Recordando a Aitor Zabaleta

El próximo lunes, 9 de diciembre, se cumplen 15 años de uno de los acontecimientos más tristes en la centenaria historia de la Real: el asesinato del aficionado txuri urdin Aitor Zabaleta. Este lamentable suceso, que no sirvió para aprender de los errores, hizo cambiar la percepción que se tenía del Atlético de Madrid en Donosti. Incubó en los jóvenes aficionados de la Real de finales de los noventa una antipatía hacia equipo rojiblanco que aún se mantiene. Es el recuerdo que mantienen de la niñez de lo acontecido en esa fría noche de diciembre en la puerta 6 del Vicente Calderón. Para los olvidados, recordamos los hechos que acabaron con la vida de Aitor.

Aitor Zabaleta era un humilde seguidor de la Real que quiso acompañar a su novia a Madrid a ver el partido de vuelta de la Copa de la UEFA entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad de la temporada 98/99. Pero la mala suerte de estar en el lugar inadecuado y en el momento más inapropiado hizo que no pudiera regresar a su hogar tras el encuentro. Fue víctima de la violencia que acompaña, desde tiempos inmemorales, a este bello deporte llamado fútbol. Ya el partido de ida fue brusco y tenso, tanto en el terreno de juego, donde acabó ganando la Real por 2-1, como en el graderío, donde el centenar de ultras del Atlético no pararon de provocar, lo que obligó a la Ertzaintza a expulsarles de Anoeta antes del final del partido. Debido a esto hechos, algunos inconscientes decidieron apedrear el autobús de los radicales, echando más leña al fuego. Y ese fuego prendió el 9 de diciembre. Ese triste día, varios ultras del Atlético decidieron tomarse la ‘justicia’ por su mano en lo que algunos de ellos definieron como “cacería al vasco”. Y ahí aparece Aitor, que fue a Madrid temprano con el único fin de ver la victoria de su equipo en el Manzanares, y que encontró la navaja de un radical colchonero (que debía volver por la noche a la cárcel) en una emboscada realizada por los ultras en los aledaños del campo. Los radicales habían conseguido su premio; el partido, que se tenía que celebrar unas horas después, les daba igual. Eran las 18:30. Aitor resistió todo lo que pudo pero a eso de las 3 de la madrugada fallecía en Madrid. La violencia de unos pocos había podido con la ilusión de todos.

Desgraciadamente, Aitor Zabaleta no es, ni el único, ni el último seguidor de un equipo de fútbol que ha fallecido a manos de radicales tras asistir a un partido. Tras él, en 2003 moría el deportivista Manuel Ríos tras un partido celebrado en Santiago de Compostela. Pero no solo es muerte lo que traen los radicales al fútbol. Los futboleros estamos hartos de observar cómo ultras de diferentes equipos hacen quedadas para pegarse aprovechando el encuentro entre sus dos “clubs”, la última en Granada el pasado fin de semana, o cómo los radicales de un club se presentan en el entrenamiento a ‘dialogar’ con el entrenador, como sucedió hace unas semanas en el Betis. El recuerdo del décimo quinto aniversario del asesinato de Aitor Zabaleta debe servir para decir «stop» a esos radicales, para atrevernos a denunciarles cuando celebren sus apaleamientos y para que los futboleros de verdad logremos, de una vez por todas, sacar a los ultras de los campos de fútbol. Aitor, beti gogoan.

Santiago Elgoibar

Periodista alegre e inquieto, aficionado al deporte y al chocolate. La noticia: cortita y al pie.

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1 respuesta

  1. javi dice:

    Eso es mwntira no todos grupos ultras son asi por ejemplo yo soy de uno y lo unico que acemos es animar, al final de cada partido cada uno se va a su casa y ya y antes del partido nos vamos a un bary nos quedamos ay tranquilamente pero nunca nos metemos en ffollones, solo animar.

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