Deportivo Alavés 0 – 1 CA Osasuna: Seppuku, o cuando la mente gana a las piernas

Como niño camino de la academia en pleno mes de julio, así se siente un redactor al que le toca ver un partido donde actúa el CA Osasuna durante esta temporada. Mendizorroza se preparaba para la fiesta del fútbol desincronizado con la visita del colista (y el peor conjunto profesional de la historia de Primera División hasta el momento) Debe de ser complejo el saber manejar esas sensaciones personales, emotivas y, a fin de cuentas, motivacionales que te hacen estar una semana en todos los focos del Estado y a la siguiente tener una cita con la más fea del barrio. Me lo procuro imaginar en mi mente, no me convence ningún ejemplo, estoy viendo el partido y me parece un desasosiego, un desastre de espectáculo para los sentidos. Oigo mi eco, mi eco lejano, ese que hablaba de fútbol prácticamente a diario, el que escribía en esta misma web, el que tenía ganas de contar muchas cosas. Lo oigo, pero lo hago con cierto resquemor, con la mirada del anciano versado en los asuntos de la tragicomedia que es la vida y que observa negando internamente, sabiendo lo que ha de suceder.

Es difícil narrar un partido en lo que poco o nada hay que decir. Hace un mes, no recuerdo bien dónde, escuché que el formato de la Liga este año había cambiado, y a cada jornada que pasa más cierto me parece, se trata de una competición donde cada fin de semana (y ciertos días entre semana) se desarrollan enfrentamientos deportivos entre 18 clubes mientras uno descansa jugando un amistoso con Osasuna. El ambiente se vuelve cargante, las faltas se repiten y llevamos media hora de la primera parte.

El Alavés poco más que juega esperando el fallo, ese que está a puntito de salir, de Osasuna, el de todos los partidos, se dedica a jugar presionando intenso, cortar cualquier salida de balón -o intento- y buscar remates con pases directos a sus rematadores. Sin embargo, el partido parece abrir ciertas luces, un planteamiento tan conservador por parte de Pellegrino genera el campo propicio para que Osasuna pueda sorprenderte, básicamente, el único escenario posible, aquel más parecido a los campos de Segunda, donde lo importante no es tratar bien la pelota, jugar en equipo o tener un esquema claro en la cabeza, no, lo importante es saber leer por donde vendrá el fallo rival y jugar sencillo, lo más simple posible, procurando evitar demasiados pases porque sabes que no eres capaz de manejar la pelota.

En el minuto 22′, Osasuna remata de cabeza un córner clásico, centro al primer palo con rosca hacia el límite del área pequeña, creo que es Digard quien se adelanta a su marcador, y pone un cabezazo que cruza la pelota. Buena intervención de Pacheco que se estira para apartar el balón donde no hay jugadores rivales. Los minutos siguen pasando, el narrador británico da la sensación de estar preparando su tercer té. Finalmente llegamos al pitido final, y además de lo comentado, lo más destacable es el horrible nivel del arbitraje español. El juez amarillo ha decidido ser lo más incoherente posible esta semana, corta contras claras con la pelota controlada para hacer botar una falta 20 metros atrás, en campo propio simplemente por hablar con el jugador, no hay tarjeta. Varios abrazos durante los choques en el centro del campo, unos son faltas a veces, otros parece ser que no. No creo que de normal sea tan malo, simplemente se estará aburriendo. Creo que voy a apostar 3 euros a la victoria del Alavés para la segunda parte, es la única forma de sacar algo de provecho a este rato.

La segunda parte comenzaba con un Deportivo Alavés algo más codicioso, tampoco nos llevemos a engaño, la escuadra de Gazteiz adelantaba tres pasos todas sus líneas y comenzaba a plantarse seriamente, con posesión de balón incluída, en el campo rival. Mientras tanto, en Osasuna daba comienzo el Jai Alai, el peloteo balón a seguir y los pasitos del aire buscando la luz al final de la cueva en que se metía la defensa en cada jugada. Pocas jugadas parecían entrañar peligro por ninguno de los lados, sin embargo, el partido comenzaba a romperse por momentos. Tanto Olavide y Miguel de las Cuevas del centro a la banda rojilla, como Katai y Romero por ambos flancos de la Vírgen Blanca, encabezaban las acciones que podían llevar algo de peligro al área contraria.

En el minuto 80′, el Alavés subió dos grados de intensidad al encuentro, se fueron claramente al ataque, lo que provocaba espacios en su espalda que podía aprovechar el joven canterano Álex Berenguer, quien había salido desde el banquillo sustituyendo al indolente y casi fantasmagórico Sergio León. Los de Vitoria también habían pensado en la velocidad y el desborde, pero mantenían su filosofía de centros al área rival y por ello salían tanto Ibai Gómez como Deyverson al campo. Estos minutos fueron lo más cercano a un espectáculo digno de un enfrentamiento en Primera División que un espectador debe exigir, la tensión crecía, más por la incapacidad del Alavés de haber hecho algo en los anteriores 85 minutos que por las bondades tácticas del club navarro. Osasuna daba entrada a dos jóvenes perlas del «B», Buñuel lateral de la selección sub y Perea, un pivote con modales de vieja escuela.

Y ocurrió lo imposible

Osasuna cazó al Alavés en una contra. Berenguer conectó con Causic (en su única jugada acertada de todo el partido) y se marcó un gol digno de Messi o Robben, desde fuera del área, con el balón entre las piernas, a pasos cortos y encimado por dos rivales, disparaba un chut seco y alto que entraba lamiendo la escuadra para decepción de la hinchada local y del bueno de Pachecho que poco podía hacer para parar aquel misil balístico. Los de Osasuna saltaban del banco, incrédulos. El narrador del partido, dejaba caer la bolsita de té en su asombro: «6 meses desde la última victoria del equipo visitante» -replicaba- «es fantástico» -apuntillaba con cierto sentido del humor entre sus dientes-.

Poca capacidad de maniobra para el Alavés que de esta fea manera veía como el peor equipo de Primera División y el equipo que más encaja de todas las ligas profesionales europeas se iba de Mendizorroza con los tres puntos, y sin encajar un gol. La realidad es que el Alavés hoy ha cavado su propia tumba. Los de Pellegrino no han sido capaces de manejar la bajada de tensión que supone enfrentarse a un rival como es el colista tras un parón y el enfrentamiento con el líder. También cuentan las fechas en las que nos encontramos de competición y es que el Alavés se ha situado en una zona tan templada en la tabla que no sabe muy bien si le da calor o frío, es la mera representación de esta rara primavera. Osasuna por su parte suficiente ha hecho con no marcarse en propia en esta ocasión, y por segunda vez en lo que va de temporada, es capaz de llevarse los tres puntos. Por cierto, de nuevo de visitante, en campo de un equipo vasco, y ante una táctica de presión adelantada.

Enhorabuena a los creyentes que apostaron a la victoria de Osasuna. Seguro que se han llevado un buen botín, que sepáis que entre vuestras ganancias, están mis 3 euros pero me queda por perder mucho más para recuperar algo de ánimo con esta bandada.

LO MEJOR Y LO PEOR:

  • Lo mejor: De las Cuevas estuvo bien, tampoco para tirar cohetes, pero se le nota una pizca de ánimo superior al resto de sus compañeros. Bien Katai que sigue ganando puntos en la Liga. Buen partido para ambos porteros. Una gozada ver jugar a tantos chiquillos a la par.
  • Lo peor: El ritmo sabrosón del partido durante 80 minutos. El arbitraje. La incapacidad del técnico local para centrar a sus jugadores y la inmadurez de un Romero incapaz de saber que el partido estaba en sus botas. Por parte de Osasuna Causic fue un caos, un huracán que daba vueltas por el centro del campo sin sentido ni sensibilidad.
Ficha técnica:

Deportivo Alavés: Pachecho, R. García, Feminía, Ely, Llorente, Torres, Krsticic, Romero, Katai y Santos. (4-2-3-1)

CA Osasuna: Sirigu, Clerc, Fuentes, D. García, Oier, F. Tienza, Causic, Olavide, De las Cuevas, S. León y K. Kodro (4-4-2)

Goles: Álex Berenguer (min. 86)

David Vilches

Intento de muchas cosas, aborto de casi todas. Psicosociópata de libro, zigoto de escritor y aprendiz de cortador. Extrovertido de día, culo de sofá de noche. Lo que me ahorro en el plus, me lo gasto en apuestas que nunca gano. Siéntame, dame un pan, ponme fútbol y seré feliz. Orgulloso rojillo.

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