Algo está podrido en el mundo del «fúrbol»

Ángel María Villar parece un hombre tranquilo. Quizá Johan Cruyff, que en paz descanse, no opine lo mismo. El 24 de marzo de 1974, corría el minuto 36 de partido en San Mamés, cuando el entonces centrocampista bilbaíno le dio un puñetazo, bastante errático además, al jugador más importante del planeta en aquel momento y el árbitro le mandó a la caseta. Villar se revolvió rabioso tras recibir una dura entrada, impropia del holandés. Acto seguido, sin esperar a ver el color de la tarjeta y consciente de la ilegalidad de su agresión, tomó el camino del vestuario. Iribar, el Chopo, capitán del Athletic Club de Bilbao, le pegó una buena bronca por dejar al equipo en inferioridad numérica y la sanción económica de su propio equipo y de la Federación fueron ejemplares.

Hace más de 40 años de aquello y, sin embargo, sus recientes imágenes escoltado por los guardias civiles evocan un aroma metafórico, casi predictivo, de aquella acción aislada. Villar golpeando sin sentido a la esencia del fútbol y cabizbajo, entregado a la justicia, con la misma mirada de culpabilidad reconocida.

Su carrera como jugador, prácticamente desconocida hoy en día para todos aquellos que le hemos conocido ya apoltronado dormitando por todo el mundo en los palcos de los estadios, fue bastante importante. Diez años en un muy buen Athletic que, sin embargo, no cosechó más que la Copa del Generalísimo del 73 ante el Castellón y la recordada derrota a doble partido en la final de la UEFA del 77 ante la poderosa Juventus de Turín.

Los gurús de la terminología futbolística de la última década dirían que se trataba de un medio centro eminentemente defensivo, tácticamente muy disciplinado, capaz de hacer muchos kilómetros y que no perdía casi nunca balones en los pases porque tenía habilidad e inteligencia para elegir la opción más fácil, convirtiendo incluso en virtud un cierto abuso del pase atrás. Estas características le valieron 22 partidos con la selección.

Podría haberse alejado del fútbol cuando colgó las botas con 31 años pero no fue así, ni mucho menos. Ahora le espera un proceso probablemente largo y penoso en el que tener que dar demasiadas explicaciones, además de sumar unos cuantos párrafos negativos en su biografía de Wikipedia que emborronen merecidamente y para siempre todo lo que se conocía hasta ahora de su figura pública.

Fundador, entre otros, de la Asociación de Futbolistas en la que ejerció como Vicepresidente, Presidente de la Federación Vizcaína y posteriormente de la Federación Vasca de Fútbol desde la que dio el salto a la Junta Directiva de la Federación Española, fue elegido Presidente de la misma en 1988 y ya nunca más hemos conocido otro.

En cada reelección, cada cuatro años, ha gozado de un respaldo abrumador por parte de la Asamblea representativa del mundo del fútbol español y por parte de los clubes poderosos. Es inquietante ver que el candidato elegido en 8 ocasiones, solamente en 2 de ellas con oposición, y durante 29 años está pasando sus primeras noches en el calabozo. Seguro que alguna persona no está durmiendo bien intuyendo que no es el PC Fútbol lo que se quieren descargar de esos discos duros los señores agentes.

Su periplo también alcanza los máximos organismos rectores del fútbol europeo y mundial: directivo de la UEFA, donde llegó a ocupar la Presidencia en funciones hace solo un año tras el abandono obligado del inhabilitado Platini, y Vicepresidente de la FIFA.

No es que su labor haya estado exenta hasta ahora de polémicas, de enzarzadas bochornosas y tremendamente perjudiciales para la imagen del fútbol en este país con los Tebas, Cardenal y demás detractores, de truculentas investigaciones relacionadas con posibles tratos de favor hacia clubes y federaciones territoriales, de manos oscuras en el estamento arbitral, de episodios de chapucería en los procesos electorales, en las competiciones, en la selección, en las cuentas o en la gestión, pero parecía que el señor del “fúrbol” iba librando. Incluso con cierta soberbia y aderezado con el circo mediático habitual que rodea al deporte rey. Hasta ahora.

El fútbol está tomando poco a poco el relevo de la política. Ahora es sector de tendencia en España en los escándalos y las investigaciones relacionadas con delitos de corrupción entre particulares, apropiación indebida, delitos contra la Hacienda Pública, alzamiento de bienes, administración desleal, falsedad documental, etc. Sus mandamases y, de momento, sus estrellas más representativas sienten el aliento en el cogote. Queda mucho por ver.

A los futbolistas y a los aficionados nos iba mejor cuando lo que recitábamos de memoria no era la lista de delitos tipificados en el código penal sino las alineaciones de nuestros equipos. Con los números del 1 al 11.

A Villar también le iba mejor ser recordado como ese presidente perpetuo, incapaz de referirse correctamente en términos de dicción al negocio que tanto poder le había otorgado, y que siendo jugador sacudió a Cruyff. Ahora será muy recordado también por su nuevo estatus de presunto chorizo.

Antonio Sala

Fútbol desde la cuna. Procedente del mismo centro de Bilbao y, por tanto, del Universo. Aburrido y crítico con la anticompetición establecida.

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