Albacete Balompié: Irregularidad y preocupación tras la primera vuelta

La capacidad de reacción y el despegue final del grupo en la pasada temporada, acompañado de la llegada de aparentes incorporaciones competentes que subsanaban la caóticas, angustiosas y misteriosas marchas de ciertos jugadores destacados,  parecían augurar una segunda temporada en Segunda mucho más tranquila, pero lejos de la estabilidad y el desasosiego, el conjunto manchego sigue sin adaptarse a la competición, frecuentando posiciones peligrosas potenciadas por la irregularidad y la decadencia de su atrevida apuesta futbolística.

La situación comienza a requerir de cierta urgencia y nos lleva de cabeza a la autocrítica, ausente en ciertos momentos dentro de la dirección manchega. Estableciendo un listado de errores y elementos a mejorar con vistas a la segunda mitad del año aparecen varios y de diversa índole.

Fijemos como primer problema crucial la marcha de jugadores de renombre como Sergio Gontán, ‘Keko’, vital durante la pasada campaña como jugador blanco y en la actual como integrante del SD Eibar, equipo revelación de la Liga BBVA. El traspaso del canterano atlético, del cual se desconocen enigmáticamente los números, supuso un gran varapalo tanto para la afición como para el plantel, ya que la baja del reinventado extremo no consiguió ser relevada de forma eficaz, siendo presentando así el segundo de los problemas manchegos.

El capítulo de bajas puede no haber sido tan decisivo como el de altas decepcionantes y errores de planificación de plantilla. Si bien aumentaba la ilusión del respetable conforme se presentaban nuevos fichajes, estos han rendido muy por debajo de las expectativas, siendo causa eficiente del descalabro. La indolencia de Jona en punta, la irregularidad de Jason y Agus, las constantes lesiones de Carmona y el casi inédito estado de Córcoles dejan al meta Juan Carlos, junto al local Santi Jara, como único fichaje rentable a nivel deportivo y único acierto del director técnico que, sin embargo, ha sido renovado por tres temporadas con el fin de dar continuidad a un proyecto que, siendo objetivos y refugiándonos en las estadísticas, está lejos de conseguir el ascenso que ha sido marcado como propósito a tres años vista.

La renovación del director deportivo, Victor Moreno, vino acompañada de la de Luis César Sampedro. El técnico gallego confirmó su vinculación al club por dos cursos más en el peor de sus momentos deportivos al frente de la nave albaceteña, lo cual revela el desorden institucional de un club que, aun conocedor de sus limitaciones económicas, ratifica formalmente a su preparador hipotecando dos nuevos años sin un proyecto sólido. La decisión no fue compartida por los aficionados y estos así lo han hecho visible durante las últimas actuaciones en el Carlos Belmonte, quienes, por «novena vez en tres años», como afirmó destacando la escasa protesta del aficionado desde su llegada el propio Sampedro, han pedido la cabeza del entrenador.

El descontento general, junto al desgaste de aquella idea de juego tan particular impartida por Sampedro, es un hecho contrastable del que todos parecen tomar conciencia a excepción de la dirección. Durante la pasada temporada, a pesar de la dificultad a la hora de sumar resultados positivos, el fútbol elaborado llamó la atención de toda la categoría por su calidad y carácter atrevido, pero en esta primera mitad de curso hemos asistido a la degradación del mismo, viendo a un Albacete monótono, aburrido y esquivo al buen fútbol. La actitud parece ser inflexible. Las soluciones aportadas desde el área técnica son nulas mientras futbolistas de un perfil creativo como Diego Benito siguen esperando desde el banco la oportunidad de acompañar a un Portu que se presenta como una de las pocas buenas noticias futbolísticas del año.

El margen de mejora es enorme y el número de factores perjudiciales que se han sucedido durante estos primeros veintiuno partidos, preocupante. El escaso rendimiento de los nuevos, el acoso de las lesiones a piezas fundamentales como Jorge Pulido, el desgaste de la identidad manchega y la inoperancia desde el banco reprochada desde la grada generan la irregularidad que está condenando al Albacete al sufrimiento, mientras que los primeros encuentros del año parecían introducir a un posible aspirante a los puestos de promoción.

El descontento es general y la situación alarmante, pero desde el club parecen confiar en la calidad de la materia prima. No llegarán refuerzos en invierno, salvo sorprendente excepción, por lo que tan solo queda confiar en el cambio de dinámica, la alteración en la dirección de una suerte que le da la espalda y la reencarnación de un equipo que, aunque perdido, ha llegado a demostrar con detalles demasiado puntuales de lo que es capaz de hacer durante este curso.

Sin embargo, y a pesar de todo, siguen cogiendo aire en la zona de permanencia, lo cual invita al optimismo. Si mostrando la peor de sus caras consiguen esquivar los puestos de descenso, ¿que podrán hacer cuando se reencuentren con la mejor de sus versiones?

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