Athletic Club de Bilbao: único y, de nuevo, campeón

Todo aficionado del Athletic puede ya, tras la larga espera, escribir orgulloso el titular que encabeza estas líneas.

Es hora de sacar pecho para la devota, fiel, orgullosa y esperanzada afición bilbaína. Mucho. De forma tremendamente justificada. Más allá de las fechas y de la inesperada llegada de esta gesta ante un equipo que se antojaba intratable como en otras ocasiones muy frescas en la memoria de todos. Sin duda el rival, plagado de estrellas del fútbol mundial, con el que es para muchos el mejor jugador de todos los tiempos en sus filas, y a doble partido, agrandan la hazaña conseguida elevándola, como no podía ser de otra forma, hasta el grado de «bilbainada de manual».

En todos los mensajes trasladados durante los actos de celebración por parte de los futbolistas del equipo y por parte de la institución rojiblanca resuena y se repite la misma idea: el Athletic es diferente. Una realidad indiscutible que se evidencia en una afición rotundamente identificada con el equipo. Un club cuyo mayor activo será siempre su afición. Los jugadores serán, en cada momento, los que tengan la fortuna de representarla compitiendo. Y los que han desempolvado las vitrinas tienen un mérito indiscutible, al igual que su técnico y en general el trabajo de las últimas temporadas.
Los jóvenes futbolistas que se han dado un baño de multitudes en Bilbao son privilegiados y saben humildemente que muchos otros, quizá mejores que ellos, algunos enormes y además ejemplares en su compromiso con el club, no han podido saborear esas sensaciones en las últimas décadas.

Todo el mundo sabe en Bilbao que si la inagotable labor de cantera es crucial para este equipo lo es aún más ver a los niños y niñas con la camiseta rojiblanca y no con otra. Y ver a los padres y abuelos hacerles partícipes de su afición acompañándoles de la mano enfilando el camino de San Mamés.
El himno del club lo dice:

Aritz zarraren enborrak, loratu dau orbel barria.
El tronco del viejo roble, ha hecho germinar hoja nueva.

Es muy lógico y muy sencillo de entender que los futbolistas que entran en esta singular filosofía por la que el Athletic apuesta conecten con la grada y con el ADN de sus hinchas de la forma en que lo hacen. No se trata de hacer comparaciones frente a los demás equipos que optan por otra vía para confeccionar sus plantillas. Ahora bien, es innegable que la identificación del equipo con su pueblo, con su masa de seguidores, resulta muy sólida. Por la propia cultura compartida, por la forma de ser, por la cercanía. De nuevo el himno nos traslada esa idea:

Athletic, gorri ta zuria danontzat zara zu geuria. Erritik sortu zinalako maite zaitu erriak.
Athletic rojo y blanco para todos eres muy nuestro. Porque naciste del pueblo, el pueblo te ama.

Este ansiado triunfo era muy necesario, por otra parte, para afianzar la idea de que el modelo elegido para competir, romántico y antagónico a la dirección que toma el fútbol global hoy en día, no sólo es posible sino que sigue siendo un modelo de supervivencia en la élite del fútbol casi 120 años después y, además, un modelo de éxito.

A veces los athleticzales nos enredamos entre nosotros o con aficionados rivales en algunos debates o discusiones sobre cuáles son los límites de esa filosofía de jugadores. Sobre si se dan casos en los que se hacen trampas al solitario o si se aplica una visión político-geográfica un tanto difusa. Ciertamente no es fundamental. Ni siquiera importante. En todo caso, todos los equipos quedan invitados a competir de la misma manera si lo desean. Incluso con esas supuestas argucias. Adelante.
Poco importa llegar a consenso sobre si merece la pena limitarse así, sobre si fue o no una buena idea. Todos tenemos una opinión particular. La mía, enraizada en mi corazón de rojiblanco, pero respetable como cualquier otra distinta, es que sin duda sí merece la pena ser únicos. Con el riesgo de que eso dificulte, como ya ha ocurrido en campañas complicadas, el ser deportivamente tan competitivos como para estar en el selecto grupo de los mejores equipos del fútbol profesional.

Después de las últimas tentativas fallidas, la juventud y los niños merecían vivir ya el sueño de un Athletic alimentando su palmarés. Los aficionados un poco más veteranos merecían también certificar que es posible seguir disputando títulos y no tener necesidad de almacenar esas lejanas alegrías deportivas como tesoros y recuerdos irrepetibles.

Comprendo que toda esta parrafada a muchos aficionados de otros equipos les resulte complicada de asimilar. Algo así como una historieta, una fábula, un cuento de hadas que quien suscribe piensa que puede vender o convertir en verdad, como se dice de las mentiras, a base de repetirla. No me extraña. Es Athletic. No es sólo un equipo de fútbol más. Se entiende o no se entiende. Se siente o no se siente.

¡Aúpa Athletic txapeldun!

Antonio Sala

Fútbol desde la cuna. Procedente del mismo centro de Bilbao y, por tanto, del Universo. Aburrido y crítico con la anticompetición establecida.

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