El entrenador ha sido destituido. ¡Larga vida al entrenador! (Vol. 2)

Foto vía: www.rcdeportivo.es

Hace un par de meses redactaba la noticia de la destitución de Pepe Mel tras encadenar una pésima racha de resultados, y que dejaba al conjunto coruñés en una delicada situación en la clasificación liguera. Comenzaba realizando una comparación de los métodos de Lendoiro, más pacientes, y los de Tino, más impetuosos, y finalizaba con una pregunta que era obvia, si una vez ascendido Parralo se desestabilizaría el Fabril y no conseguiría revertir la marcha del primer equipo, o si sería un éxito rotundo mientras el filial continuaba su inmaculada trayectoria.

Pues bien, Parralo ha sido destituído, y la anterior pregunta se puede responder a la gallega, depende. ¿Ha resultado Parralo un éxito o un fracaso? Ciertamente, un fracaso de proporciones mentalmente devastadoras para la moral de una plantilla y una afición que asume que se van confirmando los temores adquiridos a lo largo de esta temporada. ¿Ha sido culpa de Parralo? En opinión de un servidor, no. Un no no tan rotundo como quisiera, pero no. Es evidente que de haber sido el que hubiese configurado la plantilla se le podría haber achacado una mayor responsabilidad, pero en su primera experiencia en el máximo nivel, no ha sabido conectarse con una plantilla desalmada. Las ilusionantes primeras semanas con la victoria en Las Palmas y la dolorosa derrota ante el Atlético engancharon a una grada necesitada de apreciar un mínimo esfuerzo que sí mostraron los jugadores por aquel entonces, pero que terminaron por dejarse llevar en medio de una inercia derrotista.

¿Y el Fabril? ¿Qué ha pasado con el filial del conjunto deportivista tras la salida de Parralo y la llegada de Munúa? Tras unos primeros partidos de adaptación, el charrúa mantiene en puestos de promoción a un Deportivo “B” que había liderado una segunda división “B” por delante de rivales como el Fuenlabrada, club que cuenta con jugadores de la talla de Cata Díaz o Jordi Codina, y por delante del filial del eterno rival, el Celta “B”, que viene cuajando excelentes resultados en esta categoría los últimos años. En cualquier caso, surge otra pregunta: ¿Se han visto beneficiados los jugadores del Fabril con la llegada de Parralo al primer equipo? Esto sí es un rotundo no. Ni Francis se ha consolidado como tercer meta, ni el lateral derecho Blas ha sido tenido en cuenta a pesar del paupérrimo nivel de Juanfran y la marginación de Valentín, ni Pinchi tras la baja de Cartabia, Gil o el bajo nivel de Bruno Gama. Tampoco se ha consolidado One, como central de emergencia en el Bernabéu ni tampoco Expósito en el centro del campo. Algo pasa en Abegondo cuándo los fabrilistas abandonan el barco –caso de Insua-, o bien porque no tienen nivel, o porque no tienen oportunidades.

¿Y quién llega para arreglar este desaguisado? Agárrense: Clarence Seedorf. Tras el baile de nombres entre los que se incluían antiguos anhelos blanquiazules como Lasarte, también desfilaron por la terna Juan Ignacio Martínez o el charrúa Diego Alonso, pero finalmente ha sido Seedorf el elegido, quizás por ser el único en atreverse a coger un polvorín. ¿Loa al holandés por mi parte y desprecio al resto? En absoluto. Considero que el ex-milanista tiene una bonita oportunidad de engrosar su raquítico currículum como entrenador en la –a priori- mejor liga del mundo, al igual que Gary Neville o Tony Adams. Es inevitable que el ex-capitán gunner no recuerde a este caso, el cual se presentó en Granada sin conocer el idioma, experiencia previa como entrenador, y por ser vicepresidente de la corporación propietaria del conjunto nazarí. En este caso, Seedorf sí conoce la Liga, ha lidiado con un vestuario como el del Milan durante un breve período, y ha pasado menos de un año entrenando en la segunda división china. ¿Suficiente bagaje? A estas alturas, tras la broma pesada que es el equipo, ¿Quién lo sabe? Quizás hubiese sido más divertido ascender a Munúa y que este se pusiese a repartir ganchos y crochets a diestro y siniestro, ya saben, por las risas.

Pero sí voy a romper una lanza a favor de esos entrenadores que no han llegado a ser futbolistas profesionales y que se pierden por las categorías menos glamourosas del fútbol español. Entrenadores de carrera, como Asier Garitano, tan válidos, y quizás más, que cualquiera que haya ganado o jugado un Mundial o una Champions. Entrenadores de trabajo, mucho más económicos que las estrellas salidas de una academia por su pelo bonito y su renombre, y con más dedicación e interés por el fútbol que por su imagen. Y se me ocurre un par de nombres, entrenadores jóvenes como Rubén de la Barrera, actual míster de la Cultural Leonesa, a la que ascendió a Segunda División tras 40 años de ausencia, o el propio Rubén Alvés, mánager del Celta “B”. Y si no los prefieren tan jóvenes, entrenadores como Anquela o Luís García, ex del Getafe y Levante, o Enrique Martín Monreal o, ¿Por qué no? Fernando Vázquez. Conocen la Liga y tienen carácter, lo que necesita un equipo falto de que alguien les ponga en su lugar.

Y como empezaba el primer artículo, se termina este. Parralo ha sido destituído. ¡Larga vida a Seedorf!

Damián Pérez

Lateral, historiador y deportivista, no siempre en ese orden.

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