Hasta siempre, Joseph

No hasta el último momento. No hasta que me estén pisando los talones. No hasta que yo, dueño y señor de esto que he convertido en mi cortijo, lo decida. No hasta después de ver que aun con todo, el que sigue mandando soy yo.

Lamentable. Incluso la dimisión del señor Joseph Blatter parece un acto de prepotencia, una demostración prescindible de poder corrupto, una decisión de un hombre que, 48 horas antes de abandonar el barco, necesitó ver como sus súbditos -pequeñas e inútiles marionetas a las que favorecía el gobierno de el mismo- volvieron a apoyar una candidatura que, fruto de la injusticia y la desesperación ante la falta de igualdad, terminó siendo casi única.

Van Praag y Figo no fueron tan pacientes como el príncipe jordano Al Bin Al-Hussein y no dudaron en retirar su presencia electoral para apoyar la de este último en busca de una coalición algo más fuerte.Ninguno de ambos dudó a la hora de denunciar y condenar, sin pelos en la lengua, la falta de espíritu democrático en el proceso electoral del pasado 29 de mayo.

Figo, Van Praag y Al Hussein, últimos candidatos a la presidencia de la FIFA. Foto vía espnfc.com

Por orden: Figo, Van Praag y Al Hussein, últimos candidatos a la presidencia de la FIFA. Foto vía espnfc.com

A pesar de las visibles polémicas generadas durante la ‘era Blatter’, el apoyo al suizo se ha mostrado infranqueable -personalmente, de forma incomprensible- aun en sus momentos de mayor caos y crisis. Ni siquiera los mayores escándalos de corrupción pudieron expulsar al eterno caballero de su feudo, ni siquiera los casos de adjudicación de las sedes para os mundiales de 2018 y 2022 -en Rusia y Catar, respectivamente-, ni siquiera los ya confirmados casos de amaño durante la fase final del Mundial de 2002 en favor del anfitrión, Corea del Sur, ni siquiera las recientes salidas de tono y actuaciones bufonescas -como la lamentable marcha militar con la que trató caricaturizar a Cristiano Ronaldo quedando finalmente ridiculizado él- hicieron tambalearse los cimientos de un gobierno demasiado bien articulado como para ser derrumbado, a priori.

Si bien todo el mundo se creía intocable dentro de la FIFA, la situación ha dado un giro de 180ª durante las últimas semanas, las cuales han sido cruciales para señalar el fin de un periodo con más sombras que luces dentro del fútbol mundial, para iniciar una nueva en la que -esperemos- se despeje el panorama y a través de una gestión mucho más trasparente y honesta se busque lo mejor para el deporte rey. Una vez más, una intachable actuación de la policía norteamericana, junto a distintas investigaciones periodísticas -como el conocido «Qatargate» de France Football-, han conseguido poner contra las cuerdas a la cúpula de la institución, para bien del fútbol.

Ya olía. La falta de seriedad y el exceso de arbitrariedad del órgano en las últimas grandes decisiones han terminado de destapar lo evidente. Bajo una falsa intención de acercar el fútbol a todos los lugares del mundo se esconden miles de millones de euros y, por desgracia, algo tan corrompido y corruptor como es la política. Ahora bien, una vez que la mayor de las instituciones futbolísticas ensucia incluso la mayor de las competiciones a nivel mundial, ¿qué podemos esperar?

No tuvieron piedad, mancharon sin remordimientos nuestro juego, un juego que esperamos vuelva a lucir limpio, a lucir para el aficionado y, en definitiva, a lucir para si mismo. Un juego que esperamos luzca y llegue a todos los lugares de forma justa y legal, no a través de los juegos de Sepp; un juego que también luzca en España, tierra dada al pillaje y al bandolerismo, donde lamentablemente también veo necesario un cambio de dimensiones similares debido a la complicidad con el ‘caso FIFA’; un cambio ante aquellos que, por razones obvias, se han quedado estancados, anticuados e incompetentes, faltos de recursos para solucionar unos problemas que poco a poco se van apilando.

El primer paso está dado. Debemos esperar casi un año para conocer a la nueva cabeza visible de esta nueva FIFA, pero aun así seguro que la espera valdrá la pena. Llega savia nueva, pura. Llegarán nuevas formas de ver el fútbol, llegará un periodo que seguro, será mucho más trasparente.

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