De un 15 de junio maldito a un agosto de liderato

El 15 de junio de 2003, seguramente esté grabado a fuego en la mente de muchos aficionados realistas. Aquel día la Real Sociedad se enfrentaba al Celta de Vigo de Miguel Ángel Lotina, dependiendo de sí mismo para ganar su tercer entorchado liguero. Las cuentas eran claras, si la Real ganaba los dos partidos que le quedaban, sería campeona. El Celta se jugaba su primera clasificación para la máxima competición de clubes, la Champions League.

Aquella noche, la Real vivió, en un Balaídos lleno hasta la bandera, el final de su sueño. El Celta ganaría por 3-2 para delirio de su afición logrando así la clasificación tan deseada para la Champions, ya que el Valencia caía derrotado esa misma noche en Mestalla por 1-3 ante el Barcelona. La Real, por su parte, cedía la primera plaza al Madrid, que a la postre ganaría el título.

Aquel 15 de junio, fue el último día que la Real disfrutó del liderato. Un equipo histórico de la liga española, con dos Ligas y dos Copas del Rey en su haber, y con una plantilla que tuvo en las manos ganarle el título a uno de los clubes del duopolio, que había dilapidado una barbaridad en fichajes. Aunque, finalmente, el dinero terminó ganando a la garra y al sentimiento txuri-urdin. Ese mismo equipo que maravilló al mundo del fútbol, con jugadores de la talla de Kovačević, Nihat, De Pedro o Karpin, pasó de rozar la gloria a vivir el infierno de un descenso de categoría, tras 40 años consecutivos en Primera División.

Hoy, 29 de agosto de 2017, 14 años y unos meses después, la Real vuelve a saborear el liderato. Lo hace tras un arranque liguero espectacular, ganando precisamente en Balaídos por 2-3 en la jornada inaugural y por 3-0 al Villareal en la segunda jornada. La última vez que los donostiarras habían arrancado con dos victorias en dos partidos fue en esa misma liga, hace casi 15 años. Todo parece estar conectado.

Con estos datos, no es raro que la afición txuri-urdin esté ilusionada con su equipo. Y no solo es cuestión de datos. El equipo de Eusebio, que el año pasado asombró a propios y extraños con su juego combinativo, afronta la temporada con energías renovadas, fichajes que le hacen dar un salto de calidad y tres competiciones que aseguran mucha emoción en Anoeta.

Y es que con la contundente victoria ante el Villarreal de Escribá, al que superó de forma contundente en un partido de ensueño, la Real ha disipado todas las dudas del final de la pasada campaña y que seguían presentes tras el juego ofrecido en Vigo. La Real cuenta con un bloque más completo, de mayor calidad y juventud, y más asentado que el año pasado. Y eso que todavía no han podido contar con Íñigo Martínez ni han debutado ninguno de los fichajes.

Por todo ello, la afición se muestra apasionada con la idea de poder ganar un título esta temporada, y la ambición del equipo no hace sino aportar más motivos a una afición que se merece una alegría de ese calibre. Porque 30 años de sequía son muchos para un histórico de la Liga. Porque sería muy bonito despedir a Xabi Prieto, leyenda viva del fútbol guipuzcoano y español, con un título bajo los brazos. Porque él, los jugadores, la ciudad y la afición se merecen saborear la gloria una vez más. Por todo esto, ¿por qué no?

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