Buscando un rumbo fijo y la conexión con el Sadar

Celebración del ascenso a Primera en Montilivi. Foto vía telegrafi.com

Celebración del ascenso a Primera en Montilivi. Foto vía telegrafi.com

La verdad es que es bastante difícil describir con una palabra cómo ha sido el 2017 a orillas del Sadar. Al hacer balance, al aficionado rojillo se le pueden venir varias palabras para definirlo: desastre, caos, decepción, reconstrucción, ilusión,… muchas palabras para describir un año lleno de emociones.

Horror y esperanza

Siguiendo un orden cronológico, Osasuna se comió las uvas en último lugar, con un Joaquín Caparrós en el banquillo que estaba dando unos resultados pésimos y que en el primer partido del año redactó su necrológica, con una contundente y merecida derrota ante el Eibar en la ida de los octavos de Copa en el Sadar.

Después de dos cartuchos utilizados, el director deportivo, Petar Vasiljevic, uno de los grandes señalados por la desastrosa campaña en Primera, se pusó al frente de la nave. A pesar de que en sus primeros partidos el equipo daba muestras de poder competir, los resultados no acompañaron y el juego del equipo se fue diluyendo poco a poco en una espiral de impotencia y desesperación.

El eutanásico descenso alivió al aficionado rojillo, que veía cómo sus jugadores agonizaban por los campos con más solera del país. La directiva asumió el «mea culpa» y se propuso volver a ilusionar a la afición. Para ello, tiró de cartera en la construcción de un equipo que luchara por el ascenso desde el minuto 1.

Presentación de Diego Martínez. Foto vía noticiasdenavarra.com

Presentación de Diego Martínez. Foto vía noticiasdenavarra.com

Al inicio de campaña, a la plantilla le costó empezar a carburar. Sin embargo, una vez tomada la medida a la categoría, Osasuna empezó a escalar posiciones y a colocarse como uno de los rivales a batir. Prueba de ello fueron los casi tres meses en los que nadie fue capaz de batir a los Diego Martínez.

Sin embargo,  la escuadra navarra se ha desinflado en un último mes de competición en el que ha dado muestras de ser un equipo demasiado conservador, sin alternativas, con un esquema de juego que no permite explotar a todos los jugadores clave del equipo. El 2017 se cerró con una victoria en el Artés Carrasco que calmó a la parroquia rojilla, aunque los pupilos de Diego Martínez cierran el año fuera de los puestos de «play-off».

Tajonar, en la cuneta

Es hora de volver a tomar y buscar un rumbo fijo. El rumbo que se perdió en el ascenso del 2016. Entonces el equipo estaba plagado de navarros, de canteranos, hijos de Tajonar, que morían cada partido por el escudo que portaban en su elástica. Ese rumbo se empezó a cambiar en Primera, con multitud de fichajes, justificados con reforzar al equipo de cara a ser competitivo en Primera (dulce ironía) y se ha perdido (casi) del todo en el regreso a Segunda.

El desembolso que el club realizó en su vuelta a la categoría de plata resulta total y absolutamente incongruente respecto a la filosofía que el club debería preservar. Para empeorar la situación, el club parece estar a merced de esta fiebre de fichajes: sin ni siquiera con el mercado invernal abierto, ya están casi firmados otros 2 jugadores. Luego nos quejaremos de que vienen a quitarnos lo que es nuestro,… ¿nadie ha pensado que estos casos puede que no todo sea el dinero, sino las ganas de avanzar como futbolista?

Todo esto está arruinando el esfuerzo que Enrique Martín Monreal realizó en su día para reverdecer el osasunismo, para que volviera a germinar en la hinchada ese sentimiento de pertenencia, ese sentimiento tan bello y puro que solo algunas aficiones pueden permitirse tener.

Pancarta de apoyo a Martín después de su despido. Foto vía noticiasdenavarra.com

Pancarta de apoyo a Martín después de su despido. Foto vía noticiasdenavarra.com

Para muestras de la desnavarrización del equipo, un once: Herrera; Clerc, Oier, Unai García, Lillo; Coris, Fran Mérida, Roberto Torres, Lucas Torró; David y Xisco. ¿Alguien podría decirme cuántos navarros hay? Os dejo un poco de tiempo para pensarlo y darme la respuesta correcta. Son 3. Solo 3. Ni los suplentes eran navarros. En la temporada del ascenso, nueve eran los forales que competían por nuestra zamarra. Aquí un dato: Cuando Osasuna bajó a Segunda en la temporada 2013-14, llegó a disputar varios partidos sin jugadores locales. La última vez que eso sucedió fue 43 años antes, en la temporada 1969-70. Al final de aquel año, los rojillos cayeron al pozo de Tercera.

En resumen, la hinchada se está desconectando, no ven reflejados los valores de Osasuna ni en la gestión ni en el juego del equipo. Veremos que nos ofrece el 2018, aunque no lo tiene demasiado difícil para superar a su antecesor. Pero ojo, que el fútbol siempre da sorpresas. Y quien olvida su historia, está condenado a repetirla.

Jon Larratxea

Estudiante de Periodismo en la UPV/EHU. Contando las horas para volver al quiosco de la Plaza del Castillo. IG: @jon99larratxea

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