Grecia 2 – 1 Costa de Marfil: El romanticismo hecho fútbol

¿Qué sería del fútbol sin los equipos sorpresa? Esos que son capaces de echar abajo todas las apuestas y de romper quinielas cuando nadie se lo imagina, de los que ganan cuando todo está en contra y pierden cuando se espera que triunfen. La emoción, la lucha y el no saber que ocurrirá hasta que el árbitro pite el final también contribuyen al espectáculo del deporte. En este sentido, no hay selección en el Mundial más romántica que la griega, empeñada en convertir a escépticos en creyentes desde que en 2004 asombró a todos conquistando la Eurocopa de Portugal.

Grecia sigue superando barreras, pues será la primera vez que los helenos estén en la fase final de un Mundial. Y esta clasificación la han conseguido al estilo griego, el que les ha convertido en un equipo con una altísima dosis de romanticismo. Al conjunto dirigido por el portugués Fernando Santos solo le servía ganar, mientras que Costa de Marfil únicamente tenía que sumar un punto para estar entre las dieciséis mejores del mundo en Brasil.

Excesivamente conservadora y contemplativa, Costa de Marfil salió a buscar el empate que le habría bastado para meterse (junto a Colombia) en octavos de final. Y a los africanos parecía irles bien, antes del minuto 25 Grecia ya había tenido que hacer dos cambios por lesión. El portero del Granada Karnezis abandonó por Glykos y Kone cedió su sitio a Samaris. Cuando todo parecía estar cuesta arriba, el mencionado Samaris se empeñó en hacer bueno el cambio: robó un balón a Tioté y realizó una pared con Samaras que culminó con el primer tanto del partido. Grecia se adelantaba y ponía en un gran apuro a Costa de Marfil al poco del descanso.

La fe de Samaras movió una montaña

En el segundo tiempo, los marfileños debían asumir riesgos; el resultado ya no les valía, había que marcar. Grecia fue agresiva en defensa y buscó el segundo gol, sobre todo, a través de acciones rápidas y jugadas a balón parado. En este aspecto del juego es especialmente destacable el Leonidas del siglo XXI, que a sus 37 años sigue haciendo méritos para formar parte del Olimpo del fútbol griego. Karagounis continúa dando que hablar y de sus botas salió una de las oportunidades más claras del encuentro, que repelió el travesaño de la portería africana.

Sin embargo, fue Costa de Marfil la que dio primero en el segundo acto, por medio de una buena acción de Gervinho que culminó Bony. El delantero del Swansea hizo de Drogba y empató el partido. La selección de Sabri Lamouchi estaba en octavos de final con este resultado; hubiera sido el primer equipo africano en superar la primera fase en este Mundial.

En ese momento apareció de nuevo la Grecia más devota y espartana, pocos jugadores podrían representarla mejor que Samaras. Con las casas de apuestas pagando muy baja la clasificación de Costa de Marfil, el delantero del Celtic fue derribado en el área por Sio; el árbitro no lo dudó, señaló penalti. Era el minuto 93 de encuentro y once metros separaban a Samaras de Barry. El portero marfileño adivinó la intención pero el atacante heleno lanzó muy bien (ajustado, fuerte y a media altura) para provocar el delirio en el banquillo griego.

No hubo tiempo para más, Grecia lo había vuelto a conseguir. Con fe y lucha ha logrado escribir otra página en su particular libro de historia. Ahora el romanticismo continúa, en octavos de final espera una eliminatoria inédita, y presumiblemente bonita, frente a la fantástica y sorprendente Costa Rica.

Ficha técnica

Grecia: Karnezis (Glykos min 23); Torosidis, Manolas, Sokratis, Holebas; Maniatis, Karagounis (Gekas min 81); Salpingidis, Kone (Samaris min 11), Lazaros; y Samaras.

Costa de Marfil: Barry; Aurier, Kolo Touré, Sol Bamba, Boka; Tioté (Bony min 64), Serey Die; Kalou, Yaya Touré, Gervinho (Sio min 86); y Drogba (Diomande min 81).

Goles: 1-0 min 41 Samaris. 1-1 min 77 Bony. 2-1 min 93 Samaras (p).

Árbitro: Carlos Vera (Ecuador). Amonestaciones a Drogba, Kalou y Serey Die.

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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