El jeque ausente

No han pasado ni cuatro años desde que en junio de 2010 Abdullah ben Nasser Al-Thani pasara de ser un ilustre desconocido en España a llenar las portadas de todos los diarios nacionales, deportivos o no, al concretarse su compra del Málaga Club de Fútbol. Desde entonces su relación con el Club y con el malaguismo ha pasado por muchas y diferentes etapas.

Jeque, según la RAE: entre los musulmanes y otros pueblos orientales, superior o régulo que gobierna y manda un territorio o provincia, ya sea como soberano, ya como feudatario.

Jeque, según los aficionados al fútbol: hombre que nada en dinero, generalmente procedente de los países ricos del Oriente Medio, que se deja una fortuna en comprar a los mejores jugadores para tu equipo a fin de convertirlo en uno de los mejores del mundo.

Cuando Al-Thani llegó al Málaga, para los malaguistas no llegaba otro nuevo dueño, ni otro presidente más… Era el genio de la lámpara maravillosa el que aterrizaba con su avión privado en el aeropuerto malagueño. Legiones de Mercedes de altísima gama, Paganis biplaza, caterings con caviar…

A los malaguistas nos había tocado la lotería, nos acostamos pobres y despertamos en la opulencia. Además, este genio no estaba lastrado, como los de los cuentos, por el límite de los tres deseos. Podíamos pedir y pedir. Su segundo de abordo, Ghubn (ahora dedicado a asuntos más importantes para el jeque) decía: “no hay límite de dinero”.

Comenzaron a lucir nuestro escudo jugadores que hasta entonces nos limitábamos a admirar cuando nos visitaban Madrid o Barcelona. Baptista, Demichelis

El jeque anunciaba que ya había reservado el nombre de Qatar para llamar así al nuevo estadio con capacidad para 65.000 espectadores que iba a construir. Eso, y La Academia, esa cuyos planos aún siguen rodando de mesa en mesa.

De todos modos había algo raro en todo el proceso. Yasmine Al-Sahoud, que fue nombrada Directora General de la entidad, dimitía por sorpresa. Hoy sus palabras de agosto de 2010 cobran mucho sentido: «No puedo aceptar decisiones que pongan en riesgo la viabilidad del Málaga».

Pero fue en el verano de 2011 cuando los malaguistas no paraban de frotarse los ojos ante la llegada de cracks mundiales: Toulalan, MonrealBuonanotte, Joaquín, Sergio Sánchez, Mathijsen, Cazorla, Caballero, Maresca, un tal Isco, además de un estandarte como Van Nistelrooy. Y, más chulos que nadie, los fichajes se pagaban al contado, lo que demostraba que no había problemas de liquidez.

Mientras, los comentarios de la prensa nacional, que hasta entonces habían sido escépticos, se tornaban en insidiosos y crueles, llenos de envidia, cuando comprobaban que se estaba construyendo un equipo memorable que podía atentar contra el orden establecido. Incluso el Málaga en vez de tener ingresos a través de un patrocinador, se permitía el lujo de lucir el logo de la UNESCO en su camiseta, además de pagar al ente 1’5 millones por temporada, compromiso al que sigue obligado el Club esta, y la próxima temporada.

Ese año, bajo la dirección de Manuel Pellegrini el Málaga se clasificaba en cuarto lugar, accediendo a la Champions por primera vez en su historia. También había llegado un “galáctico” para los despachos, Fernando Hierro se unía al grandioso proyecto.

Pero tras la exitosa temporada comenzó a desmoronarse el castillo de arena. Ya había noticias de que los métodos de pago del jeque no eran los más ortodoxos, pero, antes o después acababa pagando. Hasta que la burbuja estalló. Hierro se marchó harto y cuatro futbolistas denunciaron al Club por impagos: Cazorla, Rondón, Mathijsen y Van Nistelrooy.

De pronto, la gallina de los huevos de oro dejó de poner. Sólo cacareaba en los medios reclamando ayudas, denunciando injusticias… pero se había acabado el dinero. Cierto es que desde la Junta de Andalucía, e incluso desde varios partidos políticos malagueños sólo fueron diligentes a la hora de sentarse en el palco y aparecer en la foto, para más tarde estorbar e incluso poner palos en las ruedas del proyecto.

El jeque comprendió que no iba a recuperar su inversión obteniendo la contrata de obras faraónicas, así que cerró de sopetón el grifo y las risas se tornaron lágrimas.

A pesar de que el Club comenzó a desmoronarse económicamente, los resultados deportivos fueron impresionantes. El rendimiento en Champions de un Málaga en el que los jugadores ni cobraban ni sabían cuándo lo iban a hacer, aún pone los vellos de punta del malaguismo. Un equipo deportivamente devaluado sólo era apeado de las semifinales de la máxima competición por una vergonzosa actuación del infame Craig Thompson en Dortmund.

Tras la expulsión de la UEFA, a la que no le bastó el robo en Alemania, y no permitió al Málaga jugar la Europa League, con la aquiescencia de la Federación y Liga española (esos que ahora firman por el indulto a Del Nido), el equipo, que estuvo al borde de la desaparición, ha recuperado este año su estatus histórico, encontrarse luchando por acabar la temporada sin sobresaltos.

Los sentimientos hacia el jeque, lógicamente han ido evolucionando acordes a la realidad del equipo, y poco a poco, los malaguistas que, prácticamente en su totalidad, besábamos el suelo que pisaba el jeque que nos metió en la Champions, paulatinamente hemos acabado por perder la esperanza de que vuelvan aquellos gloriosos tiempos.

Siempre tendremos que estar agradecidos a Al-Thani, ya que sin su inyección económica nunca hubiéramos saboreado las mieles de la gloria, aunque todo eso quedara luego empañado por su abandono, al no conseguir los beneficios que esperaba de la Junta o el Ayuntamiento, y que, de no haber sido por muchos de los que trabajan en el Club y llevan al Málaga en sus venas, de seguro hubiera conducido a la desaparición de la entidad.

De toda esta historia hoy nos quedan algunos jugadores en el equipo, y otros que aunque se fueron quedaron inoculados con el virus del malaguismo y hoy contagian esta bendita enfermedad allá por donde van. También quedan algunas que otras deudas y compromisos económicos, un hombre de segunda fila como Shatat, al frente de la entidad, y un presidente y propietario que no arenga en las redes sociales como antaño, y ni siquiera visita el templo malaguista desde hace más de quince meses. Sí, seguimos teniendo un  jeque, pero como decía el poeta, “sólo nos queda su ausencia”.

Carlos Manuel Jiménez

Trabajando en la Universidad de Málaga. Subdirector del desaparecido Diario de Málaga. Socio del Málaga en 3ª y en Champions.

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