Al-Thani: un jeque innecesario

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Llegó a Málaga con aires de grandeza. Obviamente, todo el malaguismo hizo de él su ídolo. ¿Cómo no? Después de una historia durísima, con descensos y desapariciones, aparece un señor que quiere poner en el club el dinero que nunca ha tenido. Todo empezó bien: el jeque comenzó con una gran inversión e innovadores planes para la ciudad (pero eso es otro tema). Aunque cuando Al-Thani llegó el Málaga aún estaba salvándose del descenso, el equipo de Champions League ya se estaba gestando.

Es cierto que sin él, el Málaga no habría fichado a los galácticos que consiguió para su equipo. Se alcanzaron puestos que ningún malaguista se habría imaginado jamás. Hicimos historia robando algo de gloria a los equipos de siempre, a pesar de que la arbitrariedad de una organización en entredicho evitó que arrancáramos una página entera del libro de heroicidades.

Pero después de la tormenta llega la calma, y el Málaga empezó a perder galácticos. Todos se fueron hasta llegar a una odisea en la que los aficionados se dieron cuenta de que su equipo no se quedaría ahí arriba. Mirémoslo con perspectiva:

El sueño malaguista duró 2 años, como mucho. Y el jeque vino a ello: no, no es capaz de gestionar el club; tampoco puede estar al tanto del equipo, y mucho menos es una persona respetada y querida por todo el malaguismo. No debemos tener temor a decirlo: con el jeque, nos hemos sentido utilizados y prostituidos.

Eso hemos sido para Al-Thani: un juguete. El poderoso caballero don dinero hace lo que le place; un niño observa con ilusión la juguetería esperando a que sus padres le hagan caso, pero en cuanto consigue lo que quiere desprecia aquello que tanto ansiaba: esta operación es la misma que la del jeque. “Se ha ofuscado porque Málaga no le ha dejado operar en la ciudad.” ¿Es excusa? Jamás. No busquemos razones por las que el jeque haya podido  perder interés, porque ambos casos son vergonzantes.

En el primer escenario, Al-Thani es como el niño de la juguetería: vio algo con lo que divertirse, el Málaga, y cuando lo tuvo durante un tiempo acabó cansándose. En este caso, el malaguismo es utilizado como un entretenimiento, que no un sentimiento (su realidad). Pero, atención, el jeque es peor que el chiquillo caprichoso del juguete: el niño; cuando se cansa, suele darle su nuevo objeto a alguno de sus amigos, o sus padres deciden donarlo. En cambio, Al-Thani no se deshace del Málaga: no le da la oportunidad a otro de darle una buena gestión. No solo no nos presta atención, sino que nos prohíbe que cualquier otro lo haga. Es enfermizo.

En el segundo escenario, el jeque usaría la compra del club para lanzar su llegada como inversor a Málaga. En esta ocasión, somos prostituidos por un bien simple: el dinero. ¿Quién sabe? Quizá esta sea la realidad y, con su primera política de fichajes, Al-Thani pretendía ganarse el favor de los malagueños para potenciar sus planes en la provincia. Sea como sea, se trata de otra situación vergonzante para el malaguismo: somos un trapo.

Como conclusión, debemos ser conscientes de lo críticos que hay que ser con todo nuestro entorno, pero muchos problemas vienen de la cima del organigrama del club: en la cúspide está Al-Thani, y tenemos que señalarle. El malaguismo no tiene por qué aguantar que un señor con dinero de Catar juegue con el sentimiento blanquiazul que tanto han arrastrado ya por el suelo. La hinchada debe rechazar totalmente cualquier intento de engaño por parte del mandatario. Que no nos engañen: poner unos cuantos tuits motivadores, o publicar emoticonos de alegría cuando el Málaga obtiene una victoria, no es ser Presidente de un club, es reírse de él.

David Caravaca

1º de Periodismo. Memoria, Compromiso y Fe.

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