20 saques de esquina desaprovechados y un gol mal anulado

Parafraseando el libro de Neruda, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, se podría resumir con este titular lo que fue el partido del pasado sábado en La Rosaleda.

Los pupilos de Gracia construyeron veinte poemas al ataque provocando otros tantos saques de esquina (sí, ya sé que no acaba de sonar bien, pero se puede decir córneres), pero esos veinte poemas quedaron sin rima. A la hora de poner la última palabra que encajara perfectamente para finalizar el verso, los malaguistas no supieron construir una rima ni consonante ni asonante, y solo lograron un resultado disonante, es decir, un sonido desagradable, ya que ninguno de ellos acabó en gol.

¿Es preocupante esta falta de definición de las ocasiones generadas a través de los saques de esquina? Pues lo cierto es que no tanto como se podría pensar. El hecho de que al final el Málaga no pudiera (y no le dejaran) llevarse la victoria de un choque en el que dominó de cabo a rabo, hizo que fuera más sangrante la falta de acierto en el remate de tanto córner como tuvimos a favor.

Pero buceando entre las estadísticas futboleras hemos descubierto que ya no se cumple, ni de lejos, aquella afirmación de que “un córner es medio gol”. Si nos atenemos a las frías cifras, veremos que en realidad se necesitan unos cincuenta saques desde la esquina para transformar un gol.

Según exhaustivos estudios realizados por Rubén Maneiro, José Luis Losada y Antonio Rial, bajo la dirección del profesor de la Universidad de La Coruña, Toni Ardá, que también tiene el título de Entrenador Nacional de fútbol, los saques de esquina no son tan peligrosos como los pintan. Cada vez que se produce un córner a favor del equipo local, la afición ruge enfervorecida, sin embargo, son muy pocos los que acaban en gol.

Más de la mitad ni siquiera son rematados, concretamente un 62%, y del total de los que se lanzan, no llegan ni al 10% los que se dirigen entre los tres palos, y finalmente sólo un 2’2% acaban con la grada en pie celebrando el gol (o jurando en hebreo si marcan los visitantes).

Algunas de las conclusiones que se desprenden del estudio son sorprendentes. ¿Sabían que los comúnmente llamados “gilicórner” tienen mayor probabilidad de acabar en gol que los balones enviados directamente al área? ¿Y que los dirigidos al segundo palo también son más efectivos?

Así que parece que nos quedan otros 30 saques desde la esquina para cantar un gol malaguista. Eso, o que a los árbitros se les quite esa molesta manía de anularle a Juanmi goles legales. Aunque de todos modos, viendo que a Estrada Fernández se le premió su calamitoso arbitraje ante el Valencia, y Gil Manzano decidió repetirlo, ya estamos temblando de pensar lo que nos puede esperar esta temporada.

Nos queda la tranquilidad de saber que si estos arbitrajes se los hubieran hecho a los dos grandes, tampoco los colegiados serían metidos en la nevera. ¿Hace falta decir que esto es una amarga ironía?

 

Carlos Manuel Jiménez

Trabajando en la Universidad de Málaga. Subdirector del desaparecido Diario de Málaga. Socio del Málaga en 3ª y en Champions.

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