De la Tierra al Olimpo de la mano de Carlos Álvarez y Pablo Insua

Foto vía CD Leganés

“En Leganés, los sueños se cumplen”. De esta manera anunciaba su llegada a la élite del fútbol español un club que en sus 88 años de historia se había creado, desarrollado y curtido en los campos humildes madrileños. Un auténtico ‘boom’ tan deseado como inesperado en suelo pepinero, y es que ni los más ilusos del lugar eran capaces de imaginar en pleno 2014 a su equipo entre los veinte ‘gallitos’ del país, a Leo Messi driblando camisetas blanquiazules o a Cristiano Ronaldo sacando su garra en el Municipal de Butarque de tú a tú, cara a cara, con una Liga en juego.

Un sueño ligero, pero muy real. Una cabezadita de apenas dos años en las que dos hombres pusieron su nombre y su apellido a una gesta que hizo de guinda a un enorme trabajo sin precedentes en Leganés. Primero Carlos Álvarez y después Pablo Insua, un asturiano y un gallego, un delantero y un central, dos jugadores dispares aunque unidos por su capacidad de hacer vibrar al sur de Madrid gracias a la suerte del gol y un doble salto de categoría fugaz.

Por esa temporada 2013/2014, el equipo permanecía estancado en la Segunda B, donde durante una década encadenó altibajos que le llevaron tanto a sufrir varapalos en fases de ‘play-offs’ como una crisis de identidad que le obligó incluso a mirar de reojo a los puestos de descenso. Sin embargo, en aquel entonces, un ‘Guaje’ formado en las categorías inferiores del Sporting de Gijón destacaría por encima del resto en Leganés hasta convertirse en genio y figura para la afición.

Tras hacerse indiscutible en punta en la primera campaña en el banquillo de Asier Garitano (14 goles le avalaron para ser el pichichi de la plantilla), el gran día de Carlos Álvarez iba a llegar el 22 de junio. El lugar elegido por el sorteo, Hospitalet de Llobregat. El motivo, el partido de vuelta de la final de la fase de ascenso a la categoría de plata.

El cuadro madrileño palpaba el éxito tras una victoria por la mínima en la ida (1-0, de nuevo bajo la autoría de Álvarez) y que daba cierta tranquilidad para afrontar el choque. Pero, lejos de proteger esa ventaja contra viento y marea, el ‘9’ leganense se empeñó en saltar a la fama, nunca mejor dicho, para anotar nuevamente en Barcelona con un escorzo que ha quedado grabado en los anales de la historia del Lega. Un brinco de fe, sin capa, más digno de una película de ficción que de un desenlace tangible, una chilena tras un saque de banda que a punto estuvo de hacer saltar los sismógrafos colindantes a la capital española.

Foto vía YouTube

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Como no podría ser de otra manera, las celebraciones se sucedieron a lo largo de la semana como la ocasión merecía. Palabras como ascenso, histórico o increíble se repitieron a lo largo y ancho de la ciudad, de Zarzaquemada a San Nicasio, en unos días de ensueño.

Era la segunda vez que los pepineros conseguían ascender a Segunda División y en ese preciso instante de éxtasis parecía haberse alcanzado el summum de la gloria. “El Lega es de segunda”, se vitoreaba a viva voz, como si de quien alcanza su meta se tratara, valorando un hito que con el paso del tiempo quedaría brutalmente empequeñecido.

El Lega es de Primera

Desde el esfuerzo y el orden como primera premisa, el conjunto blanquiazul buscó hacerse fuerte en una nueva era cuyo objetivo principal era salvaguardar la categoría. En la temporada de su retorno, la meta se cumplió con creces con la consecución del décimo puesto, pero doce meses más tarde el cuento mutó de manera rotunda.

Jornada tras jornada, el corderito se fue transformando en un lobo capaz de competir frente a cualquiera que se interpusiera en su camino y comenzó a creer en lo que hasta entonces había sido una quimera. En la recta final de la 2015/2016 brotaron los primeros ‘¿por qué no?’ entre la parroquia madrileña y el sueño que al inicio de curso no aparecía ni en las quinielas más optimistas se extendió hasta un nuevo final de infarto.

Fue en Miranda de Ebro. Fue en Anduva. Fue el 4 de junio. El escenario y la fecha, en la cabeza de muchos en los días previos al cuadragésimo segundo duelo liguero. El protagonista, sorpresa. La tensión podía cortarse en el ambiente, tres puntos más y el CD Leganés estaría codeándose entre los 20 mejores equipos de España.

Foto vía area18deportes.com

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Quien no faltó a la cita con el gol esa tarde de sábado fue Pablo Insua. El zaguero, que hasta ese día no había estrenado su casillero anotador con la elástica pepinera a pesar de ser un fijo en el ‘once’, se alzó más que nadie a la salida de un córner para establecer el que fue el definitivo 0-1 con un testarazo inapelable. Sí, el Lega era de Primera gracias a un chaval de Arzúa que pese a haberse proclamado anteriormente campeón de Europa sub-19 con España y de Segunda División con el Deportivo de La Coruña (siendo nombrado mejor defensor de dicho curso) vivió su gran día partiendo como héroe inesperado.

No por su belleza, sino por su significado, estamos hablando del tanto más importante en la historia del club hasta la fecha. El que puso aprueba los medidores de decibelios en la periferia de Madrid, el que hizo estallar de júbilo la Playa Mayor de Leganés, el que unió a niños y mayores frotándose los ojos gracias a ‘su’ Lega, el que permitió que miles de aficionados sigan inmersos en un profundo sueño del que no quieren despertar. Porque Leganés mantiene viva la esperanza de que los sueños se cumplen.

Dani Plaza

Como fui incapaz de dominar la pelota, me puse a escribir sobre ella. Intento de periodista, canterano de la URJC.

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