Crónica de un fichaje anhelado: Lucas Pérez volta a casa

Lucas sí, Lucas no. Igor Tudor lo manda a Salónica. El gallego y su morriña quieren regresar a casa. Oferta irrechazable de los helenos para retenerlo. Gol de Lucas, el PAOK avanza a siguiente ronda de Europa League. Aplausos que suenan a despedida en Toumba. Desde España hablan de últimos flecos, los griegos apuestan por la cautela. Es improbable que suceda, pero, si iguala la oferta el Karpaty, se lo lleva. Paciencia. Horas clave. Lucas viaja a Coruña para hacerse notar, visita Abegondo, observa el Teresa Herrera desde la grada. ¿Firma hoy? No, aún no está. ¿Y ahora? No, no, tampoco.

El camino de vuelta no fue fácil, demasiadas dudas, presiones en Grecia para conseguir el objetivo, contratiempos de última hora. Un viaje (el del día 2) desde la cuna de los JJOO hasta la tierra que lo vio nacer, con previa escala en la capital del Estado. Falsas ilusiones, creadas por la propia afición herculina que ansiaba su llegada, que hablaban de una presentación sorpresa en Riazor junto a los últimos siete fichajes.

Parecía que ya estaba hecho, pero no se concretaba. En una nueva era consumidora, a más no poder, de las nuevas tecnologías, faltaba el tweet de @RCDeportivo que lo anunciara de manera oficial.

Con el contrato blanquiazul ya redactado, había que hacérselo llegar a la escuadra aún poseedora de los derechos del futbolista de Monelos y esperar su devolución con firma. La embajada griega en España, con sede en la Avenida de Doctor Arce madrileña, parecía tener la solución a la hora del envío. No había billetes de avión disponibles, así que el coruñés optó por recorrer los casi 600km que separan su ciudad natal de Madrid, en coche, para entregar el papeleo.

Una vez recibido de vuelta el documento en las oficinas del Dépor, el anhelado fichaje era ya una realidad. Se ponía fin, de ese modo, al culebrón del verano y Lucas Pérez se convertía en nuevo jugador del Deportivo, el mismo Club que tantos años atrás lo había descartado para Brunete. Firma por los próximos cuatro años y, para su incorporación, desde Plaza de Pontevedra se desembolsó una cantidad cercana a los 2 millones de euros.

Por suerte (o desgracia, para los impacientes), las grandes historias se guardan lo mejor para el final y hoy el nuevo ídolo blanquiazul y sus allegados vuelven a sonreír. Se acabó la espera, había luz al final de túnel. Él, por si acaso fuese un sueño de Resines, se lo sigue repitiendo: I’m coming home, I’m coming home… Tell the world I’m coming home.

Rocío Candal

Juntando letras sin que suenen mal. Gallega, coruñesa y amante (sin remedio) del fútbol. ¿Para qué más?

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