Tiago, contando los días para volver

Vuelven al trabajo, pero sin él. Día primero de la semana primera sin el que hasta ahora había sido capitán general de las filas rojiblancas. Se avecinan cambios, días de incertidumbre, tiempos duros o, al menos, diferentes. Los daños colaterales que causará la fortuita lesión de Tiago del pasado sábado ante el Espanyol no se pueden cuantificar por el momento. La fractura de tibia prolongará la baja al mediocentro en tres o cuatro meses según los médicos más optimistas, suscitando la preocupación por el futuro rendimiento del futbolista, debido a su edad, y la alarma en la dirección y secretaría técnica colchonera.

La llegada del argentino Kranevitter en enero, más urgente que nunca, se presenta insuficiente ante la falta de materia prima en la medular, por lo que desde las oficinas atléticas sondean ya mercados como el italiano para el próximo periodo de fichajes invernal. La prensa nacional e internacional se muestra intranquila y no han tardado en buscar nombres y sustitutos, situando, según el diario As, a Lucas Biglia o Giacomo Bonaventura como posibles incorporaciones, jugadores que a duras penas podrían igualar el nivel del luso.

La progresiva degeneración de Gabi y Koke tras la consecución de la Liga, hace ya dos temporadas, ha hecho del veterano portugués, de rostro cada día más joven, pieza fundamental en el esquema rojiblanco y engranaje capital en la zona más característica de este Atlético de Madrid: el doble pivote. Tras varios años como rojiblanco, con periodos de duda y negociación constante por la ampliación de la cesión y una última etapa de éxito y crecimiento imparable, Tiago Mendes Cardoso, de 34 años, no solo se había confirmado como un jugador a tener en cuenta en todos los niveles, sino como un referente para la afición colchonera que, de forma justa, ha sabido perdonar su pequeño amago de partida, poniendo en valor el trabajo y la profesionalidad de un futbolista que lleva camino de sumar siete primaveras ligado al club.

Desde la sencillez y la discreción demostró una simbiosis perfecta y un amor eterno a los colores nada más llegar, derramando lágrimas ante una afición entregada a pesar de la derrota en la final de Copa del Rey de 2010. Desde la humildad y el trabajo ha conseguido convertirse en indiscutible tras varios años como comodín y primer recurso del banquillo. Desde la excentricidad y lo inusual, Tiago ha crecido como futbolista cuando su progresión parecía estar más que enterrada. Esa extravagancia, esa capacidad de sorprender cuando nadie se lo espera, resulta ser, en definitiva, él mismo. Físicamente débil, aunque sólido y contundente en tareas defensivas. Veterano por edad, aunque juvenil en espíritu. Triunfador en palmarés y nómina, pero humilde en apariencia y juego. Poco meditado, pero extremadamente querido y valorado por una grada que, desde el sábado, no deja de lamentar su daño. Así es, ni más ni menos.

Pasó de joven promesa atascada en Italia a futbolista maduro resarcido en las orillas del Manzanares, desde donde, por méritos propios, se vio obligado a rectificar su decisión de abandonar el combinado nacional. A pesar de luchar desde su llegada por rendir al nivel mostrado en plazas como Stamford Bridge -hace ya diez años-, el fútbol se ha vuelto a mostrar caprichoso con Tiago y se empeña, por segunda vez, en ensombrecer el momento más álgido de su carrera, algo que, por el bien del mismo juego, no debe ocurrir.

Como afirmó Simeone tras conocer la gravedad de la lesión, el centrocampista ya cuenta los días para volver a los terrenos de juego, y me veo en la obligación de apuntar que no cuenta solo. La parroquia rojiblanca al completo, acompañada de todo aficionado al buen fútbol, cuentan con él las jornadas que restan para volver a verle al mando de la nave colchonera. No merece menos.

Fuerza.

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