Nadie llora el tango de Éver Banega

Casi nadie en Valencia se acuerda de Éver Banega. El casi adiós del «Tanguito» hace que muchos «baneguistas» en Mestalla se pregunten: ¿por qué? Demostrando una calidad propia de los mejores futbolistas desde el día que debutó, y a pesar de su tambaleante vida extradeportiva, se ganó a los enamorados del fútbol de salón; ese fútbol que algunos valencianistas seguramente echarán de menos lo que resta de temporada.

En 2008, frente al Barcelona, salía al campo un chaval de apenas 19 años que había costado la friolera de 18 millones. Esa noche se comió el campo y dejó boquiabiertos a todos los que lo presenciaron, como si llevara toda la vida jugando en Valencia. Un derroche de fútbol que hizo que en Mestalla se empezaran a frotar las manos ante la llegada de tal perla al equipo.

Lo que no sabían es que esa temporada fue el comienzo de la caída del Valencia, con Ronald Koeman y Juan Bautista Soler como emperadores de aquel impero que pronto empezó a ser destruido por la crisis del ladrillo y la mala gestión deportiva y extradeportiva. En ese momento llegó Éver, en el más inoportuno, en el inicio del peor momento institucional del Valencia hasta el momento. Y que aún dura.

Lo mejor de Éver es que, a pesar de que fuera del campo tuviera más de un percance, dentro de este era capaz de ser único, tuviera a quien tuviera delante. Ese es Éver Banega, capaz de todo y de nada. De ganarse a todos con tan solo un control, un regate fácil y un pase al hueco; y capaz de que lo olvidemos, por su triste, irremediable y siempre discutida irregularidad. Por esta última, casi nadie ha llorado su casi adiós del Valencia.

Aún otorgándole el mítico «10» a la espalda y el brazalete de capitán, con todo lo que suponían estos galones, Éver seguía siendo intermitente. Una de cal y dos de arena. Intermitente siendo el mejor, siendo el escudo del Valencia y el capitán. Su cabeza o quizás su personalidad no encajaban con tanta responsabilidad.

El Newell’s Old Boys argentino es su nuevo equipo hasta el 31 de junio, el equipo de toda su vida. Con las cualidades que tiene el mediocampista, seguro que será el estandarte de este equipo, pero la gran duda esté en si lo hará como en Valencia o como realmente sabe hacer. Lo que nunca podrá negar es que en Valencia, a pesar de su vida extradeportiva, siempre se le apoyó y, sobre todo, se le esperó. Conociendo el ADN de fútbol que corría por sus botas se esperó cada año a su consagración definitiva, pero esta nunca llegó.

Siempre recordaremos tu fútbol, pero aún más que nunca fuiste lo que podrías haber sido. El mejor. Suerte, «Tanguito».

Raúl Molina

Periodista catalán de nacimiento pero valenciano de sangre y corazón. Su pasión, el fútbol y su gran amor, el Valencia.

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *