Ojalá te vaya bonito, Raúl

Te vas. Te marchas como se marchan los señores, entre vítores y aplausos; como se marchan los guerreros, entre la duda del «¿volverá?» y vagos tintes de melancolía; te marchas como embajador, como abanderado del sentimiento atlético, del Cholismo, del esfuerzo, el trabajo, la profesionalidad y de ti mismo.

Te vas de forma muy distinta al resto. Te vas entre agradecimiento y respaldo, te vas entre el cariño de tus compañeros y el de los aficionados; un cariño merecido, necesario e irreprochable, porque tú, después de temporadas de banquillo y sufrimiento, tú que necesitaste salir para volver más fuerte, más Raúl, has hecho del Atlético lo que nunca debería haber dejado de ser y lo que es más importante, has hecho de todo atlético un aficionado orgulloso y feliz.

En la sombra, sin hacer ruido, uno, dos, tres pasos por detrás de Agüeros, Forlanes, Falcaos o Ardas, has ido constuyendo el personaje que has terminado siendo, el fiel reflejo de una filosofia, de un estilo de vida basado en la lucha, la garra, el no bajar los brazos, el trabajo personal por el grupo, el no darse nunca por vencido, el darlo todo en el campo, el vaciarse por y para llenar a cincuenta y cinco mil atléticos dos veces al mes, una filosofía paralela al Cholismo y como tal fácilmente contagiosa para el respetable rojiblanco, porque esa ha sido la clave de tu éxito, el transmitir, la piedra angular de una carrera reconocida lejos de grandes registros y cualidades de estrella, lejos de cámaras, de portadas y de rumores de verano.

Más allá de broncas y rabietas, de malos gestos y peleas reprochadas por aquellos con los que pudiste, me quedo con el Raúl guerrero, con el Raúl luchador, con el profesional. Con aquel que pasó de los pitos y la banqueta a llamar a las puertas de la selección por méritos propios. Con aquel que nunca puso una mala cara a una suplencia, aquel que en todo momento aceptó con resignación su rol en el plantel y luchó por cambiarlo. Aquel que un día no fue querido y hoy se marcha como un capitán. Aquel que venció y también convenció. Aquel con el que todo aficionado colchonero ha podido llegar a sentirse identificado alguna vez.

Por todas tus carreras interminables, por partirte la cara por tus compañeros y tu camiseta, por que has entendido a la perfección que es el Atlético, por tus ocho años de rojiblanco, por tu espíritu incansable, porque tu si vives derrochando coraje y corazón, ojalá que te vaya bonito Raúl.

#GraciasRG8

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