#NoALaSuperliga

En Málaga aún nos acordamos del robo de Dortmund que nos impidió jugar las semifinales de la Champions. En Villarreal aún se acuerdan del penalti de Riquelme que les pudo meter en la final continental. En Valencia recuerdan aquelllas dos finales consecutivas. En Coruña aquel 4-0 al Milan. Sevillistas y béticos rememoran con emoción sus victorias ante la Juve o el Arsenal los primeros, o ante el Chelsea los segundos.

Y es que, aparate de estos equipos, también han disputado la Champions el Athletic, la Real Sociedad, el Celta, el Mallorca y el Atlético Osasuna.

Pues estos once equipos, y alguno que tuviera la ilusión de emularlos, que se vayan olvidando de tocar las mieles de la gloria, salvo una hipotética e improbable carambola que les sitúe entre los cinco invitados que, supuestamente, habría cada año. ¿El equipo de un pueblo de 50.000 habitantes en nuestra Superliga de guapos, ricos y famosos? Ni de coña.

Podrán ver cómo su equipo queda tercero, segundo o campeón de la Liga, pero un Atlético de Madrid que estuviera en segunda división jugaría esta infame Superliga en lugar de ellos. Aberrante.

¿Hablamos de equipos que no sean españoles? Trágica es la situación en la que se encontrarían muchos ganadores y finalistas del torneo, instituciones históricas y laureadas como Oporto, Benfica, Feyenord, Ajax, Mónaco, Roma… Y tantos y tantos que, aunque sepan que ganar la orejona es misión imposible, quieren tener la oportunidad de que sus aficionados vean al equipo de sus amores luchar contra estos gigantes económicos de tú a tú.

Y hablan de que habría cinco plazas para “invitados” cada año. A todas luces insuficientes para la pléyade de equipos históricos que podrían ganarse en el campo un derecho que disfrutarían los “ricos”, como si fueran aristócratas que tan solo por haber heredado un título nobiliario, por tener sangre reasl, tienen derecho a prebendas, asignaciones y prerrogativas abusivas.

Dice el “amigo” Florentino, conocido defensor de los humildes, que sin esta competición el fútbol se muere. Cierto, la Ponferradina, la Olímpica Segoviana, o el Winchester, equipo del pueblo de mi tía la emigrante, que milita en la séptima división inglesa, estaban esperando como agua de mayo que llegara la Superliga para poder cuadrar sus cuentas. Que sí, Flo, que no hay derecho a que el Barça esté endeudado, mientras el Athletic está saneado. No deber dinero es cosa de pobres.

Equipitos de medio pelo: cuiden sus canteras, pero no para poder luchar contra ellos, sino para que se los lleven a otra competición que ustedes no podrán ni oler. A ver qué jugador medio decente va a querer fichar por uno de los equipos excluidos de la liga de los poderosos.

Florentino, Agnelli, y sus amigos, están acostumbrados a las fiestas privadas en las que la invitación se la gana uno según el número de ceros de su cuenta corriente. Aquí los méritos deportivos sobran. Tranquilos, porque si llegara el presidente del Club Deportivo Veteranos de Alcaudete con un talón con chorrocientos millones, le iban a invitar a su Superliga… Jolín, ya solo caben cuatro invitados. Será como lo de sienta a tu mesa a un pobre en Navidad. Si es que son generosos a más no poder.

Solo buscan dinero, más millones, recaudar el triple, para que sus estrellas tengan sueldos el triple de grandes, los traspasos sean el triple de caros y ellos, al final, acumulen deudas que serán el triple de las actuales (que ya son sonrojantes). Es su huida hace adelante en la que, para salvar sus cuentas, arrasarán con los humildes que se crucen en su camino.

Equipos que tienen en sus filas a cuarenta o cincuenta jugadores para poder cederlos e imponerles además cláusulas del miedo, adulterando unas competiciones ya corruptas y viciadas.

Esta lista de los “doce sucios”, como les califica brillantemente el diario “A Bola”, es además arbitraria, ya que tiene en cuenta la situación actual de los equipos. Muchos de estos doce han pisado la segunda división de sus competiciones domésticas.

En el año 2000 el Atleti militaba en una segunda en la que estaban, por ejemplo, Sevilla o Betis, para que veamos cómo pueden cambiar las situaciones. El todopoderoso Manchester City ha estado en cinco de las veintiocho ediciones de la Premier fuera de la primera competición, llegando a militar en la tercera división de su país el curso 97/98, no hace tanto. Pensemos, si esta Superliga se hubiera creado hace veinte años. ¿Dónde estaría ahora el equipo de Pep Guardiola? ¿Los inversores árabes habrían puesto sus petrodólares en un equipo que no habría podido jugar la máxima competición?

Nos quedan meses de muchos dimes y diretes, de muchos titulares de prensa, de muchas negociaciones, por encima, y por debajo del mantel, de muchos intereses creados, de muchos sobres que viajarán y que, de seguro, harán cambiar a muchos de opinión, y los que ahora dicen blanco, mañana, si no negro, seguro que ya lo verán gris.

Y es que, aunque la UEFA y la FIFA estén ahora de nuestro lado, por experiencia sabemos que no nos podemos fiar ni un pelo de ellos, que en cuanto vean algún tipo de beneficio para sus bolsillos dirán digo donde dijeron Diego. Miedo me da imaginar qué chanchullos habrá entre estos doce “sucios” y los que llevaron un Mundial a Catar, donde 6.500 obreros/esclavos muertos en las obras de los estadios o un gobierno dictatorial son pequeños detalles insignificantes frente a la pasta que se van a embolsar.

Desde los otros 18, bueno, los otros 17, siempre estaremos en contra de este fútbol moderno en el que lo importante no es el deporte, las aficiones, la ilusión, el sentimiento, el fútbol, sino el dinero.

El fútbol ha muerto. ¡VIVA EL FÚTBOL!

Carlos Manuel Jiménez

Trabajando en la Universidad de Málaga. Subdirector del desaparecido Diario de Málaga. Socio del Málaga en 3ª y en Champions.

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