El Sporting vive ‘in extremis’

No, esto no es una crónica de la crisis económica que atraviesa el Sporting de Gijón, si bien el titular podría valer igualmente para una enciclopedia de no menos de 20 tomos. Se trata de describir un síntoma, una manía, un hábito o llámenlo como quieran que se ha instalado en las filas sportinguistas en este arranque de temporada. No falla, esquemático y repetitivo, siempre con la precisión de un reloj suizo y nunca mejor dicho (ya leerán por qué). Como el crío que deja los deberes para la media hora anterior a la clase, estos chicos (un poco más mayores) que se hacen llamar ‘Mareo Boys’ también tienen la fea costumbre de hacer la tarea en el último suspiro. Y es que, ¡qué sería del Sporting sin los goles en los últimos minutos!

80, la cifra mágica para los pupilos de Aberlardo y remedio para todos los males en Gijón. De no ser por ese número, por ese minuto, la situación deportiva rojiblanca sería bien distinta. Atentos: de los doce goles que lleva anotados el Sporting de Gijón en las primeras ocho jornadas de Liga, la mitad, seis, han llegado entre el minuto 80 y el añadido. En la primera jornada liguera, los dos tantos anotados a domicilio al Numancia llegaron del pie de Guerrero en los minutos 83′ y 88′. Un ejercicio de fe que se volvería a repetir sólo dos semanas después, cuando el Sporting rescataba un punto de Albacete con un gol de Pablo Pérez en el 90′. No volvería a coger el rosario Abelardo hasta la jornada seis, en la que de nuevo Guerrero salvaba un empate ante el Valladolid en el minuto 86. Pero la muestra más evidente de este virus de dejadez la vimos hace tan sólo dos días en El Molinón y ante el Leganés: los locales dominaron todo el partido con absoluta superioridad, pero se dejaron abofetear de nuevo, y no fue hasta a falta de nueve minutos para el final cuando decidieron desperezarse. Guerrero, convertido ya en ángel de la guarda gijonés, hacía el 1-1 en el 81′ y el chaval de la cantera y héroe local recién bautizado Carlos Castro certificaba la remontada y victoria en el 93′. Para el escaso aficionado sportinguista cuyo corazón haya aguantado sin una parada es recomendable un marcapasos.

Lo que parece haberse convertido ya en un mal endémico de la plantilla asturiana tiene en realidad su peso en oro. En oro y puntos. La regla matemática es simple y directamente proporcional. La mitad de los goles del Sporting llegan en los últimos diez minutos, y la mitad de los puntos se han ganado con esos tantos. Aupado en la tercera plaza con 16 cuentas, de no ser por ese  milagroso o maldito (según por donde se mire) sprint final, el conjunto de Abelardo estaría en una posición mucho más comprometida, allá por el decimosexto puesto con 8 puntos y a uno del descenso. Dos polos radicalmente opuestos y diez minutos que bien valen una lucha por volver a donde la ciudad, equipo y afición merecen. Diez minutos que siguen marcando el devenir incierto de un equipo sumido en dudas y deudas. Diez minutos de paños calientes.

 

 

 

Hugo Fernández

Estudiante de Comunicación Audiovisual en Granada haciendo las veces de periodista. Amante del deporte desde crío, ahora aspira a poder dedicarse a ello profesionalmente detrás de un micrófono. Redacción y locución, tanto monta, monta tanto.

También te podría gustar...