Las crónicas de Seedorf: el navío brigantino

Cuándo en pleno S. XVII el capitán de navío Willem Van der Decken, holandés de nacimiento y próspero burgués dobla el Cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica, tras un periplo que lo lleva en viaje comercial a las Indias Holandesas (actual Indonesia y Malasia), se encuentra con una feroz tormenta que amenaza con hundir su navío y la valiosa carga que en el transporta. Ante el desolador panorama, se dice que, en su desesperación, realiza un pacto de sangre con el Diablo por el cual se le concede a él y a su navío el don de la navegación sin importar que inclemencias climatológicas se encontrase a su paso. No obstante, Dios, omnipresente y todopoderoso, ante la traición que supone pactar con su némesis, condena a Van der Decken y a su tripulación a vagar por siempre por los mares y océanos sin poder atracar hasta el día del juicio final. Desde ese momento, y hasta nuestros días, el navío de Van der Decken se conoce como El Holandés Errante.

¿Y qué tiene que ver esta historia, archiconocida por ser uno de los argumentos principales de la célebre saga Piratas del Caribe, en una página dedicada al fútbol? Nada, a priori. Pero si mezclamos las campañas de márketing (tratadas desde la óptica pepinera de manera magistral aquí) de determinado club del noroeste peninsular con las vicisitudes vividas, y las circunstancias que lo han llevado a pedir auxilio a un entrenador de determinada nacionalidad, la historia se pone interesante.

Somos gente marinera, y con eso no hay quién pueda. Este es el lema escogido por la administración Tino para la campaña de abonados de esta temporada, pero resulta que sí, que han podido una vez más y de igual manera que las temporadas anteriores, y las circunstancias han obligado al club herculino a encomendar sus plegarias a un holandés de origen Paramaribense: Clarence Seedorf. Las premisas del bueno de Clarence en A Coruña eran claras, recuperar un conjunto anímicamente destrozado, para lo cual recurrió a dobles sesiones y comidas grupales que convirtiesen un grupo humano en un equipo. Este tipo de gestos, unidos a la buena predisposición mostrada por el técnico en sus ruedas de prensa, sirvieron para enganchar a una parte de la afición coruñesa, ávida por percibir cualquier nimio gesto de optimismo para encarar 4 meses que se presumen duros a nivel sentimental. El objetivo era claro, conducir la nave blanquiazul a la victoria ante el Betis de Setién, enganchar a la afición y salir de los puestos de descenso.

Llegado el día, sorprendía la no convocatoria de Guilherme, indiscutible a lo largo de todo el año, así como tanto la formación y la alineación planteadas por el ex-milanista. 22.000 almas se congregaban en Riazor –un lunes, lluvioso, laboral e invernal- para asistir a la puesta de largo del nuevo Dépor, que caía con un gol de Loren, la nueva sensación bética. Las impresiones después del partido, enfrentadas. Unos veían mayor orden, un principio en el cual se podría trabajar, y otros veían más de lo mismo ofrecido con otros preparadores, otros que quizás era muy pronto y que se necesitaba darle tiempo al nuevo técnico… Seedorf, por su parte, veía “la mayor intensidad ofrecida por el equipo en todo el año”. La verdadera prueba se reservaba para este fin de semana en Vitoria ante el Alavés, conjunto que a priori era rival directo de los coruñeses, pero que con el “Pitu” Abelardo se han instalado en una zona confortable de la clasificación. Y llegada la prueba, pues tampoco transcurría por los cauces de interés coruñés. 1 – 0 ganaban los locales con gol de Munir mediado el segundo tiempo, una nueva derrota, y ahora sí, tras 2 semanas de trabajo, la posibilidad de realizar un análisis de lo que ha supuesto el “efecto Seedorf”.

A 19 de febrero, tras 2 semanas en el cargo: 0 victorias, 0 empates, 2 derrotas, 0 goles a favor, 2 goles en contra. Emplea un sistema de 1-4-2-3-1, manteniendo al discutido Rubén en meta y revolucionando la defensa, alineando a Albentosa y a Bóveda como pareja de centrales. En el centro del campo se ha visto obligado a modificar el puesto del lesionado Valverde dando entrada al castigado Guilherme acompañado por Krohn-Dehli, con una línea de 3 mediapuntas formada por Adrián, Lucas y un Bakkali que se encuentra ante su enésima oportunidad, y una punta de ataque para Andone. El holandés se ha declarado como hombre al que no le gustan los cambios ya que rompen la tendencia del equipo, pero aún así, sorprenden varias cosas dentro del equipo, como la apuesta continuada por Rubén en meta, la revolución dentro de la pareja de centrales sentando a Schär y la titularidad de Bakkali, quién a pesar de jugar totalmente revolucionado ha aportado lo que se espera de un extremo. Además, hombres como Borges o Carles Gil, junto al turco Çolak apenas han disputado minutos o directamente no han participado.

A nivel de juego,  el cambio es mínimo. El Dépor es un conjunto de cristal al que la menor brisa inutiliza su velamen, y que sufre para crear una clara ocasión de gol. El sistema es invariable y los cambios suelen ser hombre por hombre a excepción del encuentro ante el Alavés, en el cual Bóveda se retiró dejando paso a Borges en un intento a la desesperada por que el tico cazase algún centro. Si bien ante el Betis el Dépor gozó de varias claras oportunidades del gol en ambas partes, ante el Alavés la dinámica se mantuvo 45 minutos. Ahí, en ese descanso de Mendizorrotza se podría afirmar que se diluyó el “efecto Seedorf”, pues conjunto coruñés, tras una primera parte aceptable, se desmoronó por completo y, a pesar del gol de Munir, no fue capaz de tirar a puerta en ese segundo tiempo. Ni un tiro, ni una ocasión de peligro, ni una inquietud a una lograda defensa alavesa. Rien de rien, que diría Edith Piaf. En resumen, el Dépor lleva desde el 9 de diciembre sin conocer la victoria y desde el 26 de enero sin anotar diana.

¿Qué se puede esperar en un futuro cercano y a medio plazo? Las sensaciones en absoluto son optimistas. Al contrario, y el calendario de final de temporada así lo certifica. El Dépor va a sufrir, y más si Seedorf no logra cohesionar una plantilla mental y anímicamente destrozada. En estos momentos, el navío brigantino, comandado por un holandés, se ha transformado en aquel de la leyenda. El capitán haría bien en tomar los mandos del barco, pues tras A Coruña acecha la Costa da Morte, siempre temible, siempre salvaje, siempre dispuesta a destrozar entre sus turbias aguas aquellas naves que osen adentrarse en sus límites y, con ellas, a sus marineros, oficiales y gerentes.

Damián Pérez

Lateral, historiador y deportivista, no siempre en ese orden.

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