El trabajo de Diego Martínez ilusiona al osasunismo

La victoria del último finde ante el Sporting en casa ha traído consigo un aluvión de piropos y felicitaciones al gran trabajo que ha venido realizando la plantilla rojilla en las últimas semanas. Estos tres puntos vinieron gracias a un partidazo de Osasuna, que impuso su idea de juego y dominó en ambas áreas, donde se deciden los partidos.

Este triunfo permitió a los aficionados pamploneses celebrar una victoria de su equipo en una tarde dominical que nos recordaba a las de antaño, cuando encendías la radio de vuelta a la ciudad tras pasar el fin de semana en el pueblo y la retransmisión de La Liga amenizaba los atascos. Y no sólo eso, sino que además, ha conseguido que los osasunistas vuelvan a creer en su equipo e ilusionarse con una opción real de ascenso.

Es cierto que la afición rojilla siempre se ha mostrado esperanzada con volver a primera desde que se bajó, pero existía un punto que hacía dudar a los aficionados. Los escasos jugadores de cantera, los múltiples fichajes, y la sensación de haber perdido la esencia del club en algún momento reciente del pasado lastraban el espíritu pasional de los hinchas de Osasuna.

Con el último partido, las piezas del puzzle parecen encajar y las dudas se despejan. Diego Martínez, ha conseguido configurar un equipo rocoso, con gol y toque, que no da facilidades atrás y que tienen mucha pólvora en la punta. Un once que se plantea en el campo con un 4-4-2, o 4-5-1, según el momento del encuentro y que en muchos tramos tiende a ser asimétrico, con un Roberto Torres que inicia la jugada en la banda para, posteriormente, llegar al centro a construir el final de la jugada y dejar la banda libre para la subida de Clerc. En la otra banda, contando con un extremo puro, las necesidades ofensivas estarían cubiertas y no es necesario un lateral con tanta vocación ofensiva.

A nivel defensivo, el técnico vigués, a conseguido construir un entramado difícil de superar. Con una presión post-pérdida muy intensa, la mayoría de robos o fallos ofensivos quedan subsanados en pocos instantes después del error. Sin embargo, no todos son así, por lo que tras ésta, el equipo se reordena, y dispone de tres líneas bien formadas. Con un doble pivote que combina calidad y destrucción, además del trabajo defensivo que realizan los delanteros y extremos que son los primeros en defender, logran que el rival tenga que realizar un juego directo o que le cueste llegar a posiciones de peligro. Después está la defensa, con dos laterales rápidos y con dos centrales que se combinan para destruir cualquier opción rival. Y por último, el portero. Un Sergio Herrera que se ha adueñado de la portería y que ejerce su dominio por todo el área, dando seguridad a sus defensas y en segundo lugar, a los aficionados.

En cuanto al ataque, el equipo tiene claro cuales son sus limitaciones, por lo que plantea un juego sencillo, sin muchas florituras y en el que el balón tiene que llegar cuanto antes a los hombres de la media punta y a los goleadores. Fran Mérida queda liberado del juego defensivo con un gran trabajo de Torró, y es ayudado por Torres en la creación, dejando al extremo la tarea de desequilibrar en carrera. Los delanteros se combinan para bajar a recibir y ayudar en la distribución del juego, y desmarcarse en largo para llevarse a los defensa y liberar el espacio, con la capacidad de llegar los dos al área siempre con peligro. Aunque en el último partido sólo marcó David, y tras varios intentos.

El banquillo ofrece hombres de refresco como Una García, Arzura, Mateo García, De las Cuevas y Xisco, los principales hombres con lo que ha contado del técnico de Osasuna, y que no extrañaría verlos en el once inicial, que ofrecen cambios sin modificar el sistema o variándolo, según  el rumbo que tome el encuentro y lo que busque el míster.

La principal pega al trabajo del técnico, y que muchos aficionados señalarán, es la escasa incursión de canteranos en el once y su exigua participación en los partidos. Sólo dos son titulares y un tercero puede disponer de minutos, el resto, de momento, no aparecen. Tajonar parece un campo yermo desde hace unas temporadas y son muy pocos los jugadores que llegan al primer equipo y con pobre participación. Este no es un debate, y no hay que presionar al entrenador para que cuente con más jugadores de la casa, él mismo será el más predispuesto a contar con la cantera, pero si esta no da el nivel no se puede hacer nada. El club ya lanzó el año pasado un proyecto para mejorar la infraestructura de su escuela de formación, y durante estos primeros compases de la temporada se ve que esta remodelación interna de las categorías inferiores del club rojillo es muy necesaria y urgente.

La expectación que ha despertado la victoria de Osasuna ante el Sporting es enorme. Los chavales vuelven a salir a la calle con la camiseta y una sonrisa, y la palabra «volveremos» vuelve a estar presente con ilusión en las conversaciones de los lunes con los compañeros de clase y trabajo. Pero cuidado. No hay que olvidarse que estamos en segunda, son 42 partidos, una maratón; una liga muy competida y en la que los extremos de la clasificación a penas distan de una decena de puntos. Técnico y jugadores tienen que ser conscientes de ello y no dejarse llevar por la emoción y entusiasmo de los aficionados. A ellos les toca seguir trabajando y sudando en cada entrenamiento para preparar con ahínco el encuentro de cada domingo y disfrutar de la celebración posterior, para al día siguiente volver a poner los pies en el césped de Tajonar y seguir trabajando por la ilusión de volver.

David Soria

Graduado en Historia y con un Máster en Historia del Arte. Gran aficionado del futbol en general y de los otros 18 en particular. "El balón es mi despacho. Me siento en él y veo cómo trabaja el equipo".

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