No gol, no party

444. El número parece la broma pesada para alguien con frenillo en la lengua, pero no, son los minutos que lleva al Málaga sin marcar un gol. Casi siete horas y media sin meter la pelota entre los tres palos del meta contrario. A veces decimos “estarían siete horas jugando y no meterían un gol”. Pues el Málaga lleva eso y más.

Y si tenemos en cuenta que los tres últimos goles se obtuvieron a balón parado por Camacho, Santa Cruz y Weligton, se elevan a 682 (más de once horas) los minutos en los que no se materializa un tanto en una jugada combinativa.

Es cierto que en los encuentros frente a Levante y Valencia el equipo dispuso de ocasiones para haber quebrado esta racha, pero los malaguistas no anduvieron finos en la finalización de las jugadas. El Málaga no tiene un goleador nato. Juanmi es un oportunista, un ratoncillo de área que rebaña balones y tiene buenos números. Santa Cruz se aproxima poco a poco al ocaso de su carrera y sus “típicas lesiones”, como diría Schuster, no le dejan coger el ritmo que necesita.

El único “hombre gol” de la plantilla es El Hamdaoui, pero entre problemas de sobrepeso, lesiones y “desencuentros” con el míster, apenas ha rendido en un solo encuentro en toda la primera vuelta.

De aquí al viernes tiene el Málaga de plazo para arreglar este desaguisado, y pretende hacerlo con la incorporación de Amrabat y Rescaldani. Dos apuestas, a nuestro parecer, arriesgadas.

Es extraño que, a pesar de las malas experiencias con Pawlowski, Anderson, Chen, desde la secretaría técnica malaguista se empecinen en traer a jugadores sin experiencia en la Liga española.

Cierto es que el holandés/marroquí Nordin Amrabat no es un novato. Así lo demuestran sus catorce internacionalidades con Marruecos o los 8.5 millones que pagó el Galatasaray al Kayserispor por su fichaje hace un par de años.  De todos modos no es un goleador, sino un asistente, ya que en sus últimos 56 encuentros sólo anotó 3 goles, mientras que dio 11 pases de gol.

El caso de Rescaldani es bastante curioso. Se le ha definido como un nuevo Santa Cruz, pero con once años menos. Con sus 1’92 metros y 15 goles en 60 partidos parece que debe ser la nueva referencia en ataque del Málaga, aunque su inexperiencia en Europa y su juventud hacen arriesgada la apuesta malaguista. De hecho, en un principio se hablaba de que éste era un fichaje de futuro y que no se integraría en el primer equipo de La Rosaleda hasta la próxima temporada, pero las urgencias obligan a ser osados.

Y el Málaga debe asumir riesgos ya que se han ido cayendo por el camino muchas opciones, como las de Thievy, Ebert, Martínez, etc. Ojalá que vuelva pronto el gol y que vuelva la fiesta. De aquí a tres días la suerte estará echada.

Carlos Manuel Jiménez

Trabajando en la Universidad de Málaga. Subdirector del desaparecido Diario de Málaga. Socio del Málaga en 3ª y en Champions.

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