10 jornadas y un objetivo: lo imposible

foto vía GOL Digital

Quedan solo 10 jornadas, y los de José González tienen el mismo objetivo que tenían los de Míchel: la permanencia. El cambio de entrenador no ha servido para dar un giro drástico en el juego del equipo. En el primer partido con el nuevo míster se notó cierta mejora, y se tiene conocimiento de que los entrenamientos son más disciplinados, pero los números no mienten.

El Málaga sigue siendo el colista de la Liga: es último, con 13 puntos. No ha aprovechado las jornadas en las que se enfrentaba a rivales susceptibles de dejarse algún punto o despistarse. Cuando el juego ha acompañado, la suerte ha sido la que abandonaba al equipo.

Pero la clave no es la suerte en un par de partidos en los que el conjunto jugó algo mejor. La clave está en que el juego es nefasto desde el principio de la temporada. El ataque no tiene ideas, y la defensa carece de consistencia. Jugadores que se antojaban claves al inicio de la campaña ahora son villanos para la afición.

Un ejemplo es Roberto Rosales. El venezolano llegó al Málaga hace unos años con buenas referencias. Comenzó de muy buena manera, e incluso atrajo la atención de ojeadores del actual líder de la clasificación, pero desde entonces todo ha ido cuesta abajo. El lateral derecho ha caído junto con el equipo en una espiral de mal juego y malos resultados.

Es el ejemplo que proponemos en esta ocasión, pero se podría analizar a muchos jugadores que no dan el rendimiento esperado. Obviamente, no solo hay que mirar hacia el campo: también hacia la grada y los puestos de mando. Esta situación es fruto también de la inestabilidad en la presidencia del club.

Más que inestabilidad, es ausencia. Al-Thani, el actual presidente , no parece estar para nada atento (desde hace ya mucho tiempo) a los movimientos vitales para el club. La última decisión importante que ha hecho el conjunto malacitano ha sido restituir a Mario Husillos como director deportivo, cuando este había sido anteriormente despedido por su mala gestión.

Ningún club puede soportar tantos años de inestabilidad, y mucho menos uno que carece de margen económico para evitar o, al menos, amortiguar la debacle. El Málaga está naufragando y debe centrarse en un objetivo: salvar los muebles.

En estas últimas diez jornadas, los huesos más duros de roer (en principio todos lo serán) son el Real Madrid y el Villarreal. Si el juego del equipo mejorara sustancialmente, la improbable permanencia dependería de esta mejora y de los despistes de los rivales. El ambiente en las gradas es de dar por hecho el descenso, pero siempre con ese toque de incertidumbre y esperanza que tiene el malaguismo.

El jugador que nunca ha fallado ha sido el número 12. La afición hizo sold out en el último encuentro ante el líder de la clasificación, tal como lo hizo en el primer encuentro liguero que se disputó ante el Eibar. El resultado se materializó en victoria para Goliath, pero el malaguismo dijo: “aquí estoy yo, y si nos hundimos lo haremos todos juntos”.

Ya se ha analizado de todas las maneras el juego del equipo y sus indudables problemas en el terreno de juego y fuera de él. Ahora solo queda esperar a que el milagro se produzca, y este no sería otro que la salvación in extremis.

David Caravaca

1º de Periodismo. Memoria, Compromiso y Fe.

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