De Riquelme a Denis Suárez

Si un jugador ha cobrado especial protagonismo este año en el fútbol español, es el futbolista gallego Denis Suárez. Tras un par de temporadas en el oscurantismo de aquel que queda relegado al frio y asolador banquillo, el menudo interior del Villarreal se ha destapado como un excelente pasador y un notable driblador.

Roig y su dirección técnica fueron a convencerle a Nervión para que recalase en el Villarreal a finales de agosto. El principal impedimento era Unai Emery, técnico sevillista. El preparador de Fuenterrabía contaba con la joven perla gallega, o eso decía, porque cuando llegaba el momento de confeccionar el once, domingo tras domingo, se olvidaba de él.

Su suplencia en el encuentro de la Supercopa de Europa detonó la situación. Suárez se decidió por aterrizar en la entidad de La Plana, convencido por las promesas de un mayor protagonismo en tierras castellonenses. Desde entonces, hace poco más de siete meses, ha crecido inconmensurablemente como futbolista. El que fuera el «plan B» de Cheryshev para reforzar la banda izquierda ha cogido el timón del Submarino en los momentos clave de esta campaña. La asistencia en el partido de ida ante el Liverpool y la diana de lanzamiento directo que firmó ante el Nápoles son sus principales credenciales y su carta de presentación para el fútbol europeo.

La excelente campaña de Denis Suárez en El Madrigal no ha sorprendido entre la afición amarilla que ya ha experimentado la emersión de jugones de talla mundial como fueron en su momento Juan Román Riquelme o Santi Cazorla.

En especial, sorprende el caso del diez argentino que se enfundó el ocho amarillo durante su periplo por el Villarreal. El catalogado como «el último diez» del fútbol moderno y uno de los últimos vestigios del fútbol de antes –a menos revoluciones, pero mayor espectáculo- abanderó el mejor Villarreal de la historia, impregnándole su estilo personal. De esta forma, marcó a fuego el tiki-taka en el ADN del club castellonense.

Como suele ser el típico en las estrellas, Juan Román Riquelme acabó sacando a relucir su ego y el entrenador, por aquel entonces Manuel Pellegrini, con permiso de los altos dirigentes de la entidad, apartó al crack argentino del equipo por problemas extradeportivos. En el verano de 2007, Riquelme volvió a la cuna que le vio nacer como futbolista, La Bombonera.

No obstante, ese estilo característico que se había implantado a raíz de la llegada del argentino no se perdió, ya que un joven Santi Cazorla tomó el relevo y, echándose el ocho a la espalda, asumió el reto de comandar al Villarreal, manteniéndole por los fueros de su predecesor.

Cinco años duró el reinado del habilidoso extremo asturiano en el Villarreal, hasta que Fernando Roig emprendió, probablemente, la decisión más costosa de su carrera al frente del Submarino Amarillo. El máximo mandatario del Villarreal decidió desprenderse por problemas económicos de su buque insignia a cambio de 20 millones de euros que sanearan las por aquel entonces pertrechas arcas del club.

A partir de aquí, la historia se la sabe casi todo el mundo. La temporada siguiente el club amarillo se vio superado por las circunstancias y tras completar una temporada para olvidar descendió a los infiernos de la segunda división. Un duro varapalo para un equipo que había navegado por las calmadas aguas de Europa.

Por suerte, el infierno de segunda no duró más de un año, pero para sobrevivir a semejante tempestad y que el navío no se hundiera, se tuvieron que tirar muchos mimbres por la borda. El club para cuadrar las cuentas debió renunciar a grandes futbolistas que tenía en el plantel, cuyo salario era inasumible para un equipo que jugaba en la categoría de plata de nuestro fútbol.

Finalmente, el Submarino Amarillo emergió de nuevo a la superficie del fútbol español. Únicamente dos temporadas le bastaron para consolidarse de nuevo en la categoría y demostrar que el Villarreal había venido para quedarse. No obstante, durante ese periodo se había perdido esa figura que encarnó Riquelme y después Santi Cazorla. Aquel jugado que hacía reconocible al Villarreal y le daba sentido a su estilo de juego.

A finales de agosto de 2015, después de que fuentes cercanas al club reconocieran la imposibilidad de reforzarse con uno de los principales objetivos que se había impuesto el club, Denis Cheryshev, Fernando Roig Negueroles y la secretaría técnica amarilla cambiaron el rumbo y fijaron como objetivo otro futbolista, otro Denis. Denis Suárez.
Al principio, a parte de la afición amarilla no les satisfizo la idea. Veían en el jugador gallego un remiendo de última hora para solventar las carencias que arrastraba el conjunto de Vila-real a falta de unos días para que comenzara la competición.

Sin embargo, por unas razones u otras, el exsevillista consiguió explotar como estrella a las órdenes de Marcelino. El interior gallego se destapó como un futbolista de excepción: toque, desborde, descaro… En definitiva, todo lo que había tenido con anterioridad el ocho amarillo. Lo cierto es que Denis no lleva ese ocho, pero se lo ha ganado.

Ahora, el Barça, club que transfirió a Riquelme al conjunto amarillo, pretende arrebatarle a Denis Suárez haciendo efectiva una cláusula que, todo hay que decirlo, le permitió recalar en tierras castellonenses. Suárez tiene dos opciones: pasar del 18 al ocho o volver al banquillo, pero en Barcelona. Para más inri, hay quien dice que este verano vuelve Santi Cazorla.

Javier Ayuso

Periodismo en UJI. información y Opinión. Aficionado del Villarreal CF. 1995.

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