Enrique, el último ninja

En las épocas más inhóspitas, especialmente en sus rincones más oscuros, las tierras humedecidas cobijan una vida que emerge con una energía especial, un vigor distintivo y aroma anormal. La eficacia adaptativa forma la vida primero arraigándose frente a la pléyade de leyes contra natura -sea en forma de competición o cooperación- y, tras esto, procura reproducir su modelo vital en nuevos ambientes cercanos. Estas son y han sido las leyes naturales que han regido la vida de los seres vivos en su interacción con el medio natural (y habitualmente hostil) que les rodea. Desde una crisálida perdida bajo la sombra de unas hojarascas, pasando por la república ninja independiente de Iga (Iga Sokoku Ikki) u Osasuna. Tanto Tamba Momochi como Enrique Martín Monreal crecieron en un medio como el descrito: uno rodeado de samurais, clanes y daimios; el otro entre representantes, prensa y directivas.

En 1560 el poder central de Japón, el Shogunato, cae dejando tras de sí una apática anarquía en manos de señores de la guerra locales. Armados por sus propios ejércitos de mercenarios y burócratas, pronto toda la isla se verá inmersa en el periodo más inseguro de su historia. Del mismo modo, no será hasta la temporada 1984-85 cuando, sumándose al giro político liberalizador del país, la R.F.E.F. -organismo estatal y poder central del fútbol en España- cede a la gestora privada de los clubes la organización de los campeonatos de fútbol principales del país. Unos pocos años después, justo a la entrada de los 90′, el gobierno aprobará la ley de reconversión obligatoria en Sociedades Anónimas Deportivas, una medida que permitirá a los señores de los negocios nacionales hacerse con el control accionarial de todos los clubes profesionales españoles (a falta de cuatro: F.C. Barcelona, R. Madrid C.F., Athletic Club y C.A. Osasuna)

Solo se permitió mantener la categoría de club a aquellos que hubieran demostrado en sus últimos cuatro ejercicios económicos no tener pérdidas. Era normal percatar la presencia de los tres únicos equipos que nunca han descendido de la Primera División española, pero ¿quién era Osasuna? Osasuna era un equipo rebelde protegido por el roble montañés y el vino de la ribera, un refugio para una tímida identidad regional, nacional y/o de clase que protegían ferozmente su independencia de los opresivos señores de los negocios. La mayoría de jugadores, plantilla y directivos del equipo pertenecían al misticismo de la endrina desde muy jóvenes y era raro el caso de exitosos conversos.

Como el líder ninja Tamba, frente a la mayoría de la población de su época, tan solo unos pocos y talentosos elegidos dentro de los suyos pasaban a entrenar diariamente sus habilidades hasta conseguir convertirse en leyendas del campo de batalla, Enrique Martín Monreal fue uno de los elegidos de su tiempo junto a Patxi Iriguibel y José Manuel Echeverría, cada uno aportando la misma cifra de goles para el club a lo largo de su carrera (34 cada uno de ellos), consiguieron establecerlo dentro de la máxima competición estatal. Enrique volvería a Osasuna tras colgar las botas, pero esta vez como entrenador y habiendo aprendido todos los sinónimos de Osasuna y eso no iba a tardar en ponerse a prueba. Lejos de las instalaciones del club en Tajonar, el mundo del fútbol había cambiado a pasos agigantados, la nueva L.F.P. arrasaba con un modelo organizativo opuesto al del club navarro símbolo de una amenaza constante -por su resistencia- ante su sistema establecido que obligaba a tejer alrededor de su siguiente él.

Durante sus etapas como entrenador en Osasuna, Enrique Martín Monreal «el último ninja», ha conseguido hacer frente a las hordas mediáticas, políticas y deportivas manteniendo un estilo de fútbol con aroma de cuero. Mientras tanto los directivos del ente privado que componen la liga así como sus virreyes en el cargo de El Sadar, interaccionaban procurando gestar el mejor momento para desprenderse furtivamente de una pieza con un claro peso en la historia del Osasunismo a sus espaldas, una figura que podría plantarle cara desde un estatus -teóricamente inferior- a cualquier figura directiva de turno con mucha ambición y poco apoyo. Oídos sordos, giros de trama, movimientos opacos de dinero y conductas propias de un thriller de antena tres desarrollaron esa madeja que desde hace muchos meses, incluso muchos podríamos pensar que desde el principio, tenían en Martín puesto el emblema de usar y tirar.

Durante este tiempo Martín ha vuelto a salvar al club por segunda vez en su historia de un descenso a «Segunda División B» y con ello posiblemente su desaparición, ha constituido un bloque unido capaz de remontar partidos que siempre se le ponen cuesta arriba (recordemos que tiene un título oficial de «coaching deportivo»), ascendió al equipo dos años antes de lo previsto, y todo esto, dando posibilidad a los más jóvenes. El verdadero último ninja y último maestro del ninjutsu Tamba estableció igualmente dos victorias épicas para el humilde pueblo de Iga frente a los samurais de Oda Nobunaga, sin embargo cayó en un tercer y último enfrentamiento demostrando una resistencia numantina. Antes de morir, el orgulloso líder ninja decidió fallecer asesinando a su paso al más importante comandante de las tropas del que sería nuevo emperador de Japón. Lo bonito de la historia es su capacidad de reproducirse cíclicamente ¿volverá a germinar la tierra un día fertil de Tajonar?

Mila Esker Mister, gero arte.

David Vilches

Intento de muchas cosas, aborto de casi todas. Psicosociópata de libro, zigoto de escritor y aprendiz de cortador. Extrovertido de día, culo de sofá de noche. Lo que me ahorro en el plus, me lo gasto en apuestas que nunca gano. Siéntame, dame un pan, ponme fútbol y seré feliz. Orgulloso rojillo.

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