S.A.D: preguntas que no tienen respuesta

Sociedad Anónima Deportiva, esa es la palabra. Utilizaremos su sigla, S.A.D, para acortar. La LFP obliga a todo equipo que compita en una de las dos categorías profesionales del fútbol español a convertirse en S.A.D. Si no se realiza dicha conversión, el club en cuestión descenderá a 2ºB de forma administrativa. Da igual que su economía esté saneada o que el fútbol le haya permitido ocupar una plaza en la Liga BBVA o la Liga Adelante.

El Lugo, igual que el Mirandés o el Eibar, se encontró en esa tesitura. Salvado del descenso, de manera holgada además, el verano de 2013 pudo ser el del retorno a la categoría de bronce. Porque el conjunto rojiblanco no era una S.A.D. Había  que hacer una ampliación de capital y para ello hacía falta dinero, el cual se buscó hasta debajo de las piedras de la muralla, rezando por que algún cónsul romano dejase allí enterradas unas monedas de oro que se pudiesen canjear. Como los billetes no aparecían, ¿qué se hizo? Lo de casi siempre. Dinero público. De la Diputación y el Ayuntamiento de Lugo.

Ahora viene lo tragicómico. El Lugo estaba amenazado de descenso administrativo sin deber ni un triste céntimo. El dinero público no era para sanear la economía rojiblanca porque no había nada que sanear. Todo estaba en orden. Sin acreedores, pagando al día y con un presupuesto realista. Poco pareció importarle a la LFP. Sin S.A.D, no hay fútbol de élite

La LFP le arrebató el club a sus socios. Se lo arrebató, sí. Aunque suene duro. Repito, el Lugo tenía deuda cero, no había denuncias de ningún tipo relacionadas con impagos y le correspondía estar en la Liga Adelante por méritos deportivos. Pero había que convertirse. En un país donde el fútbol debe cifras millonarias, el organismo que preside Javier Tebas, encargado de organizar las dos competiciones ligueras profesionales, no premia al cumplidor, lo amenaza con descender. Aplausos de ironía.

Ahora, el Lugo tiene una situación complicada. Tino Saqués -empresario, dueño de la compañía de frío industrial Frisaqués, lucense- se ofrece a pagar el 1,6 millones de euros que vale el 49% de las acciones que la Diputación y el Ayuntamiento asumieron para que la LFP no descendiese a los rojiblancos por no ser S.A.D. Resulta que la afición no le quiere, los directivos no le tragan y el venerado Quique Setién se irá si al final el enemigo público número 1 se convierte en máximo accionista y dueño. Es decir, división. Problemas que no tendría que haber en una entidad saneada como el Lugo.

No voy a criticar a Tino Saqués. No le conozco y no sé qué tal lo hará siendo el propietario del Lugo. Solo el tiempo puede decirlo. La pregunta que yo me hago es la misma que se hizo en su día un entrenador portugués tras un partido entre los dos equipos de los que no hablamos en esta página: ¿por qué? ¿Por qué se llega a esta situación de lucha fratricida en un equipo tranquilo, sin deudas y que cumple de manera exquisita con los pagos? ¿Por qué la conversión en S.A.D cuando esta ley se hizo para los clubes que hubieran presentado pérdidas en los cuatro últimos años? ¿Por qué se le quita el Lugo a los socios y se obliga a las instituciones públicas a intervenir con dinero de todos los lucenses? ¿Por qué no aprendemos después de haber visto a Piterman, Ali Syed, Agapito Iglesias o Juan Soler gestionar entidades deportivas?

No tengo las respuestas a esas preguntas. Suerte a Tino Saqués si entra o a los que están si continúan.

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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