La copa que nos cambió la vida

Mañana miércoles, el corazón sevillista volverá a latir al ritmo que marcarán las palmas del himno con el que vibran cada partido las gargantas blanquirrojas. A casi 1.900 km de la capital hispalense, 10.000 banderas ondearán al cielo del lugar donde habita la «vecchia signora», en la bella Italia. Una ciudad, Turín, cuyo equipo ya ha visto llegar en tres ocasiones el entorchado de la UEFA-Europa League. Junto a la Juve, solo Inter de Milán y Liverpool han conseguido este hito. Y el Sevilla F.C., quiere imitar esta gesta y conseguir por tercera vez su copa, la que le cambió la vida, la que consiguió que el sevillismo retornara a las alturas del fútbol español y europeo que había abandonado durante los 50 largos años de sequía posteriores a la construcción del Ramón Sánchez Pizjuán. Años convulsos, con descensos administrativos que amenazaban con llevar al club a los sótanos de la 2ªB española, con presidentes sinvergüenzas de cuyo nombre no quiero ni acordarme, y con jugadores mediocres.

Afortunadamente, aquellos tiempos marcharon para dejar paso a una estabilidad que trajo éxitos. Y esto ocurrió gracias a la llegada de Roberto Alés y su austeridad, la de Joaquín Caparrós con el ascenso y la vuelta a Europa, además jugadores comprometidos y profesionales como Javi Navarro, Pablo Alfaro, David Castedo o Martí. Y luego, un técnico al que nadie quería por su pasado bético pero que pasó a los anales de la historia, la eliminación con el Cádiz en Copa, el empate con el Espanyol en casa, los pitos, un equipo que comenzaba a jugar de memoria, los goles, Saviola, Luis Fabiano, Kanouté, la remontada ante el Lille, la goleada al Zenit, la colina de Gelsenkirchen, el paradón de Palop, el no hay billetes en el estadio aquel jueves de Feria y el gol en el minuto 100 del siempre recordado Antonio Puerta.

Foto vía sevillaactualidad.com

En estas breves líneas, se cita el difícil camino que llevó al Sevilla a su primera final europea. Llegaba Eindhoven y allí, en el Phillips Stadium, esperaba un sorprendente Middlesbrough inglés, que había eliminado a la Roma, al Basilea o al Steaua de Bucarest, todos históricos en Europa.  Se había desatado la locura en Sevilla, todos querían entrada, pero solo unos 16.000 sevillistas serían los privilegiados que viajarían a Holanda. Y la Copa de la UEFA, la primera, voló a Sevilla tras un impresionante 0-4, y con los Alves, Palop, Kanouté y Maresca jugando de maravilla. Lágrimas desde Nervión, ni en los mejores sueños habrían imaginado esto. Solo un disparo de Viduka pudo poner en peligro la eliminatoria.

Se vivían días de vino y rosas. Nadie podía imaginar que lo mejor estaba por llegar. Ocurría en aquel caluroso agosto, en la lujosa capital del principado monegasco. El Estadio Louis II de Mónaco sería testigo de una auténtica apisonadora blanca, que derrotó a un equipo que contaba con Ronaldinho, Deco, Messi, Iniesta, Xavi… casi nada. El tan laureado F.C. Barcelona de Pep Guardiola era reducido a la vulgaridad en manos de los jugadores sevillistas. Goleada de las históricas de nuevo, 3-0 de Renato, Kanouté y Maresca, junto con una jugada de Oliver y Benji nacida de las botas de Antonio Puerta y que dejó boquiabierto a medio mundo.

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Foto vía rtve.es

Pero esto no había hecho más que empezar y la historia se repitió en una temporada de ensueño, la 06-07. El Sevilla se había reforzado bien y la maquinaria estaba perfectamente engrasada. Con una delantera que recordaba a las mejores, con Kanouté y Luis Fabiano, se estuvo luchando hasta el final por la Liga, evitada por dos petardazos ante Espanyol y un recién ascendido Nástic, además de la derrota en el Bernabéu y el mangazo de dos penaltis en el penúltimo partido en Son Moix por Iturralde González. Pero llegó a dos finales y las dos las ganó. La de Copa del Rey ante el Getafe en Madrid, con un desplazamiento histórico de 80.000 sevillistas, y otra vez en Europa, su segundo entorchado internacional ante un Espanyol que había dado la sorpresa llegando hasta ahí.

En aquella ocasión, para llegar a Glasgow, el Sevilla tuvo que eliminar al Steaua, al Shakthar Donetsk con el gol en el descuento de Andrés Palop, al Tottenham y a Osasuna, con otra remontada épica tras perder la ida en El Sadar con un gol de Roberto Soldado.  Y llegó la final en tierras escocesas. Hampden Park fue testigo de un partido muy competido. Adriano, Riera, Kanouté y Jonatas, llevaron el partido a los penaltis. Y allí surgió la figura inmensa de un santo, San Andrés Palop, que paró el penalti decisivo de Torrejón y llevó al Sevilla a su segunda gloria europea. Todo se coronó con la clasificación para Champions.

Foto vía elcorreoweb.es

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Entonces la desgracia llegó a Nervión y se llevó a Antonio Puerta al tercer anillo del Ramón Sánchez Pizjuán en aquel fatídico partido ante el Getafe de finales de agosto. El Sevilla cambiaba el color blanco y rojo por el negro absoluto. Todo se tornaba a oscuro. Uno de los jugadores más queridos se marchaba. Se perdió la final de Super Copa con el Milán. Se entró en Champions tras eliminar al AEK Atenas en la previa. Juande Ramos dejaba tirado al equipo seducido por el olor del dinero que llegaba desde Inglaterra a mitad de temporada, con unos jugadores rotos por los acontecimientos. Llegaba Manolo Jiménez. El Sevilla sacó fuerzas de flaqueza y quedó 5º, por lo que volvió a la UEFA.

Tras la breve sequía de éxitos, vuelve el Sevilla grande. Llegaba la temporada 2009-10. Tras eliminar a equipos como el Barcelona, los nervionenses evitan una remontada del Getafe en semifinales y se vuelven a clasificar para la final de Copa del Rey. Se celebraría en el Camp Nou, ante el Atlético de Madrid de Quique Sánchez Flores, que venía de ganar la UEFA y empezaba a dar muestras de ser el gran equipo que hoy lucha por Liga y Champions. Y otra vez, el Sevilla gana con superioridad, con goles de Diego Capel y Jesús Navas.

MBia desata la locura.

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Y de nuevo nos encontramos aquí, en la gloria europea, donde solo los grandes llegan. Tras unas temporadas de bandazos, de quedar novemos, de diversos entrenadores como Antonio Álvarez, Manzano, Marcelino o Míchel, llega un vasco de Hondarribia para poner al Sevilla de nuevo en lo más alto. Unai Emery ha llevado a un Sevilla de menos a más. Un proyecto a tres años, que solo tenía la obligación de volver a entrar en Europa, pero que casi acaba clasificándose para la Champions. Un técnico que ha sido muy criticado por su manera de entender el fútbol, al que tampoco entendían en Valencia, y que fue casi defenestrado tras perder en la primera ronda de Copa del Rey ante un 2ªB como el Racing. Pero Emery ha callado bocas a base de trabajo y de éxitos, además de tener a la fortuna de su parte con ese tremendo gol de M’Bia que nunca se podrá olvidar. Ellos, Bacca, Gameiro, Vitolo, Alberto, Carriço, Fazio, Pareja, Beto… son los nuevos protagonistas que deben llevarnos de nuevo a la gloria ante el Benfica. Que así sea, por el bien del fútbol, por Sevilla, por el sevillismo, por todos. ¡¡Vamos, Sevilla!!!

Juan Ignacio Borrallo

Técnico superior en imagen audiovisual. Licenciado en periodismo. Amante del fútbol justo y de un Periodismo de calidad.

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