Consecuencias y consecuentes

El último capítulo de la esperpéntica temporada de Osasuna nos trae la destitución de Caparrós. Una consecuencia que no extraña a ningún aficionado de Osasuna, y más en estos tiempos en los que la paciencia es escasa entre los dirigentes de los clubes.

La historia de la destitución ha sido la de siempre: una racha de malos resultados (sin pasar si quiere por una de buenos); una pregunta incómoda en rueda de prensa, respondida con los tópicos de costumbre («estoy con fuerzas», «no me rindo», «hay que trabajar», «estoy convencido de sacarlo adelante»…); y a los pocos días salta la noticia de la destitución del entrenador de turno, en este caso, Joaquín Caparrós.

El pobre bagage del entrenador osasunista lo conforman 7 derrotas en 8 partidos y sólo la victoria en casa frente al Granada para clasificarse en Copa. Una senda de resultados sobre la que se asienta la destitución. Pero esta decisión también viene refrendada por las sensaciones que el club rojillo ha dado durante estos encuentros. Un once que no sabía a lo que jugaba, sin garra, sin presión, sin pasión, sin lucha.

Se podría decir a favor del técnico de Utrera, que con él han debutado dos jugadores del filial, como Iván Márquez, que se asentó en eje de la defensa, y Aitor Lorea, el juvenil que debutó en el pasado partido copero. Pero tampoco por este punto se le puede defender, porque el debút del defensa marbellí, ha sido en detrimento de uno de los pilares rojillos de la temporada pasada: la defensa. Y no una defensa cualquiera, sino una defensa formada por jugadores de la casa y encima navarros.

Contaba en contra también la alargada sombra de Martín Monreal y las formas de su destitución. Una grada dividida en el apoyo a su nuevo entrenador o al antiguo, santo y seña del último año rojillo.

Así, pocos argumentos quedan para defender la labor de Caparrós en Osasuna. No dudamos de su labor como técnico, ni de su profesionalidad. Pero ante una serie de resultados así, de no saber trasmitir su idea de juego, no hay contrapunto posible, salvo la llegada de refuerzos que pedía el ex entrenador rojillo y la esperanza ante un próximo partido en el que ganar y convencer.

Osasuna jugará el lunes con Petar Vasiljevic en el banquillo, el hasta ahora director deportivo. Será el tercer entrenador del conjunto pamplonés en lo que va de temporada, algo poco habitual. Parece que puede ser algo eventual ya que todavía no ha dirigido a ningún equipo, aunque el club ha anunciado que será así hasta final de temporada. Una decisión más que apuntar a la desafortunada gestión del club.

Quizá sea este el momento de que algún miembro de la directiva sea consecuente, y asuma su responsabilidad en la planificación de la temporada. Porque la mala situación rojilla en la clasificación, los malos resultados y la mala imagen que es lo que más duele a los aficionados rojillos, empieza a quedar claro que no es cosa del entrenador, sino que viene de más arriba.

Caparrós se va, y entra Vasiljevic, pero los aficionados son los mismos, los que seguirán animando sin cesar a pesar de los resultados. El escudo también seguirá, un escudo que recuerda los ideales de Osasuna, su estilo y su filosofía. Y seguirá el club, por encima de entrenadores, jugadores, directivos y empresarios, seguirá porque «Osasuna nunca se rinde».

David Soria

Graduado en Historia y con un Máster en Historia del Arte. Gran aficionado del futbol en general y de los otros 18 en particular. "El balón es mi despacho. Me siento en él y veo cómo trabaja el equipo".

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