Yo acuso

Foto vía rcdeportivo.es

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Hay gotas capaces de desbordar un río. Este manifiesto acusica no es un panfleto revolucionario ni una llamada a las armas, es sólo una petición de atención, un intento de relacionar actores y actos representados, los protagonistas que rigen los designios de un club con 111 años de historia. Quisiera aclarar así mismo que en absoluto represento a ningún grupo social ni deportivo, ninguna corriente de opinión dentro del deportivismo, ni escribo en nombre de la línea editorial de LosOtros18 ni de mis compañeros de sección. Esto es, pues, a título personal, propio e individual, mi desahogo particular hacia un club cuyo desempeño deportivo ha enfriado alarmantemente mi sentimiento deportivista.

Yo acuso.  

 Yo acuso al presidente, señor Constantino Fernández. Lo acuso de no haber sabido manejar la mayor crisis social que se recuerde por A Coruña tras el asesinato, aún impune, de Jimmy a manos del Frente Atlético, lo acuso porque su gestión deportiva no está al nivel de su gestión financiera, lo acuso por haber reiterado su confianza como máxima autoridad dentro del deportivismo a un modelo deportivo nulo, agotado y fracasado, de pretender creer (honestamente o no) que podría bajo su mandato instaurar un Deportivo de ensueño con entrenadores y fichajes glamourosos echando a currantes como Fernando Vázquez por reclamar más concreción en los fichajes.  Lo acuso de haber predicho que el equipo pelearía este año por entrar en Europa e intentar hacer algo grande en la Copa del Rey, por bocazas, porque la chulería y la prepotencia se pagan.

Yo acuso a Richard Barral, ex director deportivo del conjunto blanquiazul, por haber persistido en un modelo de fichajes en absoluto rentable tanto económica como deportivamente, lo acuso por su falta de criterio a la hora de configurar una plantilla de garantías e impedir su estancamiento, lo acuso por perseverar en fichajes que en nada se adecúan al estilo de juego del club, un estilo, por otro lado, absolutamente inexistente, por fichar una amplia nómina de mediapuntas y centrocampistas ofensivos, de laterales carrileros y de centrales de toque suave. Y lo acuso por haber abandonado el barco a mitad de temporada, en pleno período de fichajes.

Yo acuso a Fernando Vidal, ex consejero del club, por su ineficaz labor al frente del área deportiva del club. Lo acuso por su nefasta gestión como negociador y su falta de secretismo, y lo acuso por no saber adecuarse al mercado que el club necesitaba en cada momento. Lo acuso, nada más y nada menos, que por escupir hacia arriba. Por Mitroglu, por Bojan y por Teo Gutiérrez, fichajes pretendidos “estrellas”.

Yo acuso a la prensa deportiva coruñesa por querer adentrarse en el tertulianismo, tratar de imponer una ideología dentro del club y hurgar en la fractura social intentado establecer parámetros maniqueos entre los que apoyan y los que no, los verdaderos y los falsos, los benditos y los malditos. Los acuso de embadurnar e impregnar sus artículos de pintura rosa, en connivencia con algo o alguien de dentro del club.

Yo acuso a la plantilla del Dépor, en especial a sus capitanes, por no saber transmitir un carácter competitivo al equipo y no saber liderar un vestuario dividido. No puedo acusarlos por no sentir los colores, pensar en el Mundial o que no se les erice el alma al entrar a Riazor con 30.000 personas un día de Derbi entonando el himno gallego. No puedo acusarlos porque el sentimiento ni se impone ni se compra, porque nadie los puede obligar a sentir lo mismo que nosotros. No puedo acusarlos porque no se puede pretender que se sientan en un club especial porque masa social hay en cualquier equipo de fútbol de Europa y del Mundo, y para ellos es un club más.

Pero yo, yo los acuso por faltarnos al respeto, a mí y a ti. Yo los acuso de arrastrarse por los campos de España. Los acuso de que jugadores y cuerpo técnico de 1ª división, en teoría, la mejor liga del mundo, no sean capaces de establecer un estilo de juego definido, equivocado o no e ir con él hasta el final. Les acuso de no ser conscientes de que muchos quisiésemos poder trabajar 2 horas diarias, con vivienda incluida y un sueldo con 5 y 6 ceros a final de mes y no dejarse la piel en el campo. Los acuso de cuidar más su tupé que sus pies. Los acuso de desidia, falta de intensidad y ambición. Los acuso de dejar “me gusta” en instagram en vez de dejar el pié en el campo. Los acuso de creerse dioses en su burbuja televisiva, sentirse venerables al recibir el calor de un estadio y una masa social y considerarse dignos de obrar según su criterio sin necesidad de atender a los requerimientos de la afición blanquiazul.

Y yo acuso, por último, a la parroquia blanquiazul.  No nos puedo acusar porque nuestro salario neto y bruto es íntegramente emocional, no nos acuso porque para ser parte de un club pagamos por acciones, abonos, entradas y merchandising. No nos acuso porque el fútbol es nuestra vía de escape, porque el estrés de una vida precaria se deja de lado en el estadio, y lo que menos necesitamos es añadir preocupaciones que nos afecten en lo sentimental. Pero nos acuso de nuestra extensísima paciencia para con el club y nuestra falta de esta con los jóvenes canteranos que a cuentagotas tratan de abrirse paso en el primer equipo. Acuso al aficionado coruñés por aguantar lo inaguantable, por nuestro conformismo y nuestra inactividad. Nos acuso porque el escudo se mancha menos con el barro de 2ª“B” que con los focos de primera, y creer que la salvación a toda costa es la resolución de todos los problemas, por creer que el año que viene “será mejor”. Nos acuso, por tanto, de ser unos ilusionados ilusos.

Al final, nunca choveu que non escampara. Aunque nos meen encima.

Damián Pérez

Lateral, historiador y deportivista, no siempre en ese orden.

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