Inversores valencianistas, hagan sus propuestas

El reloj de arena corre aceleradamente a la espera del futuro del nuevo Valencia CF. ¿Quién será el inversor que se haga cargo del club? ¿Qué pasará entonces? Mas allá de las preguntas que la parroquia valencianista se hace cada vez que piensa en su equipo, esta semana comienza el proceso de venta y, de algún modo, se abre la veda para aclarar cualquier cuestión sobre la situación del club. Los inversores tienen en su mano toda la información disponible antes de elaborar y presentar una propuesta convincente, tras haberse acreditado ante las consultoras Price Waterhouse y KPMG.

Cuestiones como el patrimonio del club, las deudas con el Ayuntamiento, la reanudación de las obras del estadio, las parcelas de Mestalla y demás serán las que deberán afrontar y con cuya información ya cuentan. No cabe duda de que serán los puntos de inflexión en la elaboración de su propuesta definitiva. Un auténtico festín de candidatos de entre los cuales solo uno será elegido y acabará tomando las riendas del equipo ché.

Una tarea ardua aguarda al afortunado y valiente inversor: levantar a un Valencia herido en el apartado extradeportivo pero que, últimamente, ve cómo su situación deportiva empieza a mejorar considerablemente. Esto, por cierto, puede que ayude y sobre todo calme al aficionado y facilite el trabajo al nuevo dueño. Y es que las gestiones tanto dentro como fuera del césped deben bailar al mismo son, deben llevar caminos similares… todo tiene que ir en absoluta armonía.

Es aquí cuando me vienen a la mente cuatro elementos que serán determinantes en este proceso de estabilidad institucional del club, y que cuando lleguen los nuevos propietarios deberán tener en consideración para que no vuelvan los fantasmas del pasado. Estos son la tinta, el papel, el cuero y la red. Todos ellos muy a tener en cuenta.

Los cuatro tienen curiosos paralelismos. En primer lugar, la tinta. Se debe ser consecuente y prudente antes de empuñar la pluma y firmar. La tinta es la última en hablar sobre cualquier decisión, en ese lugar del que pocos somos testigos: los despachos. En ellos se plasman en papel blanco y con letra pequeñísima las decisiones que dan luz verde a toda gestión, deportiva y extradeportiva. Es esa luz verde que la entidad ché ha tenido que dar en los últimos cursos a la venta de futbolistas referentes del club.

Foto vía www.panoramio.com

Foto vía www.panoramio.com

En segundo lugar, otro papel: el de color verde, el poderoso caballero don dinero. Una de las cruces que lleva persiguiendo incesantemente al equipo valencianista desde hace varias temporadas. Pero sin él, ahora mismo, no estaríamos hablando de esta gran oportunidad que tiene el equipo de salir de esta dura situación.

Para elaborar un proyecto deportivo que devuelva la ilusión y que haga volver al equipo a donde debe estar, se tiene que apostar por los mejores, y para ello, el verde se debe gastar a conciencia. En relación a esto es inevitable pensar en el tercer y cuarto elemento: el cuero y la red. Puedes haber realizado un trabajo excelente que de poco servirá si la pelota no toca las mallas, y con jugadores de nivel esta conexión se simplifica notablemente. Repito, tiene que ser como un vals, todo debe ir tener un equilibrio, con armonía, con paciencia, con sentimiento y con ilusión.

Cuatro elementos con un paralelismo destacable a tener muy en cuenta por los próximos dueños del club. También son cuatro, pero en este caso semanas, las que tienen los inversores para elaborar dicha propuesta. Hasta el 31 de marzo para ser exactos. Y a partir del 1 de abril comenzarán a sonar por las calles de Valencia redobles de tambores mezclados con traca y un incesante olor a pólvora, a la espera de un veredicto final.

Toda una afición aguarda el comienzo de una nueva era en el equipo y ansía que se cumpla el sueño que llevan tiempo esperando. El sueño de ver a su Valencia limpio y, a partir de ahí, crecer y volver a ser el equipo que se fue. Así que dicho esto: inversores, hagan sus propuestas, porque toda una afición les espera.

Raúl Molina

Periodista catalán de nacimiento pero valenciano de sangre y corazón. Su pasión, el fútbol y su gran amor, el Valencia.

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