Real Madrid 3 – 0 Celta. El Celta no se sabía los botones

El partido de ayer del Bernabéu fue algo así como uno de esos partidos amistosos de la Play, en que un alguien que se sabe hasta los combos para regatear se enfrenta a su primo pequeño o a un amigo que nunca cogió un mando de la consola. Al margen de las diferencias entre los contrincantes, todo era perfecto: el estadio de ensueño, los equipajes relucientes, el balón de última generación, las bandas atestadas de fotógrafos, unos jugadores impolutos y unos comentaristas configurados para incitar a escuchar un disco de Marilyn Manson mientras se juega.

El Madrid era el dueño de la Play y el Celta, el invitado inexperto. Los dos lo asumieron desde el principio y así el primero salió con la parsimonia de quien está harto de ganar a pardillos como el segundo, que, ya sea por deficiencias propias o por desconocimiento del terreno, acaban cediendo en un momento u otro. Con todo, el primo pequeño demostró que ya lleva media Liga jugando, que cada vez conoce mejor sus armas y así presentó una defensa seria, dura (Costas y Jony no defraudaron) y completamente consciente de que sus oportunidades pasaban por sacar el balón rápido con el botón de pase en profundidad. Al no ser su Play, a veces se confundía y pulsaba el cuadrado en vez del triángulo, pero el concepto era el concepto y en una combinación de ambos (un globo en profundidad), Álex López le puso un balón a Charles que lo dejaba solo contra el portero. Antes de pulsar el tiro, el novato miró la cara adusta del anfitrión y pensó: “mejor será no cabrearlo tan pronto” y pulsó el círculo sin ningún tipo de añadidos: ni potencia ni efecto. El portero la paró.

El resto de la primera parte transcurrió de la misma manera. Un novato que las pasaba putas para llegar al área contraria pero que, a fin de cuentas, a base de concentración y seriedad, lo iba consiguiendo, aun sin la eficacia de quien se sabe los controles; y un experto que jugaba con la seguridad de que su invitado no podía tirar tan fuerte ni colocado como él. Las ocasiones se sucedían para uno y otro equipo. Posible penalti no pitado para el Madrid y faltitas y tarjetas más que rigurosas en contra del Celta como compensación. El novato acusaba su inexperiencia en la estrategia, desaprovechando a un Augusto peleón en el medio del campo y no exprimiendo todo el peligro que generaba en los balones parados. Encontró en Rafinha, no obstante, un medio constante de hacer transiciones rápidas y de sorprender al confuso veterano, cada vez más desconcertado. En ocasiones, la cámara enfocaba a los banquillos y mostraba a un Casillas ambiguo, dubitativo, que no tenía las cosas claras sobre nada. Algo parecía sacudir su mente.

Llegó la segunda parte y las cosas seguían igual. El Madrid cogía los rechaces gracias a su costumbre de jugar en modo ‘clase mundial’, y el Celta se mantenía en un estado de ‘por los pelos’. Las cosas se ponían serias para los locales. Cada vez tenían menos clara la solución. Casillas seguía viéndolo todo bajo la sombra de la duda a medida que Rafinha se crecía y Orellana desperdiciaba una situación favorable tras otra. Entonces, Luis Enrique demostró estar más acostumbrado al modo entrenamiento y se atrevió a sacar a Álex López y Augusto (quizá por la tarjeta amarilla), dos de los jugadores más activos, para meter a dos inoperantes Krohn-Dheli y Nolito. Charles seguía a lo suyo y en otro mano a mano clarísimo ante Diego López decidió guardarse el gol para el final.

Ronaldo lució un bronceado arrebatador, con mechas apenas perceptibles en su flamante cabellera. Foto vía taringa.net

Ronaldo lució un bronceado cojonudo, con mechas apenas perceptibles en su cabellera. Foto vía taringa.net

El principiante empezaba a fantasear con ganar al mayor y fue precisamente esa fantasía la que le hinchó las pelotas al Madrid, que se subió las mangas, apoyó los codos sobre las rodillas y miró fijamente a la pantalla con un resoplido. Metió una marcha más y a la jugada siguiente Benzema aprovechaba la entrada de Jesé para poner el 1 a 0. “Tenía que pasar”, pensaba el Celta, que se quejaba de que la madre del local acababa de pasar por delante de la tele y no le había dejado ver. Nolito creyó posible empatar con una falta al lado del portero que se fue fuera y el resto fue historia. El Madrid conocía bien su casa y su aparato. Sabía las combinaciones de botones que más daño podían hacer y las aprovechó para definir con la facilidad de quien juega en modo ‘amateur’, mientras que al Celta le pasaba justo lo contrario: no era capaz de frenar fuerzas superiores. El Madrid sabía incluso cómo quería celebrar los goles y las caras maquilladas y repeinadas de Ronaldo y Bale seguían tan intactas como al principio del partido. El portugués marcó dos goles y su piel era más de cera que la de su figuras del museo de cera. Sus camisetas estaban más planchadas que las de la tienda oficial. Y, sin embargo, la expresión contrariada de Casillas al ver el 3-0 en el marcador daba el toque de realidad al partido. Estaba claro: Casillas estaba triste porque le fastidiaba que el Celta perdiera.

El partido acababa así sin pena ni gloria, mientras la luz de la tele se quedaba parpadeante, como una de esas cosas que no tienen mucho sentido. Los nervios del Madrid se desvanecían, como preguntándose “¿cómo no iba a ganar?” y la ilusión del Celta se dispersó con el pensamiento de “¿a quién se le ocurre que puedo venir a casa de este pijo a ganarle?”.

Y así se acabó la última tarde de vacaciones de Navidad: “Anda, guapo, vete a casa a cenar pronto y a terminar los deberes, que yo voy a centrarme en mis competiciones europeas”.

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2 Respuestas

  1. XPC dice:

    Posible penalti a prol do Madrid? Quen o di, Canal Plus? Se chega a ser por eles, xa no primeiro tempo estaría o Celta con 9 e 3 penaltis en contra.

  2. Brais Suárez dice:

    Home, dígoo porque o balón lle deu na man. Eu tampouco o tería asubiado. Na percepción do fútbol e a arbitraxe de Sarabia e compañía xa non me meto, porque cheguei a crer que estaba vendo outro deporte.

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