Devuélvannos a nuestro Valencia

Hay que ver cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando la gente se echó a las calles de Valencia para celebrar un doblete histórico. Los que tuvimos la suerte de vivirlo jamás olvidaremos todo aquello. Eran días de alegría, de emoción, de orgullo, de sentirse afortunado y a la vez agradecido a aquellas personas que un día tuvieron a bien transmitirnos este sentimiento. Vimos con nuestros propios ojos cómo nuestro Valencia se sobrepuso a los chascos de París y Milán para convertirse en un equipo campeón. Éramos la envidia de Europa, capaces de arrebatarle un par de ligas a la primera versión del Madrid galáctico de Florentino. Todos querían ser como nosotros. No nos hacía falta la opulencia, nos bastaba con el compromiso, el sacrifico y la humildad.

En diez años la vida da muchas vueltas. Tantas que uno puede llegar a marearse. Los mismos que vimos llegar a nuestro equipo a lo más alto presenciamos el desmoronamiento paulatino del club. Aprovechando la inercia ganadora llegó un constructor con aires de grandeza. Vio en el Valencia la posibilidad de seguir llenando sus bolsillos todavía más. Antepuso su interés personal a todo lo demás y el pelotazo le explotó en la cara. Lo peor de todo es que, cinco años después de la salida de Soler de la entidad, todavía estamos pagando las consecuencias.

Todo esto ha confluido en un punto de no retorno. El culmen de esta decadencia económica y social ha llegado acompañada de la peor temporada del equipo en los últimos veinte años. Ha sido una año difícil, lleno de sinsabores y marcado por el proceso de venta. Un año que, en lo deportivo, acabó para todos en el minuto 94 del partido de vuelta de las semifinales de Europa League contra el Sevilla. El cabezazo de M’bia acabó de un plumazo con el sueño de Turín. Una hostia solo comparable a la de las dos finales de la Liga de Campeones de principio de siglo. Mestalla enmudeció y volvió a la cruda realidad, la de comisiones gestoras y ofertas vinculantes.

Si se cumplen los plazos, antes de que acabe la semana sabremos quien es el nuevo dueño del club. No tengo ni idea de si será la oferta china, la americana o la rusa la que salga triunfadora en este cansino proceso de venta. Tampoco me importa mucho porque la información que se ha dado de cada una de ellas es más bien escasa. Las líneas maestras de los proyectos que se han presentado también son desconocidas para casi todos los valencianistas. Pero también me la trae bastante floja. Lo único que pido a los que resulten elegidos es que no caigan en los mismos errores que sus antecesores. Que además de hacer negocio con el patrimonio inmobiliario del club, no se olviden de que tienen entre manos un equipo de fútbol con mayúsculas. Y que, por supuesto, nos devuelvan a nuestro Valencia. Ese que se sobrepuso a los guantazos del destino para demostrar su grandeza.

Alejandro Martín García

Periodista valenciano con corazón blanquinegro y afincado en la meseta. Antes intentaba jugar a fútbol, ahora prefiere contarlo.

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