CA Osasuna: sin pasión no somos nada

Hace ya unos meses le pasé un texto a una persona a la que admiro y por la que tengo un aprecio especial. Le pregunté a ver qué le parecía, si le gustaba. Me dijo que sí, que estaba bien, muy bien, como siempre. Pero que le faltaba pasión, que no encontraba mi vieja forma de escribir, todo quedaba en un simple análisis sin reflejar todo lo que yo sentía sobre el tema que trataba. Traté de excusarme vagamente, achacando que esa era mi intención y alguna tontería más. El problema era que tenía razón, como siempre, y que esa compañera inspiradora me faltaba a la hora de escribir. Y es que sin pasión, no somos nada.

Esto mismo es lo que ha venido sucediendo con Osasuna a lo largo de la temporada. Un equipo que entraba al terreno de juego con un gol en contra antes de empezar y con la cabeza puesta en justificar sus carencias en el juego. El equipo nunca llegó a conectar con la afición, deseosa de animar a su equipo pese a las derrotas y la mala imagen. Una afición que vive de los retales de un pasado pasional, soñando con volver a vibrar con los once guerreros que jugaban en la mitología rojilla. Una olla a presión en la que jugadores y grada convertían El Sadar, y que durante esta temporada, no ha sido sino un jacuzzi para los equipos visitantes.

Y es que sin pasión, Osasuna se ha convertido en once personas paseando por el campo, en una senda en la que no hacían sino tropezar con cada piedra que el camino disponía ante ellos. Un equipo que cambiaba de sistema en cada partido buscando dar con la combinación ganadora como si fuera un bingo o un boleto de lotería. Cambios tácticos que sin pasión no eran mas que prefijos telefónicos (3-5-2, 5-3-2, 4-4-2…) en los que la grada siempre respondía aunque al otro lado (en el verde), el equipo seguía comunicando.

Sí, es verdad que la técnica, la táctica y el físico importan, pero lo que es innegociable es la pasión con la que cada jugador que porta el escudo de Osasuna debe saltar al campo. Da igual si este es El Sadar, el campo de San Juan, o el Reyno de Navarra. Con casi 20.000 gargantas ofrecidas a la entidad, lo único que pueden hacer los titulares y suplentes, es ofrecer sus piernas, su cabeza y su corazón a disposición de la causa. Y estos son los ingredientes sobre los que siempre se han asentado las victorias de Osasuna, el ímpetu y la fuerza de los jugadores, una salida en tromba buscando sentenciar el partido en el minuto 1, y una afición que intimida al rival más fuerte.

Esta pasión es traspasable a la vida diaria, a la rutina y al tedio en el que hemos convertido nuestros desempeños. Vivimos ‘encabronados’ todos los días, sin sentir, buscando en el calendario las ansiadas vacaciones sin disfrutar del camino, sólo con la meta. Ítaca se ha vuelto más atractivo que el viaje en sí. Así se pueden explicar muchas de las consecuencias que vemos todos los días en las calles y en nuestras propias casas. Y si nosotros no nos tomamos nuestro día a día con pasión, con ilusión por lo que hacemos, o por lo que podemos llegar a hacer, ¿cómo vamos a pedir a otros que se dejen todo durante noventa minutos para darle sentido a nuestras vidas? ¿Con qué derecho podemos exigirles todo?

Es necesario un cambio, que cada cual se mire, analice y saque las conclusiones que crea oportunas. Lo que sí que podemos valorar juntos, es la transformación que debe llevar a cabo Osasuna para la próxima temporada, incluso para los últimos partidos de esta. Hay que regresar a la pasión, a la garra y la lucha de antaño, hay que disponer de jugadores prestos para la batalla en la que se dirimirá el resultado de cada partido. Necesitamos la pasión… ¡ay pasión vieja amiga! Te necesitamos con urgencia, sin ti no somos nada.

David Soria

Graduado en Historia y con un Máster en Historia del Arte. Gran aficionado del futbol en general y de los otros 18 en particular. "El balón es mi despacho. Me siento en él y veo cómo trabaja el equipo".

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