Quique Setién y diez partidos sin ganar en Lugo

El presente suele ser un juez incuestionable en el fútbol. El resultado más reciente se toma como referencia para decidir si un entrenador es bueno o malo, o si un equipo está bien hecho o no. En este momento, y por esa especie de norma casi inquebrantable, Quique Setién es el entrenador de moda del fútbol español. La pasada temporada salvó holgadamente del descenso a la UD Las Palmas, equipo al que en el inicio del presente curso ha colocado en puestos europeos con un fútbol atractivo que levanta el aplauso de incondicionales y neutrales.

Una categoría por debajo, el CD Lugo es el segundo clasificado y no conoce la derrota. Es uno de los dos equipos invictos de Segunda División: el otro es el Mirandés, a quien se enfrenta este domingo en Anduva. Ahora lo dirige Luis César Sampedro. No se sabe cuánto durará esta racha, lo que sí es seguro es que el club albivermello mantuvo en las buenas y en las malas su estilo. Una manera de jugar que invita a consumir noventa minutos ante el televisor o en una grada.

Hubo un tiempo, no hace tanto, que no era así. Ni Quique Setién recibía las alabanzas que hoy recibe de periodistas y aficionados ni el Lugo era un habitual del fútbol profesional con un juego de muy buen gusto. Sus caminos se cruzaron en 2ºB, en la temporada 2009/2010. En el Anxo Carro solo habían pasado una vez en su historia por Segunda, y de manera efímera, pues la aventura en los noventa duró una temporada. Mientras, la carrera del cántabro como técnico mostraba una salida traumática de Santander (su casa, donde era director deportivo del Racing) por culpa de Dmitry Piterman; dos destituciones, en el Poli Ejido y en el CD Logroñés, y un más que breve paso por la selección de Guinea Ecuatorial: dimitió de su cargo después de disputar un único encuentro.

Jugadores de Las Palmas celebran el gol de Araujo al Real Madrid Foto vía laliga.es

Jugadores de Las Palmas celebran el gol de Araujo al Real Madrid
Foto vía laliga.es

Así estaban los ánimos. Un exfutbolista profesional (e internacional) de calidad indudable y fuerte carácter cuya trayectoria como entrenador no terminaba de arrancar y un club atascado en 2ºB. Por si fuera poco, Quique Setién vivió en su primera campaña en el Anxo Carro una racha de diez partidos sin ganar en la segunda vuelta. En ese tramo el Lugo perdió contra Ponferradina, Montañeros, Pontevedra, Mirandés, Lemona y Guijuelo; y empató frente a Celta B, Izarra, Alavés y Cultural Leonesa. Hizo cuatro puntos de treinta posibles. En cualquier otra entidad, ese bache seguramente le habría costado el puesto.

Setién tuvo la suerte de contar con una directiva que tenía un proyecto y que veía en su trabajo grandes posibilidades para dar un salto de calidad. Le mantuvieron en el cargo pese a las críticas. El resultado de esa decisión es por todos conocido. Al curso siguiente el Lugo acabó campeón de su grupo de 2ºB: primero el Murcia y luego el Alcoyano le privaron del ascenso. El regreso a Segunda se produjo un año más tarde, en Cádiz. A la inmensa alegría la siguieron tres temporadas de salvaciones solventes y un estilo exquisito. En la actualidad, hablar de Quique Setién en la ciudad amurallada es hablar de alguien que revitalizó el fútbol en un lugar donde el deporte rey casi nunca había gobernado.

Ese fútbol que hoy permite la explosión de Roque Mesa, Tana o Jonathan Viera, entre otros futbolistas talentosos que desarrollan un juego que hace que cualquier aficionado se siente a ver un partido de Las Palmas, caracteriza al segundo clasificado de Segunda desde 2009. El presente es la fruta de la que comen casi todos los entrenadores del mundo. El Lugo y Setién demostraron que hay otro camino posible: el de la paciencia. No suele ser mala consejera. Incluso después de no ganar durante diez partidos.

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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