A Míchel se le agota el tiempo

Una enorme cantidad de aficionados piensa que ya se le había agotado hace tiempo, pero bien es cierto que ya es inevitable. El míster no consigue, definitivamente, dar la tecla con el equipo. Durante las últimas semanas, ha habido momentos para creer: por ejemplo, el conjunto costasoleño plantó cara al Real Madrid en el Estadio Santiago Bernabéu. Este y algunas mejoras en el juego dieron esperanza al malaguismo.

Todo era falso. Este pasado lunes, el malaguismo explotó. Fue curioso que no explotó al 100%, de los alrededor de 12.000 asistentes al encuentro, poco más de la mitad alentó a Míchel a que dimitiera. Es decir, a pesar de los malos resultados, hay una parte de la afición que aún cree en Míchel.

Si hay un lugar donde los aficionados publican la mayoría de opiniones es Twitter. En esta red social es casi imposible encontrar una opinión a favor del entrenador. La mayoría critica al míster y a la afición conformista por partes iguales. El foco de atención también se centra en los Al-Thani: la dimisión del presidente sí fue pedida por La Rosaleda en su totalidad.

Los internautas malaguistas culpan al sector malaguista que consiente a Míchel. ¿Los motivos? Pasan por varios puntos: uno es la afinidad al Real Madrid entre los aficionados (Míchel militó en sus filas), otro es la desinformación, y otra posibilidad es el conformismo.

En varias cuentas informativas no oficiales se baraja la próxima posibilidad de que el despido de Míchel se produzca en breve. Juanje Fernández, periodista de Radio MARCA, encendió ayer a cierta parte del malaguismo en Twitter. Dejó caer el despido del míster: “La noche será muy larga en Martiricos… y la mañana”, rezó en uno de sus twits.

En todo caso, lo real son los resultados. El Málaga sigue siendo el penúltimo de la tabla, muy por debajo de donde debería. El entrenador, fuera de toda subjetividad, no consigue conectar con los jugadores. Estos se encuentran bloqueados en lo psicológico: prueba es que, hace poco, y tal y como analizamos en LosOtros18, la plantilla tuvo que contratar a un psicólogo.

Las lágrimas de Diego González son por algo: por la impotencia. El equipo lo intenta, pero no da para más. Los aficionados ya están curados de espanto con respecto a sufrir, pero nunca es plato de buen gusto ver como un equipo que podría mantener la categoría sufre por salir del pozo.

David Caravaca

1º de Periodismo. Memoria, Compromiso y Fe.

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