Fe ciega en los árbitros

Es otro de los innumerables tópicos del fútbol, junto al “partido a partido”, al “son once contra once” o al mítico “fútbol es fútbol”. Si hay una máxima en este bendito deporte es que cuando los colegiados se equivocan, siempre lo hacen sin premeditación.

Si preguntamos a cualquier entrenador, directivo o jugador, salvo que les pillemos en un momento de calentón tras una calamitosa actuación arbitral que les haya perjudicado, siempre van a declarar su confianza ciega en los trencillas.

Cualquier error, por clamoroso que sea, se achacará a la falibilidad humana. Nunca a la premeditación interesada del árbitro.

Como quiera que los errores suelen perjudicar en su mayoría a nuestros equipos, a “los otros 18”, y por tanto beneficiar a los dos más poderosos, esta circunstancia se suele atribuir al inconsciente de los jueces deportivos, que se ve influenciado por la presión que ambos clubes ejercen, sobre todo, a través de los medios de comunicación.

En una sociedad en la que cada día conocemos nuevos casos de jueces condenados por prevaricación, políticos corruptos, e incluso imputaciones de miembros de la familia Real, por no hablar de la intensa vida judicial de los dirigentes del fútbol, resulta sorprendente que la casta de los árbitros se vea libre de sospecha.

No es para nadie un secreto que este deporte mueve muchos millones, y no sólo hablo de los presupuestos de los equipos, sino del cada vez más importante negocio de las apuestas. Y donde hay mucho dinero también abundan los que quieren llevarse su tajada, aunque no sea de modo legal.

En el gremio arbitral, como en el de los carpinteros, las pescaderas o los sexadores de pollos, seguro que habrá de todo, gente honrada y alguno que otro, la excepción, que no lo será tanto. La historia nos ha dejado algunos casos curiosos.

Héctor Pacheco. Colegiado peruano, fue detenido por pertenecer a la banda criminal “La Cruz de Piura”, responsable de perpetrar secuestros, asesinatos y usurpaciones de tierras y propiedades. También fue acusado de intermediar en un intento de soborno a jugadores de Unión Comercio en un encuentro de la Copa peruana.

Byron Moreno. Famoso por una polémica actuación en el partido en que Italia fue eliminada en el Mundial de 2002 por Corea del Sur (¿quién no recuerda a Al-Ghandour?), fue acusado de tráfico de heroína en Nueva York. También pitó un partido del campeonato ecuatoriano en 2002 entre Liga de Quito y Barcelona, que alargó cerca de 13 minutos. La federación ecuatoriana le sancionó con 20 partidos de suspensión.

Emir Aleckovic. El bosnio, suspendido nueve meses, tras ser acusado de abuso sexual a menores, fue denunciado en julio pasado por seis padres de niños que acudían a su escuela de árbitros.

Pérez Izquierdo. El excolegiado  de Segunda División entre los años 1995 y 2003 fue condenado a seis años y un día de cárcel por tráfico de drogas, concretamente, tres kilos y medio de cocaína que transportó desde Bolivia hasta España.

Y así podríamos seguir dando nombres y datos que demuestran que los colegiados no son superhombres, sino de carne y hueso, por eso yo, como norma general suelo confiar en los árbitros. Pero ¿confianza ciega? Ni en Stevie Wonder…

Carlos Manuel Jiménez

Trabajando en la Universidad de Málaga. Subdirector del desaparecido Diario de Málaga. Socio del Málaga en 3ª y en Champions.

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