Reflexiones tras diez minutos de Cholismo

Bastaron diez minutos. Diez minutos de coraje, de intensidad, de locura y pasión en el verde y la grada. Diez minutos de bufandas al viento, de Cholismo. Diez minutos que hicieron al respetable rojiblanco olvidar los ochenta previos de agonía y pesadez.

Bastaron para devolver la ilusión, para ser optimista, para que muchos crean con firmeza en aquellos que nunca debieron dejar de creer. Bastaron para que aquel recién llegado, cuya capacidad profesional ya se había puesto en duda, acabase en una carrera con el que, por carencias obvias, nunca podrá jugar su partido del año. Sirvieron para ver que esta nueva versión del Atlético también cuenta con esa esencia fundamental, con ese espíritu y esa garra que, más allá de cierto déficit técnico, les ha permitido codearse con los grandes de Europa.

Bastaron para confiar en que este inicio de campaña está al borde del cambio, de un cambio a mejor. Para hacer ver que, desde la humildad y el «partido a partido», son capaces de cualquier cosa. Esa es la clave. Volver a ese discurso tan atlético, tan guerrero y tan honesto. Tras ocho jornadas ascendiendo uno de los puertos más complicados de todo el curso, tan solo tres puntos separan a los de la ribera del Manzanares del liderato. Al loro, que no estamos tan mal, como diría Joan.

Si un Atleti tristón y apagado ha conseguido mantenerse ahí arriba, ¿qué podemos esperar cuando Simeone encuentre la tecla? No hay techo. Sin duda, llama al optimismo. Un optimismo más que ausente en todos aquellos que se aventuraron con las críticas prematuras, un optimismo que siempre ha caracterizado al aficionado atlético. Porque si se cree y se trabaja, se consigue. Porque no me han dado motivos para no creer. porque ahora empieza lo bueno.

No me dejo llevar por la euforia -igual que no lo hice por la derrota-, ni siquiera el resultado da para tanto, pero las sensaciones son distintas, muy distintas. Vi un equipo con mordiente, con hambre, con ganas -y necesidad- de volver a adoptar ese mensaje humilde que les llevó a lo más alto, y es que ni ayer éramos tan malos, no hoy somos tan buenos.

Seamos conscientes de donde venimos y seremos conscientes de donde podemos llegar. Ser campeones no es una meta, es una actitud y estoy seguro de que esa actitud tiene mucho en común con la mostrada en estos diez minutos.

Creamos.

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