Crónica de una epopeya: Mauro Silva y el Dépor

 

En ‘Los otros 18’ estamos de aniversario y para tal ocasión vamos a obsequiar a nuestra fiel audiencia con las grandes epopeyas de nuestros equipos favoritos. Así, plantillas históricas, gestas insuperables y jugadores que marcaron una época tendrá cabida en nuestra página tanto para aquellos que lo han vivido como los que no. En esta ocasión, con motivo del citado aniversario, vamos a mezclar la mejor época de un club y el mejor jugador de su historia, una coincidencia poco habitual, y lo vamos a hacer mezclando el Súper y EuroDépor con la figura de su faro, sostén y columna vertebral: Mauro da Silva Gomes.

Todo comienza en A Coruña, en verano de 1992. Época de ojeadores puros, con viajes interminables y horas de fútbol en países exóticos. El Deportivo acaba de ascender a Primera División de la mano de Arsenio, Fran y Lendoiro, trunvirato legendario sinónimo de éxito, respeto y cariño en Riazor, presentes en la época más romántica del club blanquiazul.

Destaca sin duda la figura de Lendoiro, quien como dirigente máximo toma las riendas del club en Segunda División tras su penoso descenso a los barros de Tercera en plena década de los 80, y lo hace campeón de Liga en poco más de una década. Es curiosa la figura del exmandatario, pues para toda una generación de deportivistas nacidos a partir del año 1985, que hemos crecido siguiendo este club hemos madurado nuestra afición asociándolo a la, cada vez mayor, silueta del de Corcubión, aunque en sus méritos y capacidades no está sólo la conquista de un imaginario popular. A lo largo de 25 años, Lendoiro se convirtió en una especie de leyenda por sus poco ortodoxos hábitos vitales –horario laboral y personal de 15:00 a 05:00, muy útil para acometer fichajes transoceánicos- y sus innatas habilidades negociadoras, pues detrás de su cara de simpatía y afabilidad, se escondía un tirano de la persuasión.

Así se llega a ese verano de 1992, con el mandamás habiendo convencido a 2 desconocidos brasileños que la vida en A Coruña es similar a Brasil, e incluso la ciudad cuenta con su propia Copacabana, con la playa de Riazor siendo escenario de una de las fotos más reproducidas del club.

Bebeto y Mauro en su presentación como jugadores blanquiazules. Foto vía vavel.com

¿Quién es Mauro Silva?

En enero de 1968 nace en la periferia de Sao Paulo un pequeño brasileño que, al contrario de la costumbre y personalidad brasileña, se antoja serio y tenaz. Destaca así mismo tanto por su afición al fútbol como por su buen hacer en la escuela, lo que le valdrá como herramienta vital tras la práctica del deporte Rey.  No es un brasileño al uso, sus botas no rebosan magia y en su cabeza no ocupa lugar fiestas ni samba, es un tío serio, que transmite confianza y seguridad con su físico imponente, su pelo con entradas simétricas, su boca en permanente estático recto y su camiseta por dentro.

Un repaso a su historial es breve, pues sólo 3 clubes profesionales disfrutan de sus servicios: El Guaraní, el Bragantino y el Deportivo, además de la selección brasileña con la que consigue el Mundial ’94 en tándem  rocoso en el centro del campo con Dunga, del que sería ayudante en sus tareas de seleccionador. Llega con 24 años al Dépor de la mano de Bebeto para marcar una época, el período más próspero de la historia deportivista, enfocado en su persona.

Mauro y Kaká pugnan por un balón dividido ante la mirada de Merk y Pirlo. Foto vía canaldeportivo.es

Mauro Silva, ya mencionado como el mejor jugador de la historia blanquiazul, es uno de los pocos jugadores que han conseguido los 6 títulos oficiales con el club. Junto a él, tan sólo Fran y otro brasileño nacionalizado español, Donato han participado en tal gesta. En el caso de Mauro, su llegada coincide con el despegue  del SuperDépor de Arsenio y su retirada con el declive, el final del EuroDépor de Irureta. Entre medias, 13 años, 458 partidos, segundo jugador con más apariciones con la elástica coruñesa sólo por detrás de Fran, 6 títulos y la jurisprudencia del mediocentro defensivo. Destaquemos esto, pues pensar en medios defensivos es hacerlo en Nobby Styles, Vinnie Jones o el más moderno Gattuso. Jugadores que trabajan incansablemente con según qué métodos más o menos punibles y cuya mayor labor es la total y competa destrucción del caudal ofensivo rival. Mauro sentó cátedra en esta definición, era un jugador, a pesar de contar con el mayor número de amarillas en la historia del Dépor, limpio, elegante e inteligente.

Cualidades, títulos, compañeros y reflexiones

La leyenda blanquiazul sabía cuáles eran sus  virtudes y sus defectos, por tanto trataba de explotar al máximo los primeros –robo y pase, seguridad y calma- y minimizaba los segundos –llegadas a área y gol-. Tan sólo fue expulsado una vez por roja directa, y su capacidad de abarcar por completo la franja de juego central gracias a su poderoso físico pero sobre todo a su elevada inteligencia le confería la importancia vital de un equipo que aspiraba a cosas mayores de lo que su historia dictaba.

El Dépor, desde el año 1992, fue asiduo de la zona alta de la clasificación, a excepción de unos años tras la marcha de Arsenio en 1995, y en todos esos equipos, todas las plantillas confeccionadas año tras año tenían como eje un medio brasileño. Muchos jugadores y de muy alta calidad han pasado por las filas del Dépor en la época maurosilvana, pues jugadores como Djalminha, Tristán, Valerón, Molina, Naybet, Andrade, Capdevila, Conceiçao, Makkay, Manuel Pablo, Fran, Manjarín, López Rekarte, Rivaldo, Liaño o Paco Jémez han disfrutado a su lado de la seguridad del brasileño.

Mauro y Bebeto, entre otros, se abrazan a Taffarel tras ganar la Copa Mundial de 1994. Foto vía: elpaís.com

Es muy sencillo realizar una comparativa del Dépor con Mauro y sin Mauro, y observar que su presencia coincide exactamente con el arranque y el final del Dépor mítico. Es posible que también sea ventajista el fijar en un sólo jugador la mística de la victoria y la épica de un equipo pequeño, no obstante, de los 6 títulos del Dépor, Mauro actuó de titular en 5 y  sólo se quedó por disputar  la Supercopa de 1995 ante los merengues, precisamente equipo ante el cual, en el recordado centenariazo, se produjo una de las mayores lecciones de fútbol táctico de la historia reciente con el brasileño paulista como protagonista. La exhibición, el recital llevado a cabo ese 6 de marzo de 2002 en plena casa blanca ante un equipo de galácticos que apenas meses después conseguiría una nueva Copa de Europa se debería resumir hoy para el aprendizaje de niños y mayores.

Su capacidad táctica, su potencia y su seguridad le cualifican como uno de los mejores –sino el mejor- medio defensivo de la historia, un jugador que en el Dépor hemos tenido la enorme suerte de disfrutar en vivo y directo, un campeón del mundo, de Liga, de Copa y Supercopa, al que sólo le faltó la Champions de 2004 en la que un joven Mourinho se cruzó en el camino a la gloria deportivista.

En definitiva, este artículo no deja de ser un breve resumen de su aportación al club y un pequeño intento de elogio. Los que hemos tenido la suerte de crecer futbolísticamente con la percepción de un Dépor campeón sabemos la dificultad de tan prodigioso período y, dada la situación recete del club, hemos podido aprender a valorar lo que ha significado, a poder darle el valor que se merece esa época y ese grupo de líderes que tanto dentro como fuera del campo han convertido un equipo provinciano en una potencia europea. Desde aquí, nuestro reconocimiento a la figura de Mauro y del SuperDépor.

(Nota del autor)  La elección de Mauro Silva como mejor jugador de la historia del club ha de ser vista desde las limitaciones de una votación realizada por internet y la falta de material audiovisual referente a  épocas anteriores del club, lo que no lo exime de tal mérito.

Damián Pérez

Lateral, historiador y deportivista, no siempre en ese orden.

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