Todo se transforma

Dice el refrán que nada termina conforme empezó y dice Drexler, en su afán por poetizar lo cotidiano, que lejos de perderse, todo se transforma. Hilando hechos y consecuencias, el cantautor uruguayo nos intentó mostrar hace ya más de diez años ese eterno cambio potenciado por acciones aparentemente banales que terminan modificando el transcurso de nuestras vidas, nuestros caminos y nuestras metas.

Nada se escapa de esta máxima hecha frase popular. Desde un libro hasta nuestra propia vida pasando por cualquier competición deportiva. Desde el proceso más sencillo al más complejo. Todo sufre variaciones por mil y un motivos diferentes que pueden estar o no bajo nuestro control.

Pregúntenle al reciente medallista olímpico Marcus Cooper Walz, que pasó del diploma al oro en escasos 200 metros. Pregunten. Analicen antes de encender las alarmas. Comprueben. Revisen datos y hemerotecas. Tranquilícense, aficionados de unos y otros equipos españoles; esto no ha hecho más que empezar.

Visto el tremendismo -ya sea positivo o negativo- con el que ciertas aficiones se han tomado los primeros resultados de este inicio de Liga, he decidido realizar personalmente ese ejercicio de búsqueda y análisis que demuestra que en la vida en general y en el fútbol en particular, las primeras impresiones tienen poco que ver con el resultado final.

Cierto es que a todos nos gustaría empezar con buen pie el campeonato regular, pero esto no es ni mucho menos sinónimo de éxito o ventaja. Sería de necios -y de portada de periódico deportivo nacional- sacar cualquier conclusión faltando por sumar más de ciento diez puntos en casi diez meses. Mantengámonos al margen de estas especulaciones tertulianas y seamos cautos. No lo digo yo, lo dice la historia. No lo digo yo, lo dicen los datos.

Muchos han sido los que tras uno, dos e incluso tres tropiezos han terminado mostrando su mejor versión y superando con creces su objetivo -y viceversa-, lo cual ha hecho que a día de hoy no recordemos aquel inicio nefasto y lleno de críticas -y viceversa también-.

Messi, ante Cabrero en la derrota frente al Numancia de 2008 | Foto vía sports.bwin.es

Messi, ante Cabrero en la derrota frente al Numancia de 2008 | Foto vía sports.bwin.es

Para conocer uno de los casos más llamativos solo tenemos que remontarnos algo más de un lustro atrás. Como justo antes indiqué, quizá el éxito posterior nos hizo olvidar tales jornadas de angustia pero, aunque sea recordado por pocos, el debut de Pep Guardiola como entrenador del FC Barcelona en la temporada 2008-2009 trajo una serie de malos resultados que ponían en duda la fiabilidad del joven entrenador que, meses después, les convertiría en el único equipo del mundo capa de ganar los seis títulos que disputarían en un año natural.

Así, la primera jornada de liga se saldó con una derrota blaugrana por la mínima en el Estadio de Los Pajaritos -feudo habitual del Numancia-, siendo ahondada la crisis con un empate como local frente al Racing de Santander en el segundo fin de semana de competición. Un punto de seis posibles en un campeonato del cual todos conocemos el final. Un punto de seis posibles que sobraron y bastaron para convertirse en uno de los mejores equipos habidos y por haber.

En cambio, una fortuna distinta corrió el primero de los equipos que derrotó al Barça de Guardiola, ya que el Numancia de Soria terminó descendiendo a la división de plata ese mismo año tras un paso fugaz por la primera categoría del fútbol español.

También con un gran inicio de campaña se fraguó el descenso del Eibar de Garitano hace dos temporadas. Octavos hasta la jornada 22, los armeros terminaron el curso en la parte baja de la tabla (18º) empatados a 35 puntos con Granada y Deportivo, manteniendo finalmente la categoría gracias al polémico descenso administrativo del Elche de Escribá (13º).

Dos años antes del desplome armero, en la temporada 2011-2012, sufrimos también varios cambios de tendencia importantes a mitad de curso. Siendo la última jornada recordada por todo aficionado al fútbol español, la temporada terminó con un Villarreal descendido gracias a una carambola múltiple que salvó in extremis a un Rayo Vallecano que llegó a rozar los puestos europeos a mitad de temporada.

Inversamente proporcional a la caída rayista fue el ascenso progresivo de uno de los equipos con más mérito de la historia reciente del fútbol español. Dirigidos por Joaquín Caparrós y haciendo gala de un fútbol defensivo y de coraje, el Levante consiguió meterse ese mismo año en UEFA al ser el 6º equipo mejor clasificado a tan solo dos puntos de puestos de Champions League aun siendo incapaces de pasar del empate en los tres primeros partidos.

Tendencia opuesta a las de Eibar o Rayo fue la que ha desarrollado en más de una ocasión el Valencia. El principio de la temporada 2001-2002 fue algo complicado para los de Mestalla. En la jornada 6 tan solo contaban con diez puntos y solo dos victorias, situándose en la novena posición. Al término del campeonato, treinta y dos jornadas después, terminaron proclamándose campeones de liga con setenta y cinco puntos, siete por delante del Deportivo de la Coruña.

No fue hasta esta temporada 2001-2002 cuando el Valencia consiguió hacerse con el título de Liga de la mano de Rafa Benitez, aunque fueron claros aspirantes a él durante los años previos. Seis temporadas atrás, en la 1995-1996, el conjunto che fue el único que consiguió plantar cara al mítico Atlético de Radomir Antic.

A pesar de que fueron los del Manzanares quienes consiguieron hacerse con Liga y Copa, el Valencia se mostró como un férreo rival y aspirante al campeonato regular a pesar de comenzar el año con mal pie y es que los goles de Mijatovic, Gálvez o Fernando consiguieron remontar el mazazo que supuso la primera derrota contra el Deportivo de la Coruña por 3-0.

Estas y otras muchos historias como las de Villarreal en la 2005-2006 o Atlético en la 2008-2009 para conseguir hacerse con una plaza en la Champions demuestran que en esto del fútbol nunca debemos darnos por vencidos. Por suerte o por desgracia los campeonatos regulares como La Liga cuentan con casi cuarenta jornadas que te permiten fallar en más de una ocasión y, aunque todos soñamos con realizar un curso perfecto y no dejar de sumar en ningún momento, esto se presenta imposible.

Esto es fútbol. Unas veces se gana, otras se pierde e incluso se empata. Quedan más de cien puntos en juego. Esto no ha hecho más que empezar. Esto tiene que transformarse.

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