¡Váyanse y déjense de chiquilladas!

Las guerras nunca fueron buenas. Pueden coger sus libros de historia, que seguramente tendrán llenos de polvo en algún cajón tras pasar hace años por la escuela. Pueden consultar en Internet, en bibliotecas o en el lugar que ustedes prefieran. En todas parte, obtendrán la misma conclusión final, que no es otra que la frase de inicio de este artículo. Las contiendas terminan con vencedores y vencidos, pero sobre todo con numerosos perjudicados, ajenos a las disputas de los poderosos y que son los que terminan sufriendo las consecuencias.

La Guerra del Fútbol”, como algunos ya bautizan al enfrentamiento entre las instituciones futbolísticas españolas, va camino de hundir todavía más al balompié español. La codicia de unos pocos están echando al traste el trabajo de muchos y dejando una imagen pésima, una vez más, de los que mandan en esto del fútbol en España. Comportarse como un crío está bien cuando una persona tiene la edad de un niño, pero cuando hablamos de hombres hechos y derechos, o así al menos lo aparenta su físico y DNI, deja mucho que desear. Las niñerías, berrinches y caprichos son cosa de patio de colegio y no deben extrapolarse a instituciones.

El enfrentamiento entre Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional, secundado por Miguel Cardenal, Presidente del Consejo Superior de Deportes, con Ángel María Villar, presidente de la Real Federación Española de Fútbol, no hace sino desprestigiar al fútbol español. El fondo de la cuestión radica en el dominio y control total de las instituciones futbolísticas, pero no estamos en un patio de colegio para tener que escuchar “fulanito me ha llamado esto” o “menganito está mintiendo”. Sean sensatos señores, que ya tienen ustedes una edad.

Villar lleva dirigiendo y comandando el fútbol español con mano de hierro casi 27 años. Ahora, parece que se suma Tebas, que también es especialista en querer gobernarlo todo, y de su mano, Miguel Cardenal, que no está contento con la Federación Española de Fútbol y su forma de justificar las subvenciones. Desde luego, aparecer día sí y día también criticando y atacando al prójimo en los medios no es la solución. Si lo piensan detenidamente, descubrirán que estos señores son todos iguales y su objetivo es el mismo: mandar por encima del resto.

Los que salimos perdiendo somos los espectadores, los equipos y el fútbol español. Como saben, las amistades suelen decantarse a favor de uno u otro, y ahí pues, se perjudica o se beneficia a quien más interesa. Surgen las huelgas, como la del fútbol regional asturiano este fin de semana. Su presidente, Maximino Martínez, se ha unido a Villar en la contienda y paraliza el fútbol en el Principado, para protestar contra la nueva normativa fiscal del Consejo Superior de Deportes y las subvenciones, tal y como solicitaron los clubes de la región. Y todo, justo en plena contienda entre ambas entidades. Cuestión de amistades, pero el perjudicado, el fútbol.

Las cuerdas se tensan y se rompen cuando los contendientes tiran más y más. El juego empieza a ser peligroso y ya va siendo hora de pararles los pies. Los autoritarios no gustan y de eso en España, por desgracia, sabemos mucho. Estos dirigentes cada día se están convirtiendo más en figuras que con un látigo tratan de dominarlos a todos. Ya es hora de que se echen a un lado o arreglen sus diferencias, pero el autoritarismo nunca ha sido el camino a seguir, y desde luego, tampoco lo será en esta ocasión.

El fútbol español agoniza consumido por una deuda histórica de los clubes, que deben pagar cuanto antes, pero que con la desigualdad reinante en el reparto televisivo, se hace complicado saldar. Esto da desde luego para otro capítulo, porque el supuesto Real Decreto Ley, que iba a aprobar el Gobierno con el inicio del nuevo año, ni está, ni se le espera. El último Consejo de Ministros ni tan siquiera trató el tema. Preocupante cuanto menos, pero visto el enfrentamiento directo abierto entre las partes, era de esperar.

¿Quieren ustedes futuro para el fútbol español? Pues váyanse, dejen paso a gente nueva, joven, preparada, con ilusión y ganas de trabajar, que no vengan con el objetivo de imponer y llenarse los bolsillos. Gente que quiera a este deporte, del que muchos nos enamoramos siendo niños, cuando podíamos ver a cualquier equipo batiendo a Real Madrid o Barcelona. Cada año que pasa las diferencias se incrementan y nadie busca soluciones, solo les importa lo suyo. Váyanse de verdad, dejen de hacer el ridículo, disfruten con sus familias o dedíquense a otros menesteres.

Esta guerra  dura demasiado y no es producente. Lo único que están consiguiendo es hacer el ridículo y quedar en evidencia. Pongan punto y final a este despropósito, el fútbol saldrá ganando y eso es lo que nos interesa a todos. Las niñerías, como ya he dicho, para el patio del colegio.

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