o en pésimo estado físico (Iván López, César Arzo, Ramiro Guerra…); se confió en jugadores que habían demostrado con creces que no valían para Segunda División (Omar Perdomo o Tete Morente, jugadores a los que el club les está buscando ya salida, sin éxito de momento); se incorporaron jugadores de perfil bajo, descartados por rivales directos de los granas, como Abeledo, Sebas Coris o Cadamuro -este último directamente se encontraba en el paro-.

Solamente se ha acertado en un fichaje, y llegó de casualidad. Albentosa aterrizó en Tarragona de rebote, fruto del fracaso de las negociaciones entre Deportivo y Málaga por su traspaso, y el Nàstic consiguió su cesión horas antes del cierre de mercado -menos mal, porque si Albentosa se llega a ir al Málaga se hubiera fichado a otro Cadamuro del paro-.

Llibert es posible que haya logrado lo que parecía imposible: hacerlo peor que Viqueira y Promoesport. Llibert no debe seguir en el Nàstic ni un solo día más. Su incompetencia ha condenado al Nàstic a un descenso casi seguro -salvo milagro histórico en el mercado invernal-.

Es vox populi en Tarragona que Enrique Martín se pensó mucho el venir al Nàstic. Las negociaciones fueron largas y el técnico navarro dijo en primera instancia que no, aunque luego se lo pensó. También es vox populi que Martín quiere echar a más de la mitad de la plantilla, aunque el Nàstic va a tener muchos problemas para colocar a la mayoría de jugadores que tiene en nómina, con lo que los movimientos invernales estarán muy condicionados a las dificultosas salidas.

El problema con los canteranos

Enrique Martín está contento con el rendimiento de algunos canteranos y está dispuesto a darles minutos -ya lo vimos en el último partido, en el que debutó como titular Viti-. El problema que tiene el Nàstic con los canteranos vuelve a la raíz de todos los problemas del club: Arnal Llibert.

Existe un vacío legal para inscribir a más de 25 jugadores en un club profesional: hacerles ficha con el filial. Eso mismo hizo Llibert con Luis Suárez y Mejías, dos jugadores que venían claramente a jugar con el primer equipo. Llibert presumió de su «astucia» hasta el momento en el que las lesiones y el nulo rendimiento de varios jugadores situaron a varios canteranos con opciones de ser titulares.

Y aquí llegó el problema para Enrique Martín: por reglamento, solamente puede alinear a tres canteranos a la vez. Al ocupar Mejías y Suárez ficha de la Pobla, Martín únicamente puede alinear junto a ellos a un canterano más. Brugui, Roger Figueras, Viti, De Nova… son muchos los canteranos (incluso juveniles) que podrían tener minutos en este Nàstic y que la jugarreta de Llibert con las fichas de Mejías y Suárez limitan ahora su presencia.

Todo por no hacer su trabajo en verano. Hacía falta dar dos bajas para inscribir a Mejías y Suárez, pero el Nàstic fue absolutamente incapaz de encasquetar a más de un jugador a ningún equipo. Pero en lugar de rescindirles y hacer las cosas bien, se optó por hacerles ficha y seguir «chapuceando».

El proyecto Llibert nació ya muerto. Nadie se creyó nunca este proyecto. Se fió todo a que los veteranos -Uche, Del Moral, Barreiro, Arzo, Becerra, Javi Márquez…- sacasen las castañas del fuego mientras se rellenaba la plantilla con jugadores mediocres. Y esto en Segunda no sirve. Sonó la flauta un año con Emaná, a quien todavía se le pudo exprimir sus últimas gotas de fútbol y él solo llevó al equipo a las puertas de Primera.

Se lleva intentando, desde entonces, repetir esta misma fórmula: repescar a viejas glorias, apostar por jóvenes sin experiencia y arriesgando con fichajes exóticos. Lo que una vez salió, seguramente de casualidad, con Emaná, Naranjo y Aburjania se ha convertido en el modus operandi de una dirección deportiva inexperta y con cero iniciativa.

Andreu, principal culpable

Pero el máximo responsable de esta situación es Josep Maria Andreu. El presidente saca pecho del saneamiento del club. Es cierto que el Nàstic ha conseguido este año eliminar toda su deuda, pero de nada sirve si el club se ve de nuevo relegado a Segunda B y toca volver a empezar el proyecto de cero.

Cuatro años tirados a la basura por mirar hacia otro lado y conformarse con salvar los muebles año tras año en el último partido. El proyecto Andreu está finiquitado. Llegó para sanear al club. Lo ha conseguido. Pero es evidente que no tiene un nuevo proyecto de club -o como mínimo no tiene ni idea de cómo ejecutarlo- y que acumula fracaso tras fracaso.

Enrique Martín es la gran esperanza de todos: de la afición para continuar en Primera y de Llibert y Andreu para salvar sus cabezas. Por primera vez en muchos años, se apuesta por un entrenador con contrastada valía y experiencia en la categoría. Dicen las malas lenguas que el viejo Martín ya le ha pasado una larga lista a Llibert de los jugadores que quiere fuera y los que quiere traer. Veremos si Llibert, al menos, es capaz de cumplir con lo que le piden, ya que por lo visto es incapaz de confeccionar por sí solo una plantilla competitiva.

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